Atentados terroristas: el miedo es un mal consejero

Artículo publicado el 28 de Abril de 2016
Artículo publicado el 28 de Abril de 2016

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París, Bruselas, Estambul, Ankara... La serie de atentados en los últimos meses ha dejado secuelas. Nos atenazan los nervios, la inseguridad, el miedo. Aun así, debemos sobreponernos al miedo, ya que esta es la auténtica arma de quienes propagan el terror. 

Días después de los atentados en Bruselas en marzo de 2016, hablé por teléfono con una amiga. Tiene poco más de 20 años, una actitud abierta, ha estudiado en el extranjero. Cuando extremistas de ultra derecha anunciaron una manifestación en su ciudad, acudimos juntas a la manifestación en contra, llevando pancartas de colores que reclamaban diversidad y tolerancia. Durante nuestra conversación no pudimos evitar hablar sobre Bruselas. En voz baja admitió que se siente insegura cuando viaja en metro, y que se apodera de ella una sensación desagradable al encontrarse con grupos de jóvenes de rasgos árabes. Dijo que lógicamente sabe que dicha sensación no está bien, y que ha intentado reprimirla sin demasiado éxito. Al principio no supe qué decir. Por un lado, porque estudio en Dinamarca, donde viven muchos menos inmigrantes que en Alemania a causa de la estricta política de inmigración. Tendría que buscar muy bien para llegar a encontrarme con grupos de jóvenes de rasgos árabes. Por otro lado, puedo comprender este vago sentimiento de malestar, a pesar de que no me afecte del mismo modo. De todas maneras, no es en absoluto la excepción. Muchos de mis amigos y conocidos han admitido que se cuestionan si hay seguridad. El terror va aproximándose con paso lento pero seguro hacia su cruel objetivo: difundir el miedo. Miedo que, sin prisa pero sin pausa, amenaza con dejarnos paralizados.

Semanas más tarde estoy con compañeros de la universidad, sentada en un acogedor bar de Aarhus, Dinamarca. Conversamos acerca de todo un poco, les hablo de mi amiga y de su malestar. Y entonces les pregunto: "¿Y vosotros? ¿Tenéis miedo?". No, en Aarhus no. Breve silencio. Pero en casa, confiesa una chica nacida en Berlín, estando en el metro en las vacaciones de Pascua, sí que la invadió durante unos instantes un mal presentimiento. Por primera vez.

Esta inseguridad puede que sea un fenómeno pasajero que ahora mismo se ve reflejado en la gente de mi alrededor. Pero lo que está claro es que mientras en Europa siga habiendo con frecuencia atentados terroristas, la desconfianza y el miedo no abandonarán a las personas, sino todo lo contrario. De acuerdo con los datos de ARD-Deutschlandtrend, la mayoría de los alemanes prefiere a largo plazo medidas de seguridad más estrictas. Esto es más que comprensible, sobre todo después de las duras críticas a la policía belga tras los atentados en marzo. Pero, en general, algo sigue siendo cierto: el miedo es un mal consejero.

No hay duda de que el miedo puede ser importante: en situaciones complicadas nos permite tomar las precauciones necesarias, actuar con rapidez. Pero si dejamos que nos domine, nos roba la posibilidad de pensar racionalmente. En Alemania y, claro, en toda Europa, las probabilidades de fallecer en un atentado terrorista son bastante inferiores a lo que mucha gente piensa. El periodista suizo Constantin Seibt escribió que solo en Alemania mueren cada año más de 500 personas a causa de una espina de pescado. Y no por ello cunde el pánico en todas partes por los platos de pescado. Es así como deberíamos ver el terrorismo y conservar la calma. Esto también lo confirma el psicólogo Borwin Bandelow, en la versión digital del periódico Die Zeit: "Es mejor salir, a pesar de todo. De lo contrario uno solo se preocupa más". Así que, a pesar de todo, hay que ir a ver el partido de fútbol del mundial en pantalla grande con más gente , hay que viajar en avión, hay que reír y divertirse. Y, de este modo, hacerle frente al arma más peligrosa de los terroristas: el miedo.