Bergen: en el ecuador del Proceso de Bolonia

Artículo publicado el 16 de Mayo de 2005
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Artículo publicado el 16 de Mayo de 2005

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¡Un sistema educativo exitoso! He aquí la meta final de la creación de un espacio europeo de enseñanza superior, más allá de las fronteras de la Unión. Queda en manos de las universidades el desarrollar el tesoro intelectual y cultural del que los ciudadanos europeos son portadores.

La cumbre de Bergen abrirá un nuevo capítulo en las negociaciones del proceso de uniformización del sistema de enseñanza superior los próximos 19 y 20 de mayo. La ciudad noruega, cuyo barrio de Bryggen está inscrito en el patrimonio mundial de la UNESCO, organiza desde hace tiempo este encuentro y desea insuflarle la dimensión social tan importante para los países escandinavos. Esto responderá posiblemente a la principal reivindicación de los estudiantes y otras voces críticas que reprochan al proceso de Bolonia su liberalismo. La ministra de Educación noruega, Kristin Clemet, recuerda que "la educación superior debe estar considerada como un bien público del que los ciudadanos son responsables". Esto se traduce, en la legislación nacional, en la promoción de la igualdad en el acceso a los estudios superiores.

La cumbre de Bergen reunirá 40 países europeos que intentarán hacer progresar esta reforma de gran envergadura. Tres puntos, definidos como prioritarios en la anterior reunión de Berlín, han sido preparados por los grupos de seguimiento del proceso. El primero concierne la calidad e implica por lo tanto una transparencia en cuanto a la distribución de las responsabilidades de las instituciones y de los actores implicados así como una mayor claridad de los sistemas de evaluación interna y externa de los programas y de las instituciones. El segundo se compromete a uniformizar los diplomas de los países firmantes haciéndolos comparables y compatibles. El tercer punto anima a los Estados participantes en el proceso a firmar el Convenio de Reconocimiento de Lisboa.

Elaborado por el consejo de Europa y la UNESCO, este convenio busca el reconocimiento de las calificaciones relativas a la enseñanza superior en la región europea. Además, a partir de este año, todos los diplomados recibirán un diploma suplementario de forma automática y gratuita.

Un solo modo de crear un espacio único

La cumbre de Bergen señala el ecuador del proceso que debería culminar en 2010. La Magna Charta Universitatum, que recoge los principios fundamentales de la reforma, fue adoptada en 1988 durante la ceremonia de celebración del 900 aniversario de la Universidad de Bolonia. Diez años después, la Declaración de la Sorbona fue firmada por los ministros de enseñanza superior francés, italiano, alemán y británico. Las bases de la operación de armonización de la enseñanza superior estaban lanzadas.

La Declaración de Bolonia firmada el 19 de junio de 1999 por 29 países define seis objetivos: diplomas legibles y comparables, un sistema organizado esencialmente en dos ciclos, créditos, una mayor movilidad, una cooperación que asegure la calidad de la enseñanza y una dimensión europea para la enseñanza superior. En 2001, fue en Praga dónde se reunieron treinta y tres ministros de enseñanza. El comunicado añade tres objetivos: la formación continua, el compromiso de los estudiantes y la competitividad del sistema educativo europeo en comparación con el resto del mundo.

La cumbre ministerial de Berlín en 2003 propuso un objetivo suplementario que consistía en el establecimiento del doctorado como tercer ciclo de enseñanza y la formación de jóvenes investigadores. Por otra parte, el proceso se extendió a cuarenta países. El comunicado que siguió a la reunión abre la posibilidad a los países participantes en el Convenio Cultural Europeo de participar en el espacio europeo de enseñanza superior si desean adherirse a los objetivos del Convenio de Bolonia e implantarlos en sus respectivos sistemas nacionales.

¿Algo más?

Por último, Bolonia abre la vía de la armonización de los sistemas de enseñanza superior europeos. Nadie podrá negar que la variedad reinaba en este ámbito. Un sistema uniformizado permitiría la construcción de una Europa del conocimiento, la creación de una sociedad de investigación y abriría la puerta a la movilidad de los estudiantes que deseen pasar un semestre en una universidad extranjera. El nuevo programa Erasmus Mundus prevé el mismo tipo de movilidad para los másters y es considerado como una iniciativa de gran envergadura.

Son todas buenas ideas, pero falta encontrar financiación para que estas reformas se hagan realidad. Evidentemente, la espinosa cuestión de los subsidios oscurece las ilusiones que permitieron pensar en la armonización como una solución absoluta. Hoy en día, numerosos estudiantes de los países del este tienen la oportunidad de participar en los programas de intercambio inter-universitarios, pero no tienen los medios económicos. Es cierto que, aunque el nuevo sistema facilite este tipo de procesos, habría que velar por que el entusiasmo no haga olvidar las nefastas consecuencias de una eventual privatización de la enseñanza.