Berlín no es muy alemana

Artículo publicado el 16 de Marzo de 2009
Artículo publicado el 16 de Marzo de 2009

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La ciudad es un hervidero de acontecimientos culturales para conmemorar la reunificación de Berlín y del continente europeo. Pero, ¿cómo se ven entre sí los que protagonizaron el cambio, ya sean los nacidos después de 1990, los emigrantes anteriores a 1990 o el visitante de hoy en día?

“Por favor, alce el brazo si hay un asiento libre a su lado” deja escuchar una voz desesperada, mientras examina al público en la penumbra. Se alza un brazo, y Anna-Marie Schulze se dirige en dirección a él, trepando a través de la larga hilera de público. Se trata del pase de Jadup und Boel en la Berlinale. El local está tan abarrotado que incluso las escaleras están llenas, pero no es un estreno internacional. Jadup und Boel se filmó en 1981 en la República Democrática Alemana (RDA), y en ello radica el interés que suscita. Objeto de la censura, solo se estrenó en 1988. Se muestra ahora como parte de una serie especial sobre el fin de la Guerra Fría. Gente de todas las edades acude para recordar, o descubrir, aquel periodo.

Anna-Marie, estudiante de Ciencias Sociales en la Universidad Humboldt de Berlín, tiene 19 años. Nació después de la reunificación en 1990. “Es increíble que la vida fuese así hace veinte años”, reflexiona después de la película. “Parece imposible”. Sin embargo, hay recuerdos concretos. Por ejemplo, a la salida del cine en Potsdamer Platz, una hilera de adoquines cruza la animada plaza, el símbolo reluciente del nuevo Berlín. Marca el contorno del muro de Berlín que una vez se alzó aquí en toda su monstruosidad, el telón de acero que relegaba los términos geográficos ‘este’ y ‘oeste’ a la política.

No hace mucho, Potsdamer Platz era tan solo docenas de hectáreas de tierra baldía. Sus edificios, bombardeados en la segunda guerra mundial, fueron completamente demolidos cuando se levantó el muro para ayudar a controlar la zona fronteriza. En 1989 todos los ojos recayeron sobre la plaza cuando el cofundador de Pink Floyd, Roger Waters, organizó un concierto benéfico multitudinario en el solar vacío. Este macroevento trajo consigo un estudio detallado del terreno, y el posterior desarrollo urbanístico coronado con éxito. A pasos agigantados, brotaron como champiñones edificios modernos en la plaza. Berlín se unió como una piña.

Esto es vida

(Foto: ©Francesca Barca)El director argentino Ciro Cappellari ha vivido en Berlín desde 1984. Dio muestra de su gran amor por la capital en su documental In Berlin (2009). “Berlín es el único lugar donde la unión de Alemania es un hecho”, afirma. Anna Marie se muestra de acuerdo: Berlín no es Alemania. “La ciudad es especial. Si eres de Alemania o bien eres del este o del oeste. Se marca la diferencia. Pero si eres de Berlín, la diferencia no importa”. Si bien no se escatimó en esfuerzos para la unificación de Berlín y adecentarla como capital, de hecho, esto se ha cobrado una deuda de 60.000 millones de euros. La mayor parte de los ingresos generados por los impuestos de la ciudad se destina a su pago, aunque pase casi desapercibido cuando solo estás de paso. Las pintadas y casas okupa son parte del encanto. Berlín marca tendencias precisamente por su cultura y vida artística alternativas, en constante ebullición. Algo que no se puede decir del resto de la Alemania del este.

Desde los años 90, los alemanes del este han ido abandonando la región para buscar trabajo en otros lugares. El desempleo es acusado. Más del 10% de los desempleados cuenta con menos de 25 años. Esta disparidad económica entre el este y el oeste puede generalizarse para el continente. Dennis, originario de Hamburgo y de 28 años, está en Berlín para una feria laboral. “Hay más y mejores oportunidades laborales en la Europa occidental”, afirma, contando con salarios más altos, mejor nivel de vida y se supone que “mejores” sistemas de seguridad social. “Por supuesto que hay prejuicios contra el este. Ese es el motivo por el cual los occidentales no se van a vivir allí”.

El Dr. Karin Pieper, investigador invitado en el centro para la integración europea en la Universidad Libre de Berlín, se muestra más optimista. “Al haber aprendido a hacer frente a las transformaciones y adaptaciones, los habitantes de Europa del este y central son mucho más flexibles, más dispuestos a sacar provecho de las oportunidades que se presenten e ir al extranjero. Un occidental habla aún de los ‘Estados miembro’ y de la ‘Europa del este’. Por ejemplo, no distinguen entre Polonia y Hungría”.

Go East

(Image: Fauxaddress - Edward /Flickr)

A pesar de todo, hay occidentales que se aventuran en el este. Sophie Decker ,de 32 años y abogada societaria en Estrasburgo, se ha ido a vivir hace poco a Varsovia donde se ha casado con un economista polaco. “Los polacos son muy amigables. Quiero seguir trabajando como abogada, pero no será fácil. No hablo del dinero. Sé que será menos y con eso ya cuento, pero quiero aprender polaco y usarlo en el trabajo pero llevará tiempo”. El desarrollo económico en los países de la ampliación es significativamente menor si se compara con los Estados miembro más antiguos. La Unión Europea está trabajando duro para reducir la diferencia. Entre 2007 y 2013, los fondos estructurales y de cohesión emplearán el 81,5% de un presupuesto de 347.000 millones de euros en las ‘regiones de convergencia’, que vienen a corresponder en su mayoría con Estados de la Europa central y del este, donde el PIB es menor del 75% de la media de la UE.

Una historia de éxito es el la de la ciudad del este de Alemania de Bitterfeld-Wolfen. En los 90, casi la mitad de la población de la ciudad la abandonó debido a la falta de oportunidades laborales. Gracias a los fondos de cohesión en 2001, se instaló una planta de fabricación de células fotovoltaicas (para “módulos de capa fina de silicio Micromorph” en Solar Valley Thalheim), afirmando un informe de 2008 que crearía 250 nuevos puestos de trabajo. Es una empresa conjunta de la compañía sueca Solibro AB y la compañía basada en Berlín Q-Cells AG. Está última comenzó la producción con una nómina de 19 empleados, y en la actualidad da trabajo a casi 800.

¿Pero conformará una nueva mentalidad la reducción de las disparidades económicas y sociales? El tiempo lo dirá. Hay una tendencia a sentir nostalgia por una vida más simple en la RDA. Lo que se ha dado en llamar Ostalgie (acuñación que amalgama ost+nostalgie, ‘este’ y ‘nostalgia’ en alemán). Los antiguos residentes de la RDA rememoran la época en la que había trabajo para todos y un fuerte sentido de comunidad. De forma paralela, la moda actual considera al kitsch socialista como lo último y más actual. En el Berlín este, por ejemplo, el bar Zur Firma que se inspira en la Stasi, está decorado con cámaras de seguridad de pega, uniformes y recuerdos de la época. ¿Atracción turística? Quizás, pero hay que tomar en consideración que la mayoría de los niños en edad escolar del este de Alemania no ven al antiguo país comunista como una dictadura sino que tienen una opinión positiva de él.