Barroso: ¿Tercer rescurso para Europa?

Artículo publicado el 27 de Septiembre de 2004
Artículo publicado el 27 de Septiembre de 2004

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La elección del cargo más alto de la Comisión ha sido fruto de una solución conformista por parte de los dirigentes de los países miembro de la UE.

La elección del sucesor de Romano Prodi en la Comisión europea supuso semanas de negociaciones forzadas entre los jefes de gobierno de los países de la UE, por lo que la decisión tomada el 29 de junio de 2004 no suscitó júbilo alguno. No debe extrañar a nadie: el “nuevo”, es decir, el Presidente de gobierno portugués José Manuel Durão Barroso, apenas ha llamado la atención por sus actuaciones en el ámbito de la política europea. Hasta hace poco, al oír su nombre en Bruselas muchos se encogían de hombros.

¿Quién es, pues, este hombre que estará al mando del conjunto de la UE y guiará su futuro a partir del 1 de noviembre? El portugués, de 48 años, comenzó su carrera en la ciencia jurídica docente. Tras estudiar Derecho en Lisboa, Barroso ha trabajado como profesor invitado en Ginebra, Washington, Nueva York y Luxemburgo, forjándose todo un nombre como administrativista centrado en la política europea.

Camaleón político

Barroso recabó sus primeras experiencias políticas durante la Revolución de los Claveles en 1974, gracias a la cual Portugal se liberó de la dictadura militar. El estudiante de Derecho se unió a un pequeño grupo activista y maoísta (MRPP). Pero poco después dio marcha atrás: en 1980 se afilió al Partido Socialdemócrata (PSD), que es, a pesar de su denominación, de orientación centroderechista.

Este cambio radical de comunismo a conservadurismo hace que muchos escépticos duden de la firmeza del nuevo presidente de la comisión. No obstante, Barroso responde sin titubear: “Quien en su juventud no fue un comunista, no tenía corazón, quien sigue siéndolo a los 40 no tiene cerebro" (Corriere della Sera, 30. junio 2004). Barroso se muestra preocupado por ser aceptado por parte de todas las corrientes políticas y se define a sí mismo de la siguiente manera: "Soy un reformista, no un revolucionario, un político del centro, y no un fundamentalista de libre mercado".