Atatürk y los niños, 90 años juntos

Artículo publicado el 5 de Junio de 2011
Artículo publicado el 5 de Junio de 2011
Mientras cientos de estudiantes protestan por la censura en Internet, piden mayores recursos para la universidad pública y firman peticiones para libros de historia que cuenten la verdad sobre el Imperio Otomano, entra en escena como cada año en Turquía la Fiesta de los niños. La creó Atatürk en 1920, para celebrar la primera Asamblea Nacional de Ankara.
Un festival de juegos y bailes donde reina, imperiosa, la imagen del Padre de la Patria. El recuerdo y el relato de una niña albanesa ya convertida en adulta

Cuando pienso en Estambul viene a mi mente Mustafa Kemal Atatürk. Un perfil envuelto en música y colores, un recuerdo dulce de cuando, hace 14 años, participaba de niña en el “National Sovereignty and Children´s Day”. Grupos de danza folk iban desde Albania y los Balcanes para participar en un evento cada vez más internacional, reconocido ya también por Unicef, pero nacido como evento nacionalista para afirmar, como dijo Atatürk, que la soberanía pertenece a los niños.

Volviendo a Estambul ya como una observadora adulta aquella imagen está de nuevo por todos lados: en los escaparates de las tiendas, en los balcones de los edificios, de las oficinas e instituciones y, además, esa enorme foto que vigila en la Plaza Taksim. Como entonces, sigue todavía en los colegios, en el gran parque de atracciones de Tatilya, en la heladería que está junto a la Casa de la Cultura… El 23 de abril es el día de los niños pero también el aniversario de la primera Asamblea Nacional convocada en Ankara en 1920, el orgullo nacional desfila por las calles, mientras los niños bailan, pintan, cantan, y los maestros relatan la gesta de Atatürk.

Palabras de la maestra

“El futuro de la nueva nación son vuestros niños y vuestras son todas las rosas, las estrellas y las alegrías del futuro”, dice la maestra de baile durante los festejos en la escuela Cengiz Topal en el barrio de Eyup, en la periferia oeste. Beyza, de apenas siete años, ha preparado su baile durante todo un mes, antes de mostrarlo delante de 200 espectadores. Un padre se me acerca orgulloso para decirme que su hija es aquella con trenzas que está cantando.

¿Fiesta de los niños o evento kemalista?

La atmósfera es festiva, agradable, pero me hago preguntas que de pequeña no me planteaba. ¿Estos niños son conscientes del mensaje de este día? ¿Es justo acercarles de este modo al concepto de nación? He ido a la Universidad de Galatasaray para hablar de ello con el profesor Ali Faik Demir, del departamento de Estudios kemalistas: “Más que un evento nacionalista las celebraciones son un himno a la paz y la concordia”, me explica. “el lema principal es ‘Los niños no quieren la guerra’, y no se puede calificar como una mala enseñanza”. Entonces ¿ningún partido se ha opuesto nunca a la fiesta? “No – continúa el docente – nunca ha habido una oposición fuerte porque no se trata de una celebración kemalista, no se quiere de ningún modo adoctrinar o hacer propaganda en un evento tan internacional”.

Sin embargo, las banderas turcas están por todas partes, incluso los estudiantes que protestan contra los procedimientos de admisión a la universidad delante del Instituto Galatasaray, alaban a Atatürk y la igualdad de derechos para los turcos. Más escondido está Caglar, de 20 años, estudiantes de historia y literatura rusa, armenio y partidario de una petición para cambiar los libros de historia, “no veraces sobre al pasado otomano, sobre las relaciones con griegos y armenios”. El día de los niños le pone un poco nervioso: “No es suficiente con un día al año que se hable de educación y derechos. Los niños se encontrarán pronto en la encrucijada de elegir entre universidad pública o privada y las oportunidades deben ser las mismas para todos, ricos y pobres, hijos de empresarios o de trabajadores”. Hay una contraseña, en Turquía, que permite a los hijos de los funcionarios de estado obtener las soluciones del examen de acceso a la universidad: para protestar contra esta injusticia, algunos compañeros de Caglar alegan precisamente a los principios de igualdad establecidos por Atatürk.

Para los jóvenes universitarios la fiesta de los niños se conserva por lo general como un buen recuerdo, un día en el que no había clases, se comían dulces y se bailaba. Gizem y Miriam, dos chicas de 18 años, recuerdan con una sonrisa el periodo en el que aprendían de memoria las poesías. Para ellas era como una misión que se debía hacer lo mejor posible. “Con el paso de los años el evento ha perdido valor”, dice Miriam – “Porque los gobiernos quieren imponer las ideas pero en realidad se acuerdan de los niños y los jóvenes solo durante esta semana de abril”.

Este artículo forma parte de la serie Orient Express 2010-2011, una serie de reportajes realizados por cafebabel.com en los Balcanes y Turquía. Para conocer mejor el proyecto, Orient Express Reporter.

Fotos: portada © Tania Gisselbrecht; texto: © Blerina Kushta