Benedicto XVI: ¿Un Papa medieval?

Artículo publicado el 3 de Marzo de 2009
Artículo publicado el 3 de Marzo de 2009
La Iglesia Católica está en crisis. Por un lado las feroces polémicas han reducido a mínimos históricos el diálogo con otras religiones monoteístas y con el mundo laico; por otro, su estructura interna se quiebra

No es un caso aislado el hecho de que, por ejemplo, el interés del Papa por el vestuario haya vuelto al lujo y magnificencia ya insólitos. Para la misa de Navidad de 2008, el Papa llevaba una capa con una apertura alar de entre 7 y 8 metros, una mitra con gemas y diamantes, el palio con broches de oro, casulla rematada con bordes en oro, camisas exageradas, anillo de oro, zapatos brillantes con paramentos”, según indica don Matteo Ragazzo, jóven párroco de la provincia de Padua, empeñado en denunciar el exceso y en reclamar el retorno de la sobriedad de la Iglesia Católica.

Pero la tendencia retrógramada de Benedicto XVI se manifiesta de diversas maneras: vuelta a la misa en latín y al rito tridentino (misa con rito romano celebrada hasta 1962), de espaldas a los fieles, con comunión de rodillas, y la recuperación de la plegaria del Viernes Santo por la conversión de los judíos (recientemente modificada debido a las polémicas que siguieron al caso del obispo lefebvriano negacionista Williamson). Además, ya en 2000 se produjeron disputas respecto al documento Dominus Iesus (el Señor Jesús): el entonces Cardenal Ratzinger cerraba las puertas al ecumenismo reafirmando el papel de protagonista del la Iglesia de Roma sin hacer concesiones al diálogo sobre una dogmática verdadera que no se puede discutir. Se puede fácilmente intuir la dirección antitética que habría tenido un hipotético papado del austero y carismático Cardenal jesuita Jorge Mario Bergoglio, el segundo más votado en el cónclave que eligió a Ratzinger.

Rehabilitar los negacionistas

(Paul Resh/flickr)La ‘política exterior’ de la Iglesia no es menos conflictiva: en 2006, por la lección magistral dada en la Universidad de Ratisbona (donde fue docente de Teología Dogmática e Historia de los Dogmas), el Papa citaba un texto del emperador bizantino Manuel II Paleólogo. En concreto, el pasaje escogido (“muéstrame también aquello que Mahoma trajo de nuevo, y os encontraréis tan solo cosas malas y deshumanizadas”), desencadenó las protestas de muchas comunidades islámicas y represalias contra misioneros católicos. Y siempre Ratisbona es el centro de nuevas polémicas: en 2009 fue en los alrededores de la ciudad bávara (en el seminario de la Fraternidad de Pio X en Zaitzkofen) donde el obispo disidente Williamson -rehabilitado de la excomunión junto a otros tres sacerdotes lefebvrianos ultra tradicionalistas una semana antes del Día de la Memoria judía– afirmó en una entrevista que ningún judío habría muerto en las cámaras de gas. El largometraje, realizado en noviembre de 2008 por la cadena sueca Svt, fue presentado ante el público el mismo día de la excomunión, y marca el punto más bajo de las relaciones del Vaticano con la comunidad judía, al menos desde 1974, año en el que monseñor Hilarion Capucci (que en 2002 gritaba todavía desde el palco de una manifestación pro Palestina “¡Entifada hasta la victoria!”) fue arrestado en el límite israelí-palestino y condenado a doce años por contrabando de armas. Sería liberado en 1977 por presiones del Papa Pablo VI, hasta que a principios de febrero de 2009 se le volviera a arrestar de nuevo a bordo de una embarcación que impedía el bloqueo marítimo impuesto por Israel sobre la franja de Gaza.

"En tiempos de Galileo, la Iglesia permaneció mucho más tiempo fiel a la razón que el propio Galileo. El juicio contra este fue justo y razonable"

Tampoco las relaciones con el mundo laico van mejor: las protestas contra la visita del Papa por la inauguración del año académico en la Universidad Sapienza de Roma a principios de 2008 hacían de nuevo referencia a una cita de Ratzinger en 1990. En esa época, Ratzinger citaba a Paul Feyerabend (del libro Contra el método, publicado en 1974): “En la época de Galileo, la Iglesia permaneció mucho más tiempo fiel a la razón que el propio Galileo. El juicio contra este fue justo y razonable”. Pero la intolerancia de los laicos respecto al Vaticano es el resultado de un amplio abanico de temas en los cuales la Iglesia Católica parece insistir en hacer presión sobre la política: Desde la eutanasia -con toda la controversia del caso de Eluana Englaro-, al aborto terapéutico; desde la fecundación asistida a los derechos de las parejas de hecho, por no nombrar a los matrimonios homosexuales y la presencia de crucifijos en las escuelas y en las salas de tribunales. En definitiva, Ratzinger parece haber sido capaz –más que de reanimar la fe– de asumir un primerísimo papel en el escenario internacional, al menos tanto como su predecesor: la deferencia con la que lo tratan políticos como Sarkozy, Blair (convertido al catolicismo) o Bush es una señal de su diálogo constante con las potencias del planeta.