Ataques en París: La noche más larga

Artículo publicado el 15 de Noviembre de 2015
Artículo publicado el 15 de Noviembre de 2015

Era un viernes como los demás en el distrito 10 de París, pero acabó convirtiéndse en la peor resaca de mi vida. Una noche que nos llevó al borde del infierno.

Era un viernes como cualquier otro en el distrito 10 de París. En la calle del Faubourg Saint-Denis, los bares están a rebosar de gente que ha decidido reunirse frente a un vaso de alcohol. Los viernes por la noche, la cerveza sabe mejor. Y en general, nos la merecemos. "Semana dura", "días tensos", "estoy hecho polvo"... Los parisinos dejan más vasos vacíos que de constumbre, para lidiar con las presiones de la semana de trabajo.

Hay que cruzar un arco para entrar en la cour des Petites Écuries. A un lado y a otro de la calzada, los juerguistas comparten su recién estrenada libertad a las puertas de Tribal, Ô P'tit Paris, Bleu Cerise o Gros. Reímos ante la perspectiva de ir a Gros y continuamos hasta Tribal. 

Las 21.05h. La happy hour ha terminado hace cinco minutos. Lástima, aunque el gin-tonic sigue costando sólo 4 euros. Nos metemos un momento en el partido. Francia-Alemania. Gran prueba de cara a la Eurocopa 2016. No lo estamos haciendo mal. La ginebra araña en la garganta. Nos hacemos un selfie con el limón en la boca. En el descanso, salimos y encendemos un cigarro. Hablamos sobre la semana. "¿Tienes mucho entre manos en el trabajo últimamente?".

Llega Oscar, con una mano en el bolsillo y el teléfono en la oreja. Me toca en el hombro. Está excitado, habla rápido. "Era mi hermano que trabaja para Vice. Ha habido un tiroteo en el Canal Saint-Martin. Hay muchos muertos". Oscar tiene tendencia a confundirse. Mucho. Le sonreímos y respondemos "Claro, ¡no son muy de fiar por ahí!". Pero Oscar insiste "¡Ya basta!". Volvemos dentro del bar. Todo el mundo está pegado a sus teléfonos. 

Salta una alerta en la aplicación de la BFM: "Disparos en el distrito 10". Empieza a llegar más información. Es la calle Bichat, una calle pequeña y tranquila a unos 2km de aquí. Otra notificación: "Explosiones cerca del Stade du France". No lo entiendo. Estamos viendo el partido. Siguen jugando. El sonido está apagado. Sacan de allí al Presidente de la República. El dueño del bar sonríe ante la imagen de la gente pegada a sus pantallas. Alguien comenta algo sobre la alerta de bomba en la Gare de Lyon esa misma tarde. Que no cunda el pánico. Una tercera tanda de noticias: Están en el Bataclan, en el 11. Aún no sabemos si son las mismas personas, pero para llegar desde la calle Bichat hasta la sala de conciertos, han tenido que pasar muy cerca de aquí. Miramos fuera. Están recogiendo la terraza. Empezamos a alucinar, Laura un poco más que los demás. Salimos de allí.

En el piso somos una docena. Hemos perdido a gente durante el momento de pánico. Volvemos a conectarnos a los canales de noticias para tener más información. Este año parece que no ofrecen nada más allá del horror. Romain nos sirve unos chupitos. Dobles. Queman mientras bajan por la garganta. Así está mejor. Decimos cosas como "No van a jodernos la noche, vamos a hacer que esta sea la fiesta del siglo". Mis amigos han venido desde Toulouse para pasar el fin de semana. Choques de manos. Volvemos a la carga. Más bromas sobre Oscar. Hablamos de otra cosa: "¿No le hemos dado una paliza a Alemania?". Nos reímos de Olivier Giroud. Comentamos sobre Karim Benzema. "En Europa, aún decimos que la culpa es del motor franco-aleman". Lol.

Las 23.30h. Cambian los títulos en el canal de noticias. Han tomado rehenes en Bataclan. Erwan ha llegado por fin, está preocupado. Toma los mandos de la música, tiene amigos en ese concierto de Eagles Of Death Metal. Intentamos decirle que todo saldrá bien. Igual que pasó en el supermercado kosher el pasado enero, la Policía los pondrá a salvo. Hay gente en mi portal. Voy abajo. Compramos más bebida, bebemos whisky de la botella. Llamamos a nuestros amigos y familia. Muchas llamadas, mensajes y clics en el Safety Check de Facebook.

En el piso somos ahora cerca de treinta personas. No conozco a la mitad. Ya es más de medianoche. Asalto policial en Bataclan. "Cuatro terroristas neutralizados". La gente pregunta por la contraseña del Wifi, pegamos un post-it sobre el bar. Fiona, una periodista americana, habla con su redacción en San Francisco. Nos enteramos de que la etiqueta #portesouvertes ha salvado vidas. No muchas. En Facebook, descubrimos que ha habido casi 100 muertos en Bataclan. Hemos visto el mensaje de ese chico llamado Benjamin demasiado tarde: "Estoy aún en Bataclan. Primer piso. Herido grave. El ataque fue muy rápido. Hay supervivientes dentro. Están abatiendo a todo el mundo. Uno a uno". Una masacre. Un amigo de Erwan también está herido. Sophie y yo le abrazamos. [Cafébabel lamenta comunicar que este amigo falleció en la noche del domingo. Se llamaba Thomas]. Estamos todos sentados en el suelo, frente a la tele, con las piernas cruzadas. Ojos llorosos. Los dedos se entrelazan con manos de desconocidos. Los cigarros se consumen solos. Nadie se ha quitado la chaqueta. Nadie habla.

Las 2 de la madrugada. La gente empieza a marcharse. Los taxis no funcionan, pero un Uber servirá. El piso se vacía poco a poco. Nos despedimos con tristeza. Quedan botellas vacías, cargadores de teléfono que cuelgan sin un terminar al final. Olor a tacabaco frío. Me sirvo una última copa frente a Las Tortugas Ninja, la película más estúpida que he conseguido encontrar. Mi cuerpo reacciona, noto cómo se va formando una bola en mi garganta. Me emociono. La sensación es mucho peor que la de hace diez meses. El Jack Daniels me sabe rancio y mi cigarro de repente me asquea. Me preparo para la que será la peor resaca de toda mi vida.