Aylan, los refugiados sirios y nuestra responsabilidad

Artículo publicado el 8 de Septiembre de 2015
Artículo publicado el 8 de Septiembre de 2015

La foto de Aylan, el niño sirio cuyo cuerpo sin vida fue hallado en una playa de Bodrum (Turquía), ha dado la vuelta al mundo y ha provocado rabia y emoción. Pero su historia corre el peligro de ser olvidada pronto si no se llega hasta las raíces de esta tragedia migratoria. 

Sobre Aylan Kurdi se ha escrito mucho. Todos hemos reaccionado de forma diferente ante la foto que muestra su cuerpo sin vida yaciendo boca abajo en la playa de Bodrum. El mar se ha llevado la esperanza que Aylan y su familia tenían de llegar a Canadá, el país donde residen desde hace tiempo algunos parientes que les estaban esperando. Nosotros somos ese mar. Si cada día mueren cientos de inmigrantes como Aylan en Siria o durante la odisea que muchos emprenden para escapar de aquel país, nosotros somos culpables. La culpa la tiene la comunidad internacional (no solo Europa, también hablo de América y los Estados del Golfo), que durante mucho tiempo han observado la situación impasiblemente sin mover un dedo. 

En este repentino momento de culpa, ¿es acaso la desgarradora imagen de la muerte de un niño suficiente como para despertar nuestra conciencia enferma? Como si no fuera suficiente saber que, no muy lejos de nuestros hogares, esto ha estado sucediendo durante cuatro años y no parece que haya un final a la vista: Por un lado hay un criminal que mata, bombardea y tortura a su propia gente, y por el otro un grupo de bárbaros trastornados que cometen atrocidades de todo tipo. Y luego estamos nosotros, que levantamos muros y colocamos alambre de espino. Nosotros, que hablamos sobre ética y censura, sobre imágenes que ofenden nuestra sensibilidad y sobre la banalidad del horror. 

Nosotros, que estamos preparados para tomar las armas y defender el crucifijo en las escuelas, que vamos a misa los domingos por la mañana pero cerramos la puerta a nuestro prójimo. Nosotros, que "no somos racistas, pero vamos a ayudarles en su país de origen", olvidando que, en su país de origen, tenemos una responsabilidad directa y manifiesta. Nosotros, que tememos la invasión de los musulmanes, más bien de los "islamistas", pero a los que nos gusta mantener firmes acuerdos con Arabia Saudí o Qatar. Y, finalmente, nosotros, los que compartimos la imagen del cuerpo sin vida del pequeño Aylan, pero no nos preguntamos por qué y de quién está escapando.  Retrasamos, o quizás simplemente no estamos interesados en analizar la causa de esta tragedia humana. 

Pero nuestras lágrimas ya no sirven de nada, porque si una imagen no viene acompañada de una historia y no se examina de forma adecuada, se convierte en una imagen vacía que permanece colgada el tiempo suficiente como para causar molestia y amargura, y después ¡puf!, se desvanece en el aire. Cae en el olvido. 

Habrá más imágenes como ésta. De nuevo nos encontraremos hipócritamente emocionados y las compartiremos sin reflexionar, nos perderemos en debates que sin duda son interesantes, pero que limitan nuestra capacidad para tener en cuenta la raíz del problema. Y esto no ayuda a nadie. 

Nota: La tía de Aylan confirmó que "Aylan" era la versión turca que los oficiales turcos le dieron a su nombre. Alan es su nombre kurdo.