¿Asistimos al deshielo trasatlántico?

Artículo publicado el 19 de Febrero de 2005
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Artículo publicado el 19 de Febrero de 2005

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La visita de Bush a Bruselas el martes que viene es un primer paso hacia la distensión entre los Estados Unidos y Europa. Será mejor que los europeos adopten una actitud de cautela.

Esto parece un acercamiento, pero quizás se salde con un rechazo. Cuando G.W. Bush –fresca aún su reelección-, se encuentre con los 25 jefes de Estado y de Gobierno y con los comisarios europeos el próximo 22 de febrero, también será recibido por numerosos manifestantes opuestos a su visita. En efecto, cerca de cincuenta organizaciones no gubernamentales han instado a manifestarse contra el hombre más poderoso del mundo. La crítica es mordaz y concisa: “los Estados Unidos son el mayor obstáculo para la configuración de un orden mundial fundado sobre el derecho internacional”; tal que así reza el manifiesto común.

La primera visita: a Europa

Aunque parezca sorprendente tras la gran controversia euro-americana acerca de la guerra en Irak, la primera visita del nuevo mandato de G.W. Bush será a Bruselas, al corazón de esa vieja Europa que el presidente norteamericano ya no considera tan insignificante. Suele considerarse la primera visita oficial de un presidente norteamericano recién elegido como indicador de la política exterior que pretende llevar a cabo. Además, se trata de la primera vez que un jefe de Estado norteamericano visita las instituciones europeas. El viejo precepto “divide y vencerás” quizás haya dado paso ahora a una colaboración reforzada. En conjunto, la crisis de Irak le ha revelado a Europa y a los Estados Unidos los límites de su poder respectivo. Europa no puede detener a los Estados Unidos y Bush sabe ahora que los EE UU, por si solos, no pueden ganar la guerra, sino acaso la paz. La secretaria estadounidense de Estado Condoleezza Rice prometió en su comparecencia ante el senado de su país instituir un “diálogo con el resto del mundo, y no un monólogo”. Las relaciones trasatlánticas, congeladas por la guerra de Irak, se reanudan poco a poco en un clima de cautela.

Viejos problemas, nuevas soluciones

Además de esta visita de Bush a Bruselas, los cordiales gestos intercambiados durante la conferencia en Munich sobre la seguridad y durante la visita de Condoleezza Rice a inicios de febrero hacían presagiar esta evolución. En todo esto hay mucho más que un simple despliegue de encantos. Ambos cuarteles generales han tomado conciencia de la necesidad que tienen el uno del otro. Los desafíos a los que se enfrentan europeos y estadounidenses son impresionantes. Una media docena de conflictos asolan el mundo y nos conciernen de forma directa: Irán ha vuelto a la tarea de construir su propia bomba atómica, en Oriente Próximo las nuevas esperanzas siguen siendo frágiles, China está llamada a ser una potencia mundial, Afganistán aún está lejos de la pacificación completa y el desafío en Irak permanece intacto. La lucha mundial contra la pobreza y la degradación del medioambiente debe continuar. No habrá solución para todos estos problemas sin el entendimiento mutuo entre los EE UU y la UE. Que Bush dé el primer paso debe bastar a los europeos para que den el suyo y reanimen las relaciones euro-atlánticas. Para ello sería bueno cultivar ciertas virtudes diplomáticas como un tono mesurado, búsqueda de empatía con la postura ajena y voluntad de compromiso. El acercamiento simbólico de Europa y Estados Unidos debe ir unido a la voluntad de mantener estas virtudes y si el deseo de los manifestantes es reclamar un mundo fundado en derecho, poco importa cuándo se haga realidad.