Bea Palya: 'Me siento como en casa en todas partes'

Artículo publicado el 25 de Agosto de 2007
Artículo publicado el 25 de Agosto de 2007

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De chica de un pequeño pueblo, a joven estrella en el Festival Internacional de Cannes. Esta artista de 30 años busca su inspiración en las músicas húngara, gitana, búlgara, el jazz, y los poemas cantados, marcándolos con su popia impronta personal. Conjuga el mundo de la música y el de la tradición.

Su vida hasta ahora se ha escrito como un cuento de hadas, en el que una chica de una pequeña y lejana ciudad se adueña de Europa. En 2004, cantó en el equipo internacional de las Olimpiadas Culturales de Atenas, un año más tarde compuso música para la película de Tony Gatlif, Transylvania, en la que también actuó, y gracias a la cual apareció en el Festival de Cine de Cannes. En 2006 firmó en Francia con grandes nombres como Pink Martini y Carla Bruni en la compañía French label Naïve, y en 2007 dará muchos conciertos nacionales e internacionales. Concertar una cita con ella es casi imposible, ya que su agenda está totalmente llena. Este año fue elegida Embajadora de la igualdad de oportunidades de Hungría, y ha sido portada de una revista femenina francesa: al parecer, está en todas partes.

Un pájaro nómada

La chica que llega a nuestra cita, sin embargo, es una chica despreocupada y simpática, y es ahí cuando recuerdo que en una entrevista de hace un año se describió a sí misma como “un pájaro nómada fuera de la sociedad”. Al preguntarle cómo le ha afectado la atención reciente de los medios, dice: “la poesía, la intimidad en las canciones, las contracorrientes, nadar, el yoga, el agua, apagar los móviles, escribir: nunca me conducirán al estrellato, pero son mis pilas, y el resultado ha terminado siendo positivo. Es maravilloso ver cómo florece mi carrera musical.”

“Lo mío es un arte musical y humano” asegura la ex vocalista del grupo Kárpátia. “La gente busca valores y yo respondo a esa necesidad, por eso en mis canciones trato temas muy diversos: el amor, estar en la carretera, ser capaz de decir que no, ser una mujer, un niño, o un marido... Me gusta cuando escuchan mi música. Escuchar. Música dirigida tanto a los oídos como al corazón, hacer buena música puede ser una forma de servicio a las masas.”

Cuando escuchan su música, la invitan a que toque en todas partes del mundo. Como viaja tanto, mira las ciudades como a personas, como a amigos. “París es una mujer –habladora, con vestidos coloridos, a veces charla demasiado para ocultar su profundidad. Ámsterdam está corrupta, pero brilla dentro de su corrupción. Al mismo tiempo es libre: mientras pedaleas puedes ver los patos en los canales, y conejos, como si fuera un pueblecito. Ahora mismo, siento que me traslado continuamente, este espacio seguro en Budapest es muy cómodo, sigo yendo de un lado a otro desde aquí. Básicamente me siento como en casa en todas partes. Siento que puedo caminar y curiosear por París, Bruselas, Amsterdam, Sofía o Londres con el mismo sentimiento de comodidad.”

Unidad en la diversidad

Mientras Palya Bea cuenta sus historias, me sobrecoge su pulso, su manera de vivir, y de pronto rememoro el lema de la UE, unidad en la diversidad. “Por supuesto, de eso trata la música. Me gusta esa especie de diversidad cultural. Además de los temas de diferentes culturas, creo algo nuevo dentro de mí. Y eso es la unidad. Siempre tomo dos cosas que me causan curiosidad, que me llevan a alguna parte. La música de los Balcanes y la judía son dos lugares que te puedes pasar toda una vida explorando, hay tanta belleza, y tanta variación rítmica y melódica... Esto también vale para los otros elementos que utilizo, como la música gitana, la música popular húngara, o temas musicales del este. Sin embargo, como sólo tengo una vida, y el tiempo es poco, intento ser selectiva y elegir sólo el mejor material entre todos”.

Asegura sentirse feliz por la ampliación hacia el este de la UE, porque, como ella dice, le permite “viajar más libremente para conocer músicos y descubrir más música”. “Los Balcanes son la cueva del tesoro, pero hay que tener cuidado. Lamentaría ver que se pierden esos valores que han quedado de las antiguas culturas. Es esencial que Europa, esa fille de joie, ligeramente gorda, no agarre a los machos de los Balcanes por el pescuezo, tal y como la mujer gorda agarraba a los jovencitos en el Amarcord de Fellini (1973). Debería mejor seducirlos y dejarse seducir dulcemente, por el bien de un verdadero amor-fusión...”

Al escuchar su forma de hablar sobre estas cosas y sobre todo de aquello que es importante para ella con tanto entusiasmo, empiezo a sentir una energía positiva, y deseo que el alma de todos tuviera su propia Palya Bea.

Traducido del húngaro por Beke Dániel