Berlín: talleres de teatro gratuitos para los refugiados

Artículo publicado el 4 de Agosto de 2016
Artículo publicado el 4 de Agosto de 2016

Según una tradición de acogida de refugiados que lleva funcionando en Alemania desde 2015, a los jóvenes inmigrantes que viven en Berlín se les invita cada semana a participar en talleres de teatro gratuitos, organizados en el interior de la prestigiosa ópera de la capital alemana. Reportaje.

Desde enero, a Berlín han llegado 10.200 refugiados. A finales de año serán 24.000, uniéndose a los 54.325 migrantes que se instalaron el año pasado en la capital alemana.

Desde 2015, numerosas iniciativas se han multiplicado por toda Alemania y particularmente en Berlín, a dos pasos del edificio del Reichstag. Las asociaciones organizan picnic y otras actividades para dar la bienvenida a los refugiados, los particulares cuelgan anuncios en los que ofrecen una habitación, los teatros, los museos o incluso los restaurantes instalan huchas en sus locales. Dar dinero, o simplemente ofrecer su tiempo: los berlineses tienen múltiples posibilidades de involucrarse si lo desean.

El secreto está en el detalle

El Staatsoper de Berlín [La ópera nacional] no ha sido la excepción a la regla y el año pasado recaudó varios millones de euros en donaciones al final de cada representación, nos cuenta Rainer O. Brickmann, el director del Jungen Staatsoper [la versión de la opéra dedicada a los niños y a los jóvenes]. En 2016, el personal de la ópera ha querido ir más lejos. Rainer Brickmann le ha encargado a Ronan Favereau, actor y educador de teatro, que monte un taller para los recién llegados, clases especialmente creadas en las escuelas alemanas para acoger a los jóvenes migrantes.

Hoy toca clase con Frau Schröder que se encuentra con sus alumnos a las 10 de la mañana delante de la entrada del Staatsoper. El taller lo dirigirán Ronan y Jeruscha, estudiante en Pedagogía Musical en la UDK, la Universidad de las Artes de Berlín, y futura profesora de música en la escuela. "En este programa, era importante integrar tanto la música como el teatro, dos artes que combina la ópera. Por eso he contactado con los educadores musicales para que dirijan estos talleres junto a mí", nos explica Ronan.

El grupo lo forman 16 alumnos de entre 13 y 16 años, 6 chicas y 10 chicos, que forman un círculo cuando se lo pide Ronan. Primer ejercicio, presentarse asociando un gesto a su nombre, y primera dificultad, explicar la palabra "gesto" que nadie parece conocer aún. Segunda dificultad, contener el nerviosismo de cada uno hasta llegar a repetir el nombre y el gesto todos juntos. Difícil tarea. Durante estas tres horas de taller, se va a bailar, caminar, hacer mímica, escuchar. Se va a hablar alemán, árabe y albanés, se va a cantar en farsi, en inglés, en kurdo, y, como broche de la jornada, se van a improvisar pequeñas escenas de teatro... En alemán, cómo no.

Beethoven, Yann Tiersen y Mozart

Se olvida muy rápido que estos alumnos que han llegado a Alemania hace muy poco tiempo (la mayoría de ellos apenas llevan unos meses) se parecen mucho a sus compañeros europeos. En este grupo de 16 alumnos podemos encontrar a los típicos chicos habladores, a los tímidos, a los alborotadores, a los que llegan tarde, a quienes no se quitan la gorra, y a quienes, sin excusa, murmuran cuando los otros cantan a voz en grito. No falta tampoco el alma del grupo, el que no puede parar quieto, o la que se pega a los adultos y solamente habla con la profesora. Sin embargo, lo que distingue a estos jóvenes adolescentes del resto es su gran motivación e ilusión por participar. Incluso los que cantaban a regañadientes al principio participan de forma activa en otras actividades. ¿Sus preferidas? El alfabeto, "nos ponemos a andar por la sala, yo digo una letra, y vosotros tenéis que encontrar un sustantivo que comience por esta letra. Inmediatamente, tenéis que dar su determinante y su plural [en alemán, el sustantivo puede cambiar al ponerlo en plural, ndlr]". Las respuestas brotan por todas partes, los dedos se levantan mientras los gritos resuenan: frutas, verduras, animales, instrumentos de música...

El otro momento estrella del taller se desarrolla en torno a un piano. Jeruscha toca a Beethoven, Yann Tiersen y Mozart. Silencio sepulcral, aplausos, y Ronan preguntando después de cada pieza: "¿Cómo era? ¿Triste o alegre? ¿Y qué animales habéis escuchado?". Muchos dedos se levantan para responder: se ven tigres, elefantes, pájaros, ratones. La imaginación no se ha perdido en el viaje.

Después de la pausa, pasamos a la gran sala de la ópera. Se escuchan suspiros de admiración mientras los niños se instalan en el palco. Algunos han ido al teatro en sus países de origen, en Líbano por ejemplo. Otros han visto obras de teatro u óperas en la televisión. Asel, 14 años, abre sus grandes ojos cuando Ronan menciona el coro de niños de la ópera al que podrán apuntarse este mismo año si así lo desean. 

El taller concluye con la improvisación de pequeñas escenas. "¿Qué os resulta divertido en Alemania? ¿En qué se diferencia a vuestro país y qué os hace reír?". Todos piensan en la pregunta. Cuando se habla de mundos tan distintos, es complicado pararse a pensar en esos detalles. Comparten, sobretodo, momentos graciosos que han vivido aquí. "Una señora salía del metro con sus bolsas de la compra y se cayó, ¡y todas las frutas rodaron por el suelo!". "Un hombre bailaba en la calle, tenía una botella de alcohol en la mano y estaba desnudo". Una vez más, las anécdotas se encadenan, en un alemán que aunque no es perfecto, sí es perfectamente comprensible. 

Entonces Ronan divide la clase en tres grupos. Cada uno tiene que interpretar una pequeña escena que debe incluir una expresión típicamente alemana. Esta vez los alumnos lo entienden enseguida. Ya se saben estas expresiones de memoria: "Wie bitte?" o incluso "Ach so!". Las ideas vienen muy rápido. Sólo se habla alemán. A veces, incluso alguno traduce al árabe aquellas palabras que otros no han comprendido. Ahmed, hasta el momento, muy implicado, se queja de que sus compañeros se pongan a hablar en árabe justo en el momento de la representación. "Hay que volverlo a hacer".

De nuevo, formamos un círculo para terminar. Toca hacer un repaso, "¿Qué es lo que más os ha gustado? ¿Y lo que menos?". "El alfabeto", "las escenas de teatro", explican entusiasmados. Muchos jóvenes se acercan a darles las gracias a los dos animadores del taller, conscientes de la suerte que tienen al haber sido aceptados en este lugar. Todos comentan lo mucho que les ha gustado todo, sin excepción. Jilo se atreve, incluso, a hacer una pequeña crítica: algunos ejercicios han sido difíciles a causa del idioma. Es verdad, la misma Jeruscha reconoce haber hablado mucho, demasiado rápido y sin usar sus manos para describir las piezas que ella misma ha interpretado con el piano. Nadie se lo reprochará a Jilo. Durante un rato, nosotros también habíamos olvidado que estos niños aprendieron alemán hace apenas unos pocos meses.

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Este artículo está escrito por la redacción de cafébabel Berlin