Berlín, una capital de niños pobres

Artículo publicado el 29 de Agosto de 2007
Artículo publicado el 29 de Agosto de 2007
En Berlín, uno de cada tres niños vive del “Hartz IV”, o dicho de otra forma, de la ayuda social, alerta el diario alemán Tagesspiegel. Más del doble de la media nacional. ¿Consecuencia de la reunificación?

Cigarrillo en boca, mechas rebeldes para unos, piercings para otros, una fila de adolescentes se toma un descanso ante la entrada de una vieja escuela. En uno de sus pasillos, una Lolita de unos diez años juega a karate kid con su grupo de amigas mientras los más pequeños duermen la siesta en la misma planta. En el patio, transformado en una estupenda pista de juegos, algunos niños dudan entre los columpios y la rayuela, mientras los más fuertes tiran de unos remolques de juguete. “Bocazas y bocas de ángel”, la asociación fundada en 1995 por el pastor protestante Bernd Siggelkow los acoge a todos con gusto y se siente compensado por sus feligreses.

“Dejad que los niños se acerquen”, invita una placa en un arco de uno de los Plattenbauten de Berlín Este, esos bloques de edificios grisáceos heredados de la época comunista. Cada día, cerca de 300 jóvenes de todas las edades vienen para encontrar refugio en el albergue Der Arche, tan acogedor como estructurado, mientras que el barrio de Hellensdorf, donde se ubica, sigue deteriorándose a pesar de las inversiones realizadas a raíz de la reunificación alemana en 1990. Bajo una estación de metro impoluta, entre edificios lacados y acogedoras plazuelas, esta gran barriada del este berlinés esconde una miseria en aumento.

Promesas electorales

“En el barrio, cerca del 45% de las madres son solteras”, informa el pastor Kai-Uwe Lindloff, director de la estructura desde hace seis años. “Sin contar un paro endémico; de un día para otro toda una generación de trabajadores se ha visto deshauciada del mercado laboral, con unos empleos que ya no resultaban útiles y unas competencias que no se adaptaban a los nuevos estándares.”

“Eliminado del juego”, “perdido”, así se presenta Omas, acompañado de otros adultos en el comedor del sótano. “Hace cuatro años que estoy en el paro. Vengo todos los días aquí desde hace seis meses para sentirme menos solo”, relata. Kathrin reconoce que también viene al Arche para conocer a gente, tres o cuatro días por semana. Tiene 20 años, dos hijos de 1 y 4 años que no tienen plaza en la guardería, ya que ella “no trabaja”.

Es un círculo vicioso y no es seguro que las medidas anunciadas por la ministra de la Familia, Ursula von der Leyen, de crear 750.000 plazas en guarderías de aquí a 2013 le vayan a afectar. “Sólo son promesas electorales”, opina Kai-Uwe Lindloff, “que beneficiarán ante todo a los privilegiados: falta financiación”.

A sus 46 años, y madre de tres hijos, Andréa se aferra a un futuro más prometedor, abierto por una formación de comercial que ha empezado este verano. “Con sus gemelos de 10 años frecuenta el Arche desde hace seis”, nos cuenta la educadora que se ha propuesto como intérprete. Estos niños han vuelto a recuperar la sonrisa y se abrazan al cuello del pastor con una familiaridad sorprendente.

Ningún impedimento para este antiguo instructor del ejército, que se suma gustoso a este papel paternal de sustitución sin temer por su autoridad. Hay que destacar su imponente estatura realzada por un corte de pelo tan cuadrado como su camisa azul cielo, que habla por él.

“Nosotros somos como una segunda familia para algunos niños”, explica con calma el pastor que ha embarcado a su mujer e hijos en esta aventura. “Les ayudamos a crecer. No les importan a nadie, nadie detecta sus talentos, ni sus gustos para valorarlos. Tanto en sus familias como en la escuela sólo se les devuelve una imagen negativa de ellos mismos.”

Una generación sacrificada en el altar de la reunificación

Según una encuesta del diario alemán Tagesspiegel, “más de un niño de cada tres dependía de la ayuda social a finales de 2006, es decir, 10.000 más en un año, de los 325.000 beneficiarios que reciben la ayuda por desempleo 90.000 tienen hijos”. “Berlín es la capital de la pobreza infantil”, no duda en afirmar Sabine Wahlter, del partido Kinderschutzbund, comentando estas cifras oficiales para Tagesspiegel. “La ciudad debe tener cuidado para que la mitad de su juventud no crezca sin esperanza.”

Un desafío para la capital alemana que brilla por su efervescencia pero aún sufre la herencia del régimen comunista. Mientras la economía apenas empieza a salir de las dificultades vividas en los noventa, la tasa de paro se eleva al 17,5% frente al 8% del resto del país, y la deuda de la ciudad ronda los 60 millones de euros.

Difícil de frenar el riesgo de pobreza, que depende tanto de la tasa de empleo como de la oferta de formación, del acceso a la enseñanza o del acompañamiento a los niños menores de tres años.

De 60% al 70% del Este

Típico de los Estados de tipo conservador, su sistema de redistribución de los recursos no favorece el desarrollo laboral; en concreto, las madres se encuentran discriminadas por la ausencia de medios para conciliar la vida familiar con la profesional.

Otra debilidad es el número de trabajadores pobres, siendo Alemania uno de los siete países de la Unión Europea que no disponen de salario mínimo interprofesional (sino por ramas profesionales), la consecuencia es que a pesar de que su tasa de pobreza permanezca en el nivel medio europeo, ha pasado del 11,7% en 1993 al 13,5% en 2003 y sigue en aumento.

Aquí, los actores sociales y ONG no dejan de denunciar el carácter ambivalente de la situación. “Cada vez contamos más niños en las calles”, advierte el responsable de la asociación Strassenkinder, “se encuentran vagando por razones económicas, pero también porque han sufrido maltratos, palizas, abusos o simplemente carecen de afecto o de cuidados”.

Aunque este flujo aún sea inferior al de otras capitales europeas, entre el 60% y el 70% de estos niños de las calles proceden del Este. En cuanto a Manfred Endom, educador, constata una degradación del sistema escolar y se muestra preocupado por una pobreza infantil creciente.

“Los niños son el eslabón débil de la sociedad y no pueden manifestarse”. Al menos cuentan con un portavoz, como el partido Eurochild que publicó en enero un informe muy instructivo titulado “Erradicar la pobreza infantil en Europa”. El informe compara las situaciones en cada país miembro, pero también adelanta lo que puede suceder con las próximas generaciones.