Arturo Ripstein, genio olvidado del cine mexicano

Artículo publicado el 23 de Diciembre de 2011
Artículo publicado el 23 de Diciembre de 2011
El director de cine mexicano Arturo Ripstein ha sido el invitado de honor en la 34ª edición de los Encuentros Internacionales Henri Langlois - Festival internacional de escuelas de cine-, celebrada en Poitiers (Francia) del 2 al 11 de diciembre de 2011.
A pesar de tener una trayectoria profesional de cuarenta años y una veintena de películas, muchas de ellas presentadas en Cannes, es un cineasta prácticamente desconocido por el público francés.

“No acepto que me etiqueten como el maestro del cine mexicano” , suelta de primeras este director de cine; “lo hacen porque ya tengo 68 años” . Durante el festival, el revuelo podría irritar a cualquier ego desmesurado. Pero nada afecta a alguien que se presenta, de manera modesta, como un “obrero del cine”. Lleva unas gafas con cristales redondos y una sencilla parka que le dan un aire interesante. “Después de los americanos, estamos todos los demás, yo, incluido”, señala, retomando la palabra. Siendo realista, admite que ha perdido notoriedad en comparación con la que tuvo durante los años 90. En esa época, Francia le descubrió y se le veneraba. Se publicaron múltiples artículos elogiosos sobre él, en los que se le consideraba el heredero de Luis Buñuel. También fue nominado en varias ocasiones en Cannes. Después vino el silencio. “¿Ha sido culpa mía?” , se pregunta, “a pesar de esto, he continuado haciendo mi trabajo”.

Hijo de productor, Ripstein, antes de dedicarse al cine de autor, hizo varias incursiones más comerciales. Desde entonces, sus historias no van dirigidas a entretener a un público familiar. Las razones del corazón (2011), su última película, se presentó como preestreno en el, recientemente celebrado, 34 festival internacional de escuelas de cine. El tráiler podría describirse así: Emilia (Arcelia Ramírez), ama de casa con tendencia a la depresión, prefiere rondar a su amante antes que ocuparse de su familia. El día en el que él la abandona, descubre que ese amante ha dilapidado todo su dinero y que le van a embargar sus bienes. Desesperada, deambula errática en su piso mugriento. El suicidio se convierte en la única escapatoria posible.

“El enemigo es el público”

Un ambiente opresivo en blanco y negro. El espectador es libre para apreciar la obra. Libre…si llega a verla. Ninguna distribuidora de cine francesa se ha animado todavía. La crisis afecta a todo el mundo. “Pecan de avariciosos los que aportan dinero para las películas”, critica este director de cine. “El éxito depende sobre todo del público”, interrumpe Paz Alicia Garciadelo, su mujer y co-guionista, “ese es el enemigo a vencer. La entrada del cine les da derecho a votar y deben ser inteligentes”.

“No hace falta estar enfermo para hablar de enfermedad”

Paz es exigente, como el cine que hace su marido. Soledad, encierro y amor pasional son tres conceptos analizados al detalle en cada una de sus obras. “No hace falta estar enfermo para hablar de enfermedad” advierte Arturo, como para recordar que él está cuerdo. En concreto, está cuerdo porque rueda películas: “Siento un cierto rencor hacia la realidad; una realidad que me da miedo y que afecta a mis sueños. ¿Cómo despertar cada día después de soñar cosas tan enloquecedoras? Hacer películas es como despertar de una pesadilla”.

Ripstein confiesa que, efectivamente, fantasea con amantes mortíferos, prostitutas celosas y fanáticos religiosos. Sus personajes son miserables. “Examinar la locura en un laboratorio es algo formidable”, comenta.  “Tomemos, por ejemplo, el amour fou (amor loco). Es breve e intenso. Solo se puede domesticar con el matrimonio, sino, se muere”, continúa. Para explicar cuales son las barreras con las que se topan sus angustiosas inquietudes utiliza un formato que dura unas dos horas.

 “Cuando uno hace películas, no enseña su pasaporte”

No cuenta mucho sobre su país de origen,  “México es un país de supervivientes”, así que sobre sus opiniones políticas no se sabe nada más que aquello de que son “fluctuantes y privadas”. “Cuando uno hace películas, no enseña su pasaporte. Yo no puedo evitar ser mexicano, pero sí evito la política, la sociología o la antropología”, resume. Su mujer le interrumpe. Discuten entre ellos como chiquillos y ella, inmediatamente, dice: “Todo acto humano es político. En cambio, reducir lo que grabamos a ese ámbito sería empobrecer nuestro lenguaje. Nosotros utilizamos un lenguaje universal”.

La felicidad, la imposibilidad de alcanzarla, la consiguiente frustración… Sumergirse en el universo ripsteiniano es algo doloroso - uno no entra en él de improviso-, pero fascinante, como una válvula de escape. Un único problema: solo hay una película de Ripstein disponible en las estanterías de las tiendas francesas. Se trata de Profundo Carmesí, sin duda, una de sus obras maestras, pero el deseo de ver más películas suyas no debería verse limitado por esto. “Busca copias pirata”, apunta Ripstein.

Fotos (cc) : portada y texto, cortesía de Poitiers Film Festival/flickr sakvo Ripstein y Laurène Daycard; Vídeos : Las razones del corazón (cc)YoSiVeo1/youtube ;  Profundo carmesí (cc) renzojuarez/youtube