Belgrado, la Barcelona de los Balcanes

Artículo publicado el 6 de Julio de 2007
Artículo publicado el 6 de Julio de 2007
Con sus profusos bares y los barcos discotecas como sacados de una película de Emir Kusturica, la capital de Serbia se ha convertido en un destino turístico alternativo y burbujeante. Vistazo.

Sí, en Europa quedan lugares vírgenes de masas de turistas, poco explotados por las agencias de viajes. Belgrado forma parte de ellos. De qué serviría dar a los alérgicos viajes repletos de hormigas en los pies. La capital de la ex Yugoslavia y de Serbia, situada en la confluencia de los ríos Danubio y Sava, vibra hoy al ritmo de la música tecno, del blues, la música gitana, el Turbofolk (mezcla del folk balcánico y de los beats techno), e incluso del pop serbio de la ganadora de Eurovisión 2007 Marija Serifovic.

Los mejores grupos extranjeros de rock hacen una parada en Serbia este verano. En especial, el día 14 de julio, los Rolling Stones tienen previsto presentarse en Belgrado.

En la Barcelona de los Balcanes los cafés están abarrotados a todas horas del día y de la noche. Las barras privadas en los apartamentos son legión. Ya sean elevados, o en el subsuelo, descubrirlos constituye todo un juego urbano: al final de un patio, detrás de una escalera... Detrás de una gran puerta se encuentra, por ejemplo, Ben Akibar, un bar diseñado por yuppies serbios, antiguo remanso de los oponentes al régimen de Slobodan Milosevic. O incluso el bar de la Asociación de los Globe Trotters, con su decoración realizada con los recuerdos de viajes, no al alcance de cualquiera.

La Silicon Valley de los Balcanes

Otro lugar y otro ambiente en la calle Silicon Valley. Esta calle de Belgrado debe su nombre a los senos de silicona que desfilan por ella. Alrededor de las 22.00h, los aprendices de gángsteres locales hacen su aparición al volante de Mercedes relucientes. En el bar Insomnia, las pantallas se iluminan y muestran todo el rato imágenes de Fashion TV. Las chicas con pantalón de cintura baja beben a sorbitos sus cócteles ligeramente ácidos con nombres eróticos, observando de reojo a los colosos de pelo rapado de la mesa vecina.

Es medianoche: los bares de la calle se vacían en pocos minutos. Próxima estación: Plastic (otra referencia a la metáfora de la silicona); una inmensa discoteca donde la clientela se agita al ritmo de los remix de los DJ internacionales más destacados.

Los visitantes tampoco escaparán a un pequeño aire de Good Bye Lenin en versión balcánica. Los nostálgicos de la Yugoslavia de Tito también podrán deleitarse en Belgrado con los palacios de estilo socialista, así como con una colección de coches oxidados sin silenciador escupiendo su humo negro: los Yugo Trabant y otros vehículos-ovni símbolo de la era comunista. Los Yugostálgicos podrán también encontrarse ante el mausoleo en mármol dedicado al mariscal Tito, y comer después en el Club de los Escritores.

Escondido en el pequeño subsuelo de una antigua vivienda, este refugio para artistas conserva una atmósfera desfasada de inteligentsia venida a menos. Nuestro camarero con gafas y edad incalculable nos tiende la carta, escrita íntegramente en alfabeto cirilico con copiosos platos tradicionales. Sonríe a boca partida como queriendo traducir, ¡y que se las avíe el cliente eligiendo su menú!

Al caer el sol, la antigua fortaleza otomana de Kalemegdan suele recibir la invasión de parejas de enamorados para contemplar la puesta de sol sobre el río Sava. Más abajo, los barcos-discoteca comienzan a tambalearse al ritmo de la música gitana. Una nueva noche comienza en Belgrado y, con ella, son muchos los lugares insólitos con los que el viajero curioso quedará embelesado.