Ariadna Gil, una mente soñadora

Artículo publicado el 3 de Noviembre de 2006
Artículo publicado el 3 de Noviembre de 2006

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La actriz barcelonesa Ariadna Gil ha encadenado diversos papeles de peso en tres de las producciones españolas más grandes de los últimos tiempos. Discreta pero decidida, esta catalana de 37 años tiene preferencia por las películas comprometidas.

El movimiento por aquí es incesante. Cámaras, jefes de prensa hablando por el móvil, periodistas desorientados. Acaba de empezar el Festival de Cine de Sitges y, pasadas las once de la mañana, el brunch aún no está confirmado. Nada parece en su sitio, pero todo se detiene cuando Ariadna Gil aparece por la puerta de una habitación. Su visión nos tranquiliza a todos. Enseguida me la presentan y ambos podemos huir de ese barullo. Bajamos en el ascensor del hotel y, en un santiamén, nos encontramos en la terraza del bar. De lejos, aún podemos oír las olas del mar de Sitges, una localidad a 35 km de Barcelona, normalmente conocida por el turismo gay, pero que cada otoño acoge el mejor cine fantástico de la temporada.

Me imagino que Ariadna lleva casi una hora hablando con periodistas, pero me mira con una sonrisa tan acaparadora que me intimida un poco. Estoy delante de una actriz que ha encadenado diversos papeles de peso en tres de las producciones españolas más grandes de los últimos tiempos como Soldados de Salamina (David Trueba, 2003) o Alatriste (Agustín Díaz Yanes, 2006). Pero primero charlamos de El laberinto del fauno, la última película de la actriz, dirigida por Guillermo del Toro, que ha venido a presentar a Sitges. En esta obra, protagonizada por una niña que intenta huir del terror de la Guerra Civil española a través de su imaginación, a Ariadna Gil le toca un papel difícil. “Hago el papel de una madre derrotada, una mujer que pretende que su hija pierda la inocencia, que se de cuenta de que la vida es algo mucho más complicado”. A ella, como madre de una niña pequeña, este tema le toca de cerca. “Me cuesta mucho entender a mi personaje. El hecho de tener hijos me hace ser más consciente. Decirle a un niño que deje de soñar debe de ser una de las cosas más dolorosas que puedes llegar a hacer”.

El poder de la mente

Por fortuna, a Ariadna nadie le ha quitado la imaginación de la cabeza. Tiene 37 años, y desde los 16 forma parte del mundo del cine. Y éste, por mucho que digan, sigue siendo un lugar de sueños para los que consiguen seguir adelante. Gil, que debutó con el gran buscador de talentos Bigas Luna (descubridor también de Penélope Cruz), ha tenido una carrera fructífera, pero no ha dejado de ser nunca la joven encantadora de hace un par de décadas. “Me he pasado la vida soñando. Ahora estoy aquí contigo, pero podría desconectar y pensar en otras cosas. No creo que la imaginación sea negativa. Todos tenemos una mente que nos ayuda a tapar los problemas. De hecho, estoy segura de que muchas vidas resultarían insoportables sin la capacidad de soñar”. Su mirada se pierde por un instante cuando termina de decir esta frase y la actriz aprovecha para beber un trago del té que nos acaban de servir. ¿En qué estará pensando Ariadna? ¿Se dará cuenta de que aún sigo aquí?

Dejemos los sueños y pasemos a las pesadillas. La conversación gira alrededor de un tema delicado que no invita a la fantasía: la guerra. Cualquier cinéfilo que revise la filmografía de Ariadna se percatará de que está llena de obras con un trasfondo bélico. Recordamos películas como Libertarias (1995), donde interpretaba a una anarquista que lucha en la Guerra Civil; Soldados de Salamina (2003), en la que era una escritora desorientada que investiga un episodio de ese mismo conflicto; y en Hormigas en la boca (2005) hacía el papel de una idealista que participa en la revolución cubana. Todos son roles de mujeres fuertes que requieren de cierto compromiso personal. Aunque la actriz catalana no quiera admitirlo. “No me implico más que otros actores de mi misma generación. Simplemente, escojo las películas que me interesan a partir de las ofertas que recibo. Además, la Guerra Civil es un tema recurrente en el cine español y es normal que la revisemos ya que es un acontecimiento terrible que forma parte de nuestra Historia reciente”. De acuerdo Ariadna, supongo que tienes razón.

El dinero no es el enemigo

Pronto será la hora de acabar. La rueda de prensa empezará en cinco minutos y aún no hemos hablado del cine europeo. Saco el tema y parece interesada. Abre sus oscuros ojos y empieza a charlar: “Aquí no es como en Estados Unidos. Ellos tienen el mercado hegemónico y gracias a sus películas lo sabemos prácticamente todo sobre ellos. En cambio, no sabemos casi nada de la filmografía de nuestros vecinos”. Mucho me temo que no se equivoca. ¿Cuántas películas holandesas se estrenan en España? ¿Y húngaras? ¿Y alemanas? Pocas, muy pocas. Y en el resto de Europa la situación no es muy diferente. “Es difícil que haya un intercambio de ideas entre los países de la UE. Apenas nos conocemos y nos cuesta asumir riesgos. La situación nos hace perder fuerza”.

¿El eterno problema tiene alguna solución? Ariadna propone un material: el dinero. “Ya sé que queda mal decirlo, pero disponer de un gran presupuesto te ayuda a hacer las cosas bien hechas y a poder exportar mejor las películas a otros…”. Antes de que pueda acabar la frase aparece su manager y me dice con gestos que el tiempo se ha acabado. Ariadna, muy profesional, acaba su respuesta recordando el caso exitoso de una gran producción como Alatriste y se despide. Me quedo sentado, mirándola. Viste de forma inmaculada: pantalones negros de hilo, tacones a juego y camisa blanca. Antes de que pueda calcular su altura, cruza la puerta del bar y la pierdo de vista.

Unas horas más tarde, me la vuelvo a cruzar. Se ha cambiado de ropa de arriba a abajo y habla con el actor Sergi López y el cineasta Guillermo del Toro. Parece mucho más informal, pero mantiene la compostura. Dicen que posee una belleza fría y distante, pero yo la encuentro una mujer sencilla y elegante. Una actriz tímida y atractiva que aún tiene mucho que decir.