Barrios judíos: ¿renovados o aburguesados?

Artículo publicado el 9 de Julio de 2015
Artículo publicado el 9 de Julio de 2015

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Con la apertura del Museo de la Historia de los Judíos Polacos, los medios de comunicación están poniendo de moda todo lo que sea judío. Pero a la moda, como a la revolución, le gusta comerse a sus propios hijos. Muchos distritos judíos han visto acabar sus días de apogeo, así que ahora se enfrentan a la comercialización, que está borrando su originalidad y las huellas de sus antiguos habitantes.

Prólogo

Es una preciosa y soleada tarde, probablemente una de las últimas del año. Como es habitual el fin de semana, una marabunta sale de los callejones del distrito Kazimierz de Cracovia. Algunos disfrutan del sol en las terrazas de los pubs en Plac Nowy, mientras se juntan en la calle Józefa para ver a los actores de la última película de Borys Lankosz. Al lado de la sinagoga Isaac, del siglo XVII, veo un cartel que dice "Comida israelí para llevar". Me voy de Isaac a Jacob, feliz de poder probar por fin el faláfel, un plato vegetariano típico de Oriente Medio. Sin embargo la calle está sospechosamente vacía, y al acercarme veo un cartel en la puerta que dice "Señoras y señores, hoy el restaurante cierra por sabbat". Pues claro. Se me había olvidado que es sábado.

Kazimierz se ha convertido en el lugar de moda, donde todos los cracovianos quieren estar. Y aunque parezca sorprendente, esta popularidad es un fenómeno muy reciente. Con la marcha de sus últimos residentes, el barrio judío quedó desierto. El sentimiento de angustia y desolación que impregnaba el lugar desde la Segunda Guerra Mundial hizo que muy poca gente se atreviese a vivir allí. Las autoridades locales usaron los pisos abandonados como viviendas sociales para los pobres del área. Durante la era comunista, los "extranjeros" eran considerados persona non grata. Solo los verdaderos románticos podían mirar a este barrio y ver la belleza y el potencial para ser algo más que un antro cualquiera.

Acto I - La era del descubrimiento

Los distritos judíos empezaron a cambiar en los años 90, cuando un grupo de locos abrió un bar en este decrépito barrio. Aunque de vez en cuando acudían al local hooligans con bates de béisbol exigiendo dinero, se negaron a cerrar. Por entonces Kazimierz ya comenzaba a tener algo de clientela, ya que a finales de los 80 se creó la llamada Casa de Actores en un piso de la calle Józefa 16. En esta casa convivía una pequeña comunidad bohemia de artistas, que se sintieron atraídos por Kazimierz gracias a sus alquileres baratos. Los residentes no estaban muy contentos con la llegada de estos extravagantes desconocidos y sus extraños cortes de pelo. Una de las frases más oídas era "Espero que no haya problemas".

Pero desde 1988 se lleva celebrando anualmente un Festival de la Cultura Judía. Aunque hoy en día incluye música klezmer de todas partes del mundo y se retransmite por la televisión pública polaca, en sus comienzos era muy modesto. El evento era más bien una oportunidad para que la comunidad académica local diese charlas. Sin embargo, cuatro años más tarde Steven Spielberg comenzó a grabar "La lista de Schindler" en el barrio, con los edificios que apenas habían cambiado en 50 años como telón de fondo, y los grupos turísticos de judíos israelíes y estadounidenses llegaron en masa, llenando las carteras de los negocios locales. El comercio empezaba a prosperar.

Acto II - Un siglo de oro

De mientras, en 2001 Szimpla Kert abrió sus puertas en Budapest. No necesitaron gastarse mucho dinero, simplemente cogieron un bar, pusieron unos cuantos muebles de segunda mano y añadieron una decoración hortera con aires de la época comunista. Aunque el bloque de pisos estaba a medio desmoronarse, tenía un gran ambiente. Aún tienen un viejo Trabant aparcado en el jardín, y a veces usan la pared para proyectar películas en blanco y negro. Es el paraíso de los hipsters. Esta fórmula fue la inspiración de los ruin pubs, los bares en ruinas, que comenzaron a surgir de debajo de las piedras por el antiguo barrio judío de Erzsébetváros. A su alrededor se apiñaban pequeños restaurantes y tiendas de artesanía, adornadas con vivos colores y letras hebreas. Las oleadas de jóvenes que poblaban esta parte de Budapest trajeron consigo la esperanza de que el séptimo distrito de la ciudad volviese a cobrar vida.

Pero este proceso que está reviviendo el barrio también se convierte en una maldición. Los dueños modernos de los pubs locales se han dado cuenta de lo cool que es vivir en esta atmósfera, en un bloque de pisos con paredes descascarilladas. Además, al tener una educación superior a la de los residentes del barrio, también ganan sueldos mayores. Compran comida orgánica y su ropa viene de modernas boutiques, por lo que poco a poco los precios de las tiendas aumentan. Y aquí es donde entran en juego los pillos promotores inmobiliarios. Tan solo un año tras la apertura de Szimpla comenzaron a derribarse varios edificios en ruinas, donde construyeron apartamentos modernos y elegantes. Nada ha podido parar el aburguesamiento del área, ni los esfuerzos de los conservacionistas ni un mercado inmobiliario que se encuentra estancado. Ahora el barrio quiere deshacerse de los ruin pubs a los que deben su renacimiento, y con ellos, de los recuerdos de sus antiguos propietarios judíos.

Acto III – Y no quedó ninguno

Ahora viajamos a otro país europeo. Esta moda comenzó a mediados de 1960, cuando el Ministerio de Cultura francés inyectó dinero en los barrios ruinosos de París. Uno de ellos era el Marais, en la margen derecha del Sena. Gracias al gobierno, los edificios se renovaron rápidamente y todo el barrio se convirtió en un lugar protegido. El valor económico del barrio creció y comenzaron a aparecer museos por todas partes, mientras los turistas ignoraban sus guías de viaje y se aventuraban a perderse en estos distritos.

En estos pisos tan deteriorados con callejuelas serpenteantes vivían hombro con hombro inmigrantes, trabajadores y la comunidad judía, y sin embargo, ahora no queda ni rastro de esta diversidad étnica porque ya nadie vive en el Marais. La mayoría de edificios se han convertido en elegantes hoteles y las tienditas son ahora restaurantes gourmet. El único indicio de que en este barrio vivía una minoría judía son los letreros que cuelgan para atraer a los turistas. Pero los vínculos sociales y el sentimiento de comunidad que se desarrollaron aquí desaparecieron hace años.

Al igual que en LondresSan Francisco Manhattan en Nueva York, París se ha convertido en un gueto para millonarios. Los precios del alquiler en el centro de la ciudad expulsan a los habitantes de clase media y baja a las viviendas sociales de las afueras. Las ciudades en las que se mezclaban diferentes culturas y clases sociales, los lugares desde los que se fomentaba el cambio social, se están volviendo cada vez más homogéneas. Y este tipo de división entre ricos y pobres es una bomba de relojería a punto de estallar.

Epílogo

Tengo que renunciar a mi faláfel, así que me dirijo al cruce entre ulica Wąska ulica Wawrzyńca, considerado como el rincón más fashion de Kazimierz. Primero llegaron las patatas fritas y luego vino un antiguo autobús de dos pisos traído desde Londres, que servía fish and chips tradicionales en la calle. Enfrente de este lugar tan moderno se encuentra la central eléctrica, que iluminó la ciudad desde 1857, y cuyos interiores postindustriales son el espacio perfecto para una exposición. Actualmente, este edificio abandonado está decorado con los trabajos de artistas callejeros que hacen referencia a su pasado. Su futuro, en cambio, era inevitable: un nuevo promotor ha decidido derribar la central para construir unos apartamentos modernos y un hotel. Buenas noticias para los turistas, pero no así para los ancianos judíos, cuyo mundo está desapareciendo de la mano de quienes cogen su dinero.