Atentado en Túnez: "¡No nos vencerán!"

Artículo publicado el 27 de Noviembre de 2015
Artículo publicado el 27 de Noviembre de 2015

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Tres días después de los ataques terroristas a Túnez que provocaron 12 víctimas mortales en un atentado suicida, una periodista de aquel país expresa su repulsa y su rencor, e insiste en la extraordinaria capacidad de los tunecinos de recuperarse tras las desgracias.

Cuando el martes me enteré de aquella noticia tan triste, se me heló la sangre allí mismo. Es cierto que desde hace más de tres años, Túnez viene siendo uno de los objetivos de los terroristas, pero en esta ocasión, el cobarde atentado en el que fallecieron doce personas tiene, además, otra lectura.

¿Por qué? Pues porque se llevó a cabo en el nº 5 de la Avenida Mohamed, una de las principales arterias de la capital tunecina, a unos pasos del Ministerio del Interior, y coincidiendo con el tercer día de las Jornadas Cinematrogáficas de Cartago (JCC), un acto cultural de enorme trascendencia en todo el país, pero sobre todo porque iba dirigido a la guardia presidencial, uno de los cuerpos de élite en materia de seguridad de ese país. Está claro que lo que pretendían los terroristas era lanzar un mensaje a modo de desafío y de rencor a las fuerzas del órden público, así como aterrorizar a la población. En otras circunstancias, aquéllos hubieran logrado sus objetivos, pero con lo que no contaban era con la extrordinaria capacidad de los tunecinos para levantarse tras cada golpe y recuperarse con más fuerzas, si cabe. 

Si la tarde misma del atentado, todos estábamos hundidos y desesperados, desde la mañana siguiente fuimos capaces de hacer vida normal y así, tras enterrar a los nuestros, volvimos a mirar a la vida de frente. Nadie faltó al trabajo, los niños volvieron a la escuela, la administración funcionó con total normalidad, los comercios abrieron, y las Jornadas Cinematográficas siguieron su curso. Incluso pudimos comprobar cómo los cinéfilos hacían cola para entrar en los cines. ¿Qué mejor respuesta podríamos dar al mundo, que la imagen de un pueblo herido y dolido, pero que es capaz de ir con la cabeza bien alta, y siempre con la espereanza de que las cosas cambien pronto?

Hoy más que nunca, no es tiempo de lamentos y quejas. El trabajo y la perseverancia nos ayudarán a salir de ese pozo. Armados de optimismo y confiados en un futuro sin duda prometedor, resistiremos y seguiremos avanzando, pese al dolor, a las dudas y a esa angustia que a veces non corroe por dentro. Y hay algo que tenemos muy claro: ¡Quien siembra muerte y dolor no podrá vencer nunca!