Berlín en Europa: entre « Ostpolitik » y « núcleo duro »

Artículo publicado el 1 de Diciembre de 2003
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Artículo publicado el 1 de Diciembre de 2003

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Entre París y la Mitteleuropa, oscila el corazón de Alemania. ¿Acaso el corazón de Europa fuera el reflejo de esta imagen?

Durante el año 2003 la actitud alemana frente a la cuestión de la ampliación de la Unión Europea ha sido muy ambivalente. Desde la reunificación, Alemania se ha comportado como el Estado miembro más favorable a la ampliación tanto por motivos económicos como políticos, fortaleciendo sin cesar sus relaciones diplomáticas y económicas con la mayoría de los nuevos países miembros. En cambio, la guerra en Irak y las actuales negociaciones acerca de la Constitución de la Unión en el seno de la Conferencia intergubernamental (CIG) nos llevan a pensar que Alemania ha decidido privilegiar la consolidación del eje franco-alemán para constituir el "núcleo duro" de la Unión Europea. ¿Malos tiempos para las relaciones entre Alemania y los nuevos países miembros o verdadero nuevo impulso en la profundización de la pareja franco-alemana?

«Berlín y París se vengan de Polonia» ha encabezado recientemente uno de sus números Fakt, un nuevo tabloide de Varsovia con una tirada de 700 000 de ejemplares y lanzado al mercado por el grupo alemán Axel Springer. El popular diario se refiere a las divergencias que oponen Alemania y Francia a una Polonia apoyada por España con ocasión de las negociaciones sobre la futura Constitución. Estas últimas están resultando particularmente ásperas en cuanto a la ponderación del voto en el Consejo de ministros. Polonia se ha parapetado junto con España con el fin de conservar el sistema de compleja ponderación aprobado en Niza, el cual le proporciona un peso casi equivalente al de cada uno de los cuatro «grandes» (Alemania, Francia, Reino Unido e Italia). En el lado opuesto se encuentra Alemania quien, apoyada por Francia, defiende el contenido de la Constitución tal y como ha sido redactado por la Convención Europea, que simplifica especialmente el sistema de voto basándose en mayor medida en el peso demográfico de cada país.

Posicionamiento táctico y tendencia de fondo

Las relaciones con los países candidatos se han enfriado asimismo a menudo a cada nuevo impulso del motor franco-alemán desde la guerra de Irak. Ambos al alimón en su postura opuesta a la intervención americana, Francia y Alemania no han dejado de intensificar su acercamiento desde entonces. Gerhard Schröder ha querido incluso simbolizar la dimensión de este acercamiento solicitando al Presidente francés Jacques Chirac representar a Alemania en su lugar con ocasión de una cumbre europea para poder quedarse en el Bundestag defendiendo sus reformas presupuestarias. Francia, a su vez, no vacila en subrayar el carácter fundamental del eje franco-alemán. «¿Qué le quedaría a Francia si fracasara la Europa de los 25? El eje franco-alemán», tal y como ha declarado recientemente su primer ministro Jean-Pierre Raffarin.

«Esta doble dinámica de nueva profundización de las relaciones franco-alemanas y de reverdecimiento de las relaciones con los países candidatos es una mezcla de táctica a corto plazo y de tendencias de fondo», analiza Michael Emerson, del Centro para los Estudios de las Políticas Europeas (CEPS).

El enfriamiento de las relaciones entre Alemania y los países del Este debe atemperarse. Como principal socio comercial de la mayoría de los futuros países miembros, Alemania sabe defenderlos en las cuestiones esenciales. De este modo, en relación con el reparto de los fondos estructurales, Gerhard Schröder ha sabido defender con ímpetu la necesidad para la Unión Europea de reequilibrar la concesión de fondos regionales en favor de los países de Europa central y oriental, subrayando la sustanciosa aportación de la Unión en materia de ayuda al desarrollo regional que determinados países habían recibido en materia de desarrollo regional.

¿«O Niza o morte», credo polaco?

Desde su terreno, el gobierno polaco, consciente de la importancia de sus relaciones con Francia y Alemania, ya ha mostrado su disposición a buscar un compromiso con la finalidad de no ser estigmatizada como la responsable del bloqueo de una Unión de la que ni siquiera es aún miembro formal. En este sentido, recientemente, el ministro polaco de asuntos exteriores Wlodzimierz Cimoszewicz ha explicado claramente que el credo «O Niza o muerte» no tenía que ver con la postura de Polonia.

También el ministro alemán de asuntos exteriores Joschka Fischer subrayó durante uno de sus desplazamientos a Polonia que la cuestión de saber si Francia y Alemania preparaban la firma de un nuevo tratado para avanzar en los terrenos en los cuales los nuevos países miembros rechazarían todo avance no debería plantearse sino en caso de bloqueo real de la Unión.

También el gobierno francés relativiza su entusiasmo por la profundización del eje franco-alemán. Preguntado en una emisora francesa de radio sobre la posibilidad a medio plazo de que Francia compartiera comisario en el seno de la Comisión Europea y asiento en el Consejo de Naciones Unidas junto con Alemania, Dominique de Villepin ha declarado ser demasiado pronto como para plantear semejantes propuestas.

Durante un cierto tiempo, la política europea de Alemania deberá manejarse entre dos aguas. En equilibrio entre «Ost Politik» y «núcleo duro».