Ataques en Colonia: ¿Estamos abordando el verdadero problema?

Artículo publicado el 1 de Febrero de 2016
Artículo publicado el 1 de Febrero de 2016

Tras los ataques en Colonia durante la noche de Fin de Año, los medios de comunicación han centrado la noticia en el "origen árabe y norteafricano" de los atacantes, lo que ha provocado indignación en Alemania y apunta hacia la política de puertas abiertas a los refugiados de Merkel. Pero ¿está la sociedad abordando el verdadero problema al centrarse en la nacionalidad de los atacantes?

Varias semanas después de los ataques en Colonia se ha producido el primer arresto, el de un joven argelino solicitante de asilo de 26 años, y se han empezado a tomar medidas severas para encontrar a los responsables. No obstante, el origen de los supuestos criminales sigue siendo lo que domina la mayor parte del debate público sobre los ataques.

"Sirios contra el sexismo"

En Colonia, esta situación ha provocado que los refugiados sirios organicen un evento en la ciudad en el que usaron como lema “Syrer gegen sexismus” ("Sirios contra el sexismo"). Con esta declaración pretenden transmitir que lo sucedido en Nochevieja no representa ni su mentalidad ni su cultura, y aprovechan para aclarar también que no están en Alemaniapara cometer crímenes.

Durante la congregación, Oula Suliman, de 21 años declaró a la revista Deutsche Welle: "En Siria esto nunca me había ocurrido”. Comentó que si hubiera sido atacada por un hombre en Damasco, otro hombre la habría protegido. Caitlin Duncan, una estudiante americana que quedó atrapada por la multitud en Nochevieja, está de acuerdo con esta declaración. Caitlin perdió a su pareja entre la gente cuando éste llevaba su bolso con el móvil dentro. Un grupo de refugiados, al verla llorar, se acercó a ayudarla, formaron un círculo a su alrededor y la escoltaron entre la multitud hasta que encontró a su pareja.

¿Fracaso de las fuerzas del orden?

El problema que debería rondarnos la cabeza es la dimensión de los ataques. Más de mil hombres fueron reportados por acosar a mujeres frente a la estación central y cientos de mujeres presentaron denuncias durante los días siguientes al suceso. En un lugar tan concurrido y con las fuerzas policiales presentes debido a las celebraciones de Fin de Año, ¿cómo pudo llegar a producirse un ataque planeado por tantos hombres?

Katja L, presente esa noche, declaró al Kölner Express: “Caminamos entre un grupo de hombres, había un pasillo y lo atravesamos. Me agarraron por todas partes. Aunque les gritábamos y les pegábamos, los hombres no paraban. Estaba horrorizada, creo que me tocaron al menos 100 veces en esos 200 metros”.

No cabe duda de que estos hechos habrían llamado la atención y, sin embargo, parece que no hubo intervención policial para parar los asaltos. En el futuro, y con el fin de garantizar la seguridad pública, tal vez debería cobra una mayor importancia el hecho de entender cómo estos ataques pudieron llevarse a cabo en lugar de centrar todas las miradas en la procedencia de los atacantes.

Problema mundial

Violaciones, acoso sexual y verbal y vejación no son problemas que puedan achacarse únicamente a una cultura o nacionalidad. Sin embargo, LeVif.be publicó un artículo en el que se explicaba que los ataques fueron resultado de una “frustración sexual”, pues los hombres de países de Oriente Medio tienen un acceso limitado a las mujeres. La autora establecía una comparación con lo ocurrido en Egipto, donde unas periodistas fueron rodeadas y acosadas sexualmente por una multitud de hombres en la plaza de Tahrir.

Si la dimensión de los eventos en Colonia son comprables a los sucedidos en un país del mundo árabe, basarnos exclusivamente en este ejemplo sería probablemente un sinsentido. Occidente tiende a olvidar las importantes diferencias culturales y geográficas que existen con Oriente. Por supuesto que existen diferencias culturales, pero argumentar que el acoso es un problema que sólo ocurre "allí" y que la sociedad Occidental, por otro lado, ya ha logrado “liberar” a la mujer de esta situación, es bastante idealista.

En 2014, la FRA (Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea) publicó un documento titulado “Violencia contra las mujeres: Estudio en la UE”. Las estadísticas destapan que una de cada tres mujeres (33%) había sido víctima de algún tipo de violencia física o sexual a partir de los 15 años y que una de cada 20 mujeres (5%) había sido violada a partir de esa misma edad. Entre aquellas que habían denunciado haber sufrido abusos por parte de alguien que no era su pareja, una de cada 10 mujeres (10%) señalaron que hubo más de un agresor. Hay que considerar la importancia de los datos obtenidos teniendo en cuenta que, debido a la sensibilidad del tema, los resultados en las encuestas sobre abuso tienden a ser más bajos que la realidad.  

Al no lograr abordar el verdadero problema, no estamos ofreciendo justicia a las mujeres valientes que se presentaron para denunciar el abuso que se produjo en la víspera de Año Nuevo. Encontrar a los responsables es esencial; descubrir cómo se pudieron realizar tal número de ataques en un espacio público, también lo es.

Pero enviar a todos los inmigrantes de vuelta a sus países o concentrarse en “educar” a los refugiados que llegan no es la solución. El acoso ha existido y se ha sufrido desde mucho antes de la crisis de refugiados y es probable que, aún cerrando nuestras puertas, siga siendo uno de los mayores retos de nuestra sociedad.