Arte gitano y Charlie Chaplin en Venecia

Artículo publicado el 18 de Junio de 2007
Artículo publicado el 18 de Junio de 2007
El pasado 7 de junio la Bienal de arte contemporáneo de Venecia, inauguró el “Paraíso perdido”, su primer pabellón gitano.

Timea Junghaus, comisaria de la exposición, sopla y resopla mientras se sienta afuera de un café veneciano (con más de una hora de retraso) para una entrevista. “¡¡Artistas!!”, ofrece como excusa. Se ha quedado despierta la mayor parte de la noche ayudando a uno de ellos a sobrellevar un colapso nervioso. Ahora bien, los artistas no eran su única preocupación mientras estaba organizando el primer Pabellón Gitano. “Al principio, la organización de la Bienal dudaba en hacer una exhibición separada, especial, para los artistas gitanos. Por lo general, los pabellones se basan en la nacionalidad, como los pabellones francés e italiano. Ellos se pensaban que yo era sólo una de esas mujeres furiosas de la minoría feminista”, pero con un poco de ayuda de amigos como la Ministra italiana para Europa, Emma Bonino, y el presidente de la Unión Europea, José Manuel Durão Barroso, Junghaus consiguió la aprobación de la Bienal.

Los gitanos existen

Ubicado en el Palazzo Pisani (siglo XVI), el Pabellón Gitano reúne 16 artistas de 8 países europeos, la mayoría de ellos ni siquiera comparte el mismo dialecto del idioma romaní, ni qué hablar de la misma educación artística. “Tenemos el primer pabellón verdaderamente europeo”, dice con orgullo Junghaus.

Dentro del pabellón se encuentran pinturas, vídeos e instalaciones, como una falda gitana negra, clavada en la pared por medio de cuchillos, que semeja una mariposa sujeta con alfileres. “A pesar de la diversidad, no tengo que esforzarme para encontrar similitudes en el trabajo de los artistas”, dice Junghaus. “Todos ellos sufrieron serios traumas por su condición de minoría étnica. Lo que sus trabajos tienen en común es, o una forma de terapia o de venganza”.

Se nota. Al entrar al pabellón, la primera cosa que los ojos ven es una pantalla de video en la que aparece una joven húngara a quien se le pregunta si tiene algún problema con los gitanos. “Sólo uno”, dice, “que existen.”

Un gitano diferente

Algo más adentro, un artista gitano está bailando al son de las palmas de sus colegas. Su nombre es Gabi Jiménez, o Francois Lopez, según dónde y cómo su madre formalizara la partida de nacimiento. En cuanto a de dónde viene, él describe sus andanzas pasadas como “donde el viento me llevó, o los policías y los procesos penales me pusieron”.

Su arte no deja lugar a dudas. “Definitivamente no soy un artista gitano típico”, dice Jiménez. Señala con un gesto sus pinturas de colores brillantes que cubren las paredes y que muestran, habitáculos gitanos típicos -como carromatos- y gente que toca la guitarra. “No”, dice con vehemencia, “ustedes ven carromatos. Yo veo imágenes simples y reconocibles que muestran los aspectos positivos de la vida gitana. Muestro felicidad donde otros ven sólo el lado malo, los estereotipos. Digamos que aprendí a golpes que el arte es una buena forma de dar pelea”, agrega con una sonrisa, refiriéndose a su pasado difícil.

Una cultura superior

“Personalmente, considero el Pabellón Gitano como una declaración política sobre el racismo”, admite la Comisaria Junghaus. “Pero no todos los artistas desean participar en esta declaración. Ello podría costarles la pérdida de trabajo en sus países de origen. El propósito de la exposición es, en primer lugar, darles a los artistas gitanos la oportunidad de mostrar a su propia comunidad y al resto del mundo que la cultura gitana es algo más que música. Estamos censando una cultura gitana de gran calidad”.

¿La comunidad gitana espera realmente esta cultura superior? En uno de los salones del palazzo, los visitantes se ven rodeados de pronto por caballos salvajes al ataque, exóticas princesas gitanas y, lo que es más sorprendente, la estrella gitana Charlie Chaplin. Se trata de las pinturas de Itsván Szentandrassy, un gitano húngaro, que Junghaus incluyó a pesar de las protestas virulentas por parte de los defensores de la “cultura gitana de calidad”. “Esto es lo que agrada a la comunidad”, explica. “Esto es lo que los gitanos con poder adquisitivo han colgado en sus paredes. Se podría llamar 'orgullo gitano'. Muchos críticos de arte”, admite, “lo llamarían más bien 'kitsch gitano'”. En todo caso, cualquiera que sea el nombre, es la única sala en el pabellón donde el visitante se sentirá transportado a un mundo diferente.

Pancartas sisadas

Así, el Pabellón Gitano trata de satisfacer a los que desean presenciar “una Cultura” con mayúscula y a aquéllos que aman el arte gitano, precisamente a causa de sus elementos estereotípicos románticos y exóticos.

¿Logrará satisfacer a ambos grupos o los defraudará? Los artistas mismos no parecen preocuparse demasiado mientras beben y bailan –uno de ellos hace saltar con fuerza hacia fuera y luego adentro su ojo de vidrio- hasta bien entrada la noche. Incluso toman como una buena señal que algunas de las pancartas del pabellón cubiertas con diseños especiales de uno de los trabajos artísticos, y que estaban en el exterior del Palazzo Pisani, fueran robadas desde la noche de la apertura. ¡Al menos alguien disfrutará de su arte!

La mayoría de los visitantes dejarán la exposición, no con bienes robados, sino con más preguntas que respuestas: qué es el arte gitano, quién lo representa mejor, y si debería llevar un mensaje político. Son preguntas que no han sido formuladas antes por el público en general. En ello puede residir el éxito del primer Pabellón Gitano. Se nota que los gitanos y el arte gitano existen.

El pabellón Gitano está ubicado en el Palazzo Pisan S. Marina (piano nobile), Venecia, Cannaregio 6103, Calle delle Erbe. Está abierto al público desde el 10 de junio hasta el 21 de noviembre de 2007.