Asa: África tiene todo lo que le falta a los países ricos

Artículo publicado el 2 de Noviembre de 2007
Artículo publicado el 2 de Noviembre de 2007

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Asa, cantante nigeriana de 25 años que vive a caballo entre París y Lagos, digna heredera de la música afro-folk, se ha convertido en la favorita de la MTV.

Quedé con Asa (Asha, sería la pronunciación correcta) en el edificio del sello discográfico Naïve, en el corazón del bullicioso barrio parisino de Pigalle. Última y saturada jornada de promoción de la nueva revelación soul que acaba de lanzar su álbum epónimo. Llego después de una sesión en directo. Mientras mete su guitarra en una funda que parece más grande que su propietaria me percato de que no tiene nada de frágil: gafas cuadradas, rastas en el cabello y una sonrisa que le come la cara.

Asa nació en 1982 en París, donde pasó sus dos primeros años de vida antes de que sus padres decidieran volver a África, rumbo a Nigeria. Le hubiera gustado que no se hubiesen ido tan pronto para haber tenido tiempo de crecer en París, aunque en seguida dejara de ver esta partida como una maldición. En seguida aprendió a amar África y ya no quiso dejar su Nigeria natal.

Desde entonces, cree que es su deber trasmitir este sentimiento a los jóvenes africanos. “¿Por qué ir a un país en el que se nos desprecia?”, inquiere. Cuando le pregunto qué le diría a esa juventud que sueña con irse a Occidente, ella responde que los entiende. “Cuando se es joven, es normal querer ver otras cosas.”

Fuera de casa

De hecho, Asa comenzó muy pronto a descubrir esta alteridad. Después, con sólo veinte años, participó en un programa del Ministerio de Asuntos Exteriores pensado para animar a los artistas jóvenes y consiguió una beca para pasar tres meses en Francia. Entonces fue cuando descubrió Francia y Europa: sinónimo de apertura. Asa conserva de esta experiencia “una imagen de apertura y oportunidades en la que la cultura es más accesible”. Se siente sobre todo “agradecida” a las personas que han sabido mostrarse con ella “hospitalarios y alentadores”.

Sin embargo, es en Lagos donde sitúa su hogar. A menudo, comparada con Nueva York, esta cuidad encarna un continuo mestizaje, un lugar en el que conviven numerosas religiones, en el que las culturas se mezclan y se entrechocan.

No tiene reparos en hablar de su infancia en Festac Town, un barrio que podría calificarse sin problemas como de gueto. “Prefiero hablar de proyecto, porque eso era. Era un bonito proyecto que no consiguió llevarse a cabo. Es verdad que era un barrio muy popular e incluso pobre, pero allí vivían también muchos artistas. Había mucha amistad y nos reíamos mucho.” Asa a veces se pregunta si tuvo “una infancia totalmente feliz”. En Francia, a dónde vuelve a menudo, siente que “está de visita”.

Exploradora musical

Asidua exploradora que no olvida sus raíces, aporta una visión crítica de nuestra sociedad. En Francia dice prestarse al juego de la crítica. Pasa de la improvisación, su forma de expresión fetiche, a la escritura. Lejos queda la época de los concursos radiofónicos. Guarda un buen recuerdo de aquellos en los que participó y la satisfacción de “no haber ganado” ninguno. “Cuando vuelvo a escuchar la primera canción que grabé, me doy cuenta de que en aquel momento todavía me quedaba mucho camino por andar.”

Asa, el lado opuesto de los valores clásicos. Asa, a la que las corales rechazaban por tener una voz demasiado grave. Criada por un padre aficionado a la música negra americana, con tendencia soul-reggae, fascinada por Nina Simone, Marvin Gaye, Aretha Franklin, el afro-folk, tras la huella de Tracey Chapman, Erica Baduh e incluso Ayo. Recuerda haber tenido como público durante mucho tiempo a “una multitud imaginaria que venía a escucharme tocar con el pedazo de madera que utilizaba como guitarra”.

Hechicera

Sabe desde pequeña que “tiene algo que decir”, un mensaje que no modifican sus rítmicas melodías. Asa habla y sonríe, resignada a lo que ella denomina como un “deber”, inmersa en la transmisión de lo que le pasa por dentro. Cuando la responsable de relaciones públicas viene a decirle que debe asistir a una cena, le pide unos minutos más. Para poder explicármelo todo mejor. Para poder contarme que suele viajar y que le gustan las novedades. Que tiene un “vínculo especial con Francia”. En este país no se siente como en casa y viene, sobre todo a buscar “ideas, talentos” que utilizará en el momento adecuado cuando regrese a casa. ¿Cree que Europa no tiene respeto con los inmigrantes de origen africano? Como respuesta menciona con disgusto el proyecto de Sarkozy de imponer tests de ADN a los inmigrantes.

“Es necesario que todos los inmigrantes vuelvan, repletos de nueva sabiduría”, afirma. “Hace falta que vuelvan a su hogar, el único lugar en donde pueden ser ellos mismos. ¿Por qué aceptar la opresión si nuestra tierra natal nos necesita?”. Se encoje de hombros. “Se dice que África es un territorio subdesarrollado, pero tenemos todo lo que le falta a los países ricos: la amistad, la solidaridad y la sonrisa.