Berlín y los jóvenes extranjeros: ¿nada más que una ilusión?

Artículo publicado el 22 de Junio de 2012
Artículo publicado el 22 de Junio de 2012
Encontrarse con un extranjero en apuros en Berlín “no es de extrañar” suelta Marion, una estudiante que estuvo un año de prácticas en la capital germana. Los inmigrantes son claramente una necesidad para Alemania, pero en Berlín los alquileres se están disparando y los “trabajillos” para poder subsistir se suceden uno tras otro.
Pese a ello, cada vez más jóvenes europeos se sienten atraídos por la energía de esta ciudad, con el riesgo, a veces, de acabar decepcionados. A continuación, la explicación de un espejismo.

Barrio de Kreuzberg. Un patio pequeño. Jóvenes hablando y fumando bajo el sol, apoyados en la pared o sentados a lo largo de grandes mesas de madera. Oigo inglés, alemán, italiano y español. Kay, profesor de alemán en Babylonia e.V., me advierte: “No puedo darte cifras exactas, pero está claro que cada vez más personas vienen a nuestras clases de alemán. Sobre todo italianos, españoles y griegos”. Lo difícil que es huir de los clichés cuando estos son una realidad.

“¡Todos los jóvenes que vienen a parar aquí suelen trabajar en un puto restaurante!”

Cruzo el patio y llego a la entrada del edificio, que fue ocupado por Babylonia e.V. en los años ochenta. Esta asociación, además de ofrecer clases de idiomas, también ayuda a los extranjeros con el papeleo laberíntico de la administración germana. Tras subir a la primera planta, llego a la sala de espera, donde dos personas conversan en español mientras Kay da clase al otro lado de un ventanal. A mi alrededor, pósters de protesta, entre ellos uno de Köpi, la famosa vivienda okupa y punk de la calle Kopeniker (Köpenicker Straße). En Berlín, Babylonia e.V. no es una escuela cualquiera. Fundada en 1981 por inmigrantes, ofrece precios atractivos y clases más alternativas, centradas en temas políticos y de actualidad. Durante las clases, uno de los temas más debatidos es el de la supresión de la ayuda Hartz IV a los recién llegados. Una medida política que se dirige principalmente a las primeras víctimas de la crisis: los italianos, españoles y griegos que emigran a Alemania.

Berlín es conocida por su estilo de vida relajado y relativamente barato.

“Bloqueados”

“A dos de mis amigos, de los cuales uno es español, se les ha quitado la Hartz IV”, me comenta Elisa, una pintora italiana de 30 años, establecida en Berlín desde hace casi tres. “Todavía la recibo por haber trabajado en un restaurante. ¡Todos los jóvenes que vienen a parar aquí suelen trabajar en un puto restaurante! Pero incluso con la Hartz IV, la cosa no está fácil, ya que la ayuda llega con irregularidad, incluso hay veces en las que se retrasan dos meses antes de que llegue”. Esta italiana asiste a clases en Babylonia e.V. y sueña con abrir una galería de arte en Berlín “porque hay más libertades que en otros lugares y la gente es muy abierta”.

Querer quedarse no es el caso de Paco*. Quiere irse de Berlín: “No hay muchas cosas que me gusten de esta ciudad. He vivido experiencias personales poco alentadoras. Antes de venirme aquí, sabía que Berlín era una ciudad pobre. Es fácil divertirse, pero sentirse integrado requiere mucho tiempo”. Hace un año que este barcelonés de 31 años vive en la capital. "Si quiero quedarme, no tengo más remedio que hacer un montón de prácticas, ya que la experiencia laboral que haya obtenido en España no cuenta para nada aquí. Tampoco puedo volverme allí: en España ya no hay nada que hacer”. “Bloqueada”, así es como se siente Dafni, una diseñadora de 29 años originaria de Atenas: “No puedo volver a Grecia por lo de la crisis. Tengo que decidirme, si me quiero ir o quedar, pero todavía no sé qué hacer. Berlín a veces me gusta porque en ella logro encontrar cierto equilibrio, a medio camino entre una metrópoli y una ciudad más tranquila. Y hay veces en las que no me gusta porque, si no hablas alemán, necesitas tiempo para sentir que perteneces a esta ciudad, sobre todo si no estás integrada en ningún grupo en particular”.

Los precios suben, los salarios no

En la actualidad, es casi imposible encontrar una habitación en alquiler por menos de 400 euros.Atraídos por la buena salud económica de Alemania, los europeos acuden a su capital cada vez más, provocando que los alquileres aumenten en algunos barrios. “Berlín tiene un estilo de vida muy relajado, se pueden hacer muchas cosas con poco dinero”, me explica Alina, una griega de 25 años que estudia Diseño y con la que he quedado en un café de Kreuzberg. “Sin embargo, esto está cambiando: los precios están subiendo muy rápidamente. Tan solo en los bares, ya es más caro entrar. También es cada vez más difícil encontrar piso, sobre todo en Kreuzberg, puesto que no queda nada por menos de 400 euros en un piso compartido. Hace dos años nadie se lo hubiera imaginado”. Con el aburguesamiento y el aumento de la demanda, hace ya un tiempo que los precios están por las nubes, por lo que se puede tardar meses en encontrar piso. Marcel Krueger, un alemán que ha vivido en Irlanda, confirma lo difícil y caro que es encontrar vivienda en Berlín: “El alquiler medio ha aumentado un 7,9% en dos años, a veces incluso más en Neukölln y Prenzlauer Berg, zonas de Kreuzberg que están muy de moda”.

El mercado laboral tampoco les es favorable a los recién llegados. Manon, una joven artista y bloguera francesa, se vio obligada a abandonar Berlín en 2011, cansada de acumular “trabajillos”, según escribe en su blog. “El salario mínimo no existe en Alemania, lo que empeora aún mas la deplorable situación económica de Berlín. Si trabajas de camarera por cuatro euros la hora, a menudo tendrás que dejarle tus propinas al jefe, que no tendrá reparos en decirte que 'si no estás contenta, hay quince que hacen cola para tu puesto'. Básicamente, si eres artista, trabajas por tu propia cuenta, estás un poco perdida y sin un duro, y te gusta compartir piso hasta los 30, entonces Berlín puede ser tu ciudad”. “Mucha gente llega a Berlín sin proyecto alguno", me cuenta Amelia, una italiana de 28 años que está haciendo un doctorado. “Llegué aquí en un momento de mi vida en el que no sabía qué quería hacer. Aquí la gente disfruta realmente de la vida, pero no sé si es lo que quiero de verdad. Deseo hacer algo concreto. Aquí no se puede construir algo así”.

En una de las muchas cafeterías de Kreuzberg.

¿Una ciudad para encontrarse con uno mismo?

Berlín es conocida por ser una ciudad a la que vienen artistas en búsqueda de inspiración: quienes acuden a la capital no van tanto para lograr algo concreto como para alimentarse de su energía. Al anochecer, después del Kulturen der Karneval, me encuentro al lado de una camioneta de estilo hippie con dos personas hablando sobre Berlín. Una de ellas nació aquí. El otro interlocutor, Axel, es un francés de 29 años. Hace casi siete años que vive en la capital. Para el primero, Berlín no es la ciudad ideal: la gente que viene solo “sigue una corriente superficial” que esta desconectada de la realidad. Para el otro, esta ciudad es un lugar predilecto para los jóvenes que buscan dar sentido a sus vidas. Axel aprendió alemán con la práctica, se hizo profesor y logró continuar su vida de manera independiente. Porque, más allá de objetivos concretos, a Berlín se le quiere por lo que posee de etéreo -energía, espacio, tiempo- y son muchos los que han logrado encontrar su camino en el limbo de esta ciudad.

* El nombre ha sido modificado

Este artículo forma parte de Multikulti on the Ground 2011-2012, una serie de reportajes sobre el multiculturalismo realizados por cafebabel.com en toda Europa.

Fotos: portada, (cc) johncarleton/Flickr (más sobre su trabajo en Getty Image); texto, © Marine Leduc.