Ataques preventivos, regresión colectiva.

Artículo publicado el 12 de Noviembre de 2002
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Artículo publicado el 12 de Noviembre de 2002

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Sobre la imprudencia americana y sus consecuencias en la Comunidad Internacional.

Algunos quizás creyeron al comienzo que del horror del atentado en contra de las Torres Gemelas podía llegar a nacer una mejor política exterior estadounidense, más justa, más consciente de sus debilidades y excesos. Heridos en su propio corazón, los Estados Unidos iban quizás a entender que los días de la simple defensa de sus propios intereses estaban contados y que iban a tener que tomar en cuenta las aspiraciones de un mundo que contribuyeron a hacer mas estrechamente interdependiente. La guerra en Afganistán fue un primer desmentido mordaz, porque más allá de la legitimidad de un contraataque contestable, se sabía que esto no iba por el buen camino.

Después apareció el eje del mal Lejos de buscar una mejor comprensión del fenómeno Ben Laden y de la autocrítica de la política exterior estadounidense, el maniqueísmo triunfador de George W. Bush indicaba el próximo blanco. Sería Irak y su potencial de armas de destrucción masiva, que ignoraba las resoluciones de la ONU hacia ya demasiado tiempo. Todos conocemos este encadenamiento y la retórica estadounidense que lo acompaña, y todos lo apreciamos a su justa medida. Para los que creían que otra política exterior estadounidense era posible, que ésta hubiera podido nacer de una mirada critica de los Estados Unidos sobre ellos mismos y sobre los eventos del 11 de septiembre, hay que reconocer que la hora de la preocupación ha llegado. Porque los Estados Unidos están dispuestos a sembrar el caos en las relaciones internacionales.

Los terroristas están por todas partes

Caos en Palestina, primero, donde el desinterés manifiesto de la administración estadounidense respecto al conflicto, el apoyo casi incondicional al gobierno de Sharon, y la postura intransigente de ambas partes, la primera en la represión, la otra en la del martirio terrorista, lo que no arregla nada, han alejado de manera considerable la eventualidad de un arreglo pacifico.

Caos terrorista, segundo, porque desde que el señor Bush le ha declarado la guerra, el terrorismo está por todas partes, el terrorismo ha dado luz a más hijos.

El terrorismo esta en todas partes, culpables siempre. Sabemos, por las convenciones internacionales en contra del terrorismo, lo difícil que es darle una definición a este término. Entretanto, se convirtió en una palabra comodín que permite especialmente a las autoridades deslegitimar los movimientos de oposición, y, cuando es necesario, reprimirlos con mas facilidad. Con el transcurrir de los acontecimientos, aparecieron terroristas en el Xinjiang, en Georgia, en Costa de Marfil, en Filipinas, sin que esta apelación de origen pueda ser realmente controlada La lucha en contra del terrorismo se vuelve indigesta, justificando violaciones a los derechos humanos y a las libertades individuales más y más importantes, hasta en nuestras democracias. Esta confusión semántica, excusa para la creación de una coalición heteróclita, marca duramente el después del 11 de septiembre.

Ataque preventivo y nuevo desorden mundial.

Caos estratégico y jurídico por fin, con la doctrina de los ataques preventivos desarrollada por la administración estadounidense acerca de Irak. Esta vez, la realpolitik estadounidense llega demasiado lejos. Sobre el contenido y el continente. No solamente porque se le metió en la cabeza desalojar a Saddam Hussein bajo pretextos contestables, sino más bien porque la doctrina utilizada para justificar estos ataques es peligrosa. Es, por esencia, generadora de desorden.

Esta al alcance de un niño poder entender que atacar el primero para defenderse es seguramente muy eficaz, pero expone el problema de la reciprocidad. Siguiendo esta lógica, Saddam Hussein podría de forma legitima y preventiva atacar a los Estados Unidos, cuya máquina de guerra ya está en marcha. Pero los Estados Unidos representan el Bien e Irak el Mal, y los Estados Unidos son la única superpotencia, así que se sabe quién puede atacar a quién. Utilizada a escala planetaria; esta doctrina constituye una verdadera agresión, una vuelta hacia un estado de anarquía permanente en las relaciones internacionales.

Pero, para salir de este estado, la comunidad internacional ha creado mecanismos de seguridad colectiva como la ONU, y más particularmente el Consejo de Seguridad. Y el propio principio de la seguridad colectiva reside en la prohibición del empleo de la amenaza de la fuerza en las relaciones entre estados, menos en caso de legítima defensa, y las acciones coercitivas autorizadas por el Consejo de Seguridad según el capitulo VII de la Carta.

Muerte de la comunidad internacional

Lo que hay que decir, reafirmar, gritar con fuerza, es que lo que propone el señor Bush no es nada menos que una regresión, un gigantesco paso de más de un siglo atrás, una vuelta a los arcaísmos de las relaciones internacionales dominadas por las relaciones brutas de fuerza. Si los Estados Unidos deciden ignorar una resolución del Consejo de Seguridad para hacer la guerra a Irak, sería condenar esta institución e ir en contra de los mecanismos de seguridad colectiva cuya eficacia es seguramente imperfecta, pero que siguen siendo una herramienta de pacificación y regulación de las relaciones internacionales a través del derecho, que la Comunidad internacional no debería ignorar. Sería ir en contra de la propia noción de Comunidad Internacional. Si la legitimidad de las resoluciones ya es contestada por la estigmatización de la política del « dos pesos, dos medidas » en el Oriente Próximo, de los ataques preventivos, ilegales según el derecho internacional, y fuera del marco de las resoluciones del Consejo, sería el golpe de gracia del papel de la institución como garante de la seguridad colectiva. Haciendo explotar este marco, los Estados Unidos podrían desestabilizar más aún las relaciones internacionales que la hipotética amenaza que Saddam Hussein representa para el planeta. Frente a este riesgo mayor, Europa se revela incapaz de hablar de una sola voz, como muy a menudo en lo que se refiere a política exterior. Hija de la guerra, Europa debería conocer el costo del uso irracional de la fuerza, cuando esta solo sirve los intereses del que la emplea. Frente a la implacable lección de realpolitik, Europa debería ser capaz de oponerse, para proclamar su apego al derecho y a la paz, nociones que desde hace cincuenta años, ha sabido hacer progresar en su continente. Más que nunca, Europa tiene que dar la voz, para que los Estados Unidos no sean los únicos en hablar en voz alta, para que dejen de decir falsedades, para que entiendan que se equivocan de camino, y que sobre todo que se llevan aliados y enemigos con ellos.