Ayuno: La increíble levedad del ser

Artículo publicado el 1 de Marzo de 2016
Artículo publicado el 1 de Marzo de 2016

Dentro del abanico de exhortaciones sobre "comer mejor", una corriente destaca cada vez más frente a otras: El ayuno. Terapia obligada para unos, herejía para otros, el hecho de privarse de comida divide. Pero una cosa está clara: Los que lo practican son más felices. ¿Qué es, pues, lo que tienen (o no) los ayunadores dentro del cuerpo?

A partir del 10 de febrero, las personas para las que el Mardi Gras significa algo se someten al período de Cuaresma. Entre los 40 días que separan el Miércoles de Ceniza del Domingo de Ramos van a abstenerse de comer. Al igual que ellos, muchos practicantes sustituyen la ingesta de comida por una Encarnación, que puede ser política, religiosa o higienista. Pero, desde hace poco, privarse de comida parece responder más a un apetito individual que a otra cosa. Ayunan porque les gusta.

"La sensación de ser una bestia salvaje"

Este es el caso de Élodie. Esta joven modelo de 27 años comenzó a privarse de comida en 2012, la víspera de sus sesiones de fotos, para evitar así el vientre hinchado de después de comer. A partir de haberse informado sobre los peligros potenciales de la práctica, se ha dado cuenta de que comer 3 veces al día constituye una forma de convención social "nada necesaria". Élodie opta por una dieta detox de 3 días a base de zumo y de sopa: Una especie de semi-ayuno. Actualmente, no sobrepasa todavía las 72 horas e intenta controlar su alimentación progresivamente. Mandi reflexiona tras "un período rico en alcohol y en alimentos grasos". Después de algunas investigaciones, este belga de 24 años decidió no comer nada durante 4 días. "Disfruté de unas vacaciones en la montaña. La experiencia consistía en ingerir solamente agua. He cogido la costumbre desde entonces, pero el período de tiempo ha cambiado: Soy capaz de ayunar durante dos semanas seguidas", explica.

¿Por qué? En primer lugar, porque parece que le sienta bien. Según muchos aficionados, abtenerse de comer produciría cierta ligereza no exclusivamente corporal. Durante su estancia al aire libre, Mandi obtuvo de su abstinencia "un estado de alegría, de bienestar, de energía que se acentuó a partir del tercer día". Thibaut, de 31 años, que ha comenzado a ayunar tras un montón de excesos, jamás se había sentido tan bien: "Tenía la sensación de ser una bestia salvaje conectada directamente a su instinto. Ahora lo hago porque así experimento la necesidad y el deseo. Me da confianza en mí mismo, me purifica". Una sensación que contradice la imagen que se suele tener del ayunador con su vaso de agua y sus costillas flotantes. Durante el transcurso de su primera experiencia, Thibaut tampoco se quedó en la cama: "Hacía una hora de ejercicio cada día y tres horas de paseo", afirma. Y añade: "Tenemos la tendencia a creer que si no comemos nos va a faltar energía. ¡Nada de eso! Nuestro cuerpo utiliza un montón de recursos para deshacerse de las toxinas que ingerimos. Se trata, entonces, de un gasto de energía que conseguimos detener si no comemos nada". 

Cáncer, enfermedades mentales y lógica de beneficios

En estos últimos años, varios estudios sobre los beneficios del ayuno han comenzado a hacerse eco. En 2012, el biogerontólogo californiano Valer Longo anticipó que una combinación de un período corto de ayuno con una quimioterapia podría favorecer la curación del cáncer. Dos años después, Longo reapareció para demostrar con un equipo de investigadores que ayunar durante tres días renovaba completamente el sistema inmunitario.

En 2016, Arte ha examinado las virtudes de un ayuno terapéutico en un documental. Todos convergen en la misma hipótesis: Privarse de comida permite a la vez luchar contra las enfermedades del siglo (cáncer, episodios cardiovasculares y problemas psicológicos como el burn-out) y ofrecer una alternativa al "todo medicamentos". De todas formas, para Élodie estos descubrimientos han sido muy importantes en cuanto al peso. "Vi la película Fat, sick and nearly dead en la que Joe Cross (el director, ed.) se alimentaba únicamente de zumo durante dos meses. Demuestra que se trata de una verdadera cura de salud. Perdió muchísimo peso y llegó a controlar mejor su enfermedad autoinmune. Me lo creo, aunque también pienso que la práctica debe estar supervisada por un médico".

Eso sería difícil en Francia. Los médicos suelen desbaratar de un manotazo las virtudes terapéuticas del ayuno: Demasiado inconstante, demasiado desproporcionado, demasiado estresante. En otros lugares de Europa, sin embargo, la práctica suele ser aplicada como técnica médica desde hace medio siglo. En Rusia, en los años 50, el ayuno terapéutico fue utilizado por los médicos soviéticos para tratar las enfermedades mentales y, desde los años 80, está inscrito dentro de una política de salud pública. En Alemania, es incluso reembolsado por los seguros. Practicado originalmente en una clínica alemana en 1953, el método Büchinger (el nombre de su fundador, curado de un reumatismo articular gracias al ayuno, ed.) seduce a los pacientes al borde del lago de Constance, pero también en Marbella, en España. Para Mandi, "aquellos que dicen que no hay ninguna prueba científica están mal informados. Efectivamente, no hay estudios realizados por las grandes compañías, esas que el ciudadano medio se toma en serio. Pero, ¿por qué? Quizá porque un método como el ayuno no es compatible con su política de beneficios".

"Gente fofa y gorda"

Si la práctica sigue siendo un fenómeno marginal es, quizá, porque va en contra de nuestra sociedad de consumo y, siempre según Mandi, de cierto conformismo social que nos obliga desde nuestra más tierna infancia a "creer que todo lo que va en contra del hecho de comer bien es malo o peligroso". Según Thibaut, "se nos ha atiborrado y reblandecido durante demasiado tiempo con las tres comidas al día compuestas de leche, de cereales y de carne, y todo ello ha hecho de nosotros unos individuos atascados". Para Élodie, "comemos demasiado, todo el tiempo. La alimentación es omnipresente y la mayoría de la gente está fofa y gorda". Sin embargo, nuestra sociedad tiene también cierta tendencia a dar giros bruscos y a poner muy de moda palabras como "detox", "reboot" o "regeneración". Seguramente el ayuno se convierta en tendencia en ciertos lugares donde la gente paga 500 euros por una semana entera de vasos de agua y de marchas forzadas.

Entonces... ¿Qué hay de cierto en todo esto? Élodie propone una respuesta: "Los conflictos entre vegetarianos, omnívoros, frugívoros... Me molestan muchísimo. Pienso que un adulto sano puede elegir cómo alimentarse. Personalmente, lo que el ayuno me ha enseñado es a escucharme y a comer... Cuando tengo hambre". El resto del tiempo, mejor hacernos el vacío.