¿Berlusconi y el fin del bipartidismo italiano?

Artículo publicado el 13 de Octubre de 2005
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Artículo publicado el 13 de Octubre de 2005

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A meses de las próximas elecciones generales, el Primer Ministro de Italia ha cambiado la ley electoral para regresar al sistema proporcional y a la inestabilidad contra la que él mismo luchó. Vayan aquí los motivos.

Se puede acusar a Berlusconi de muchas cosas: amiguismo, desprecio de la magistratura, conflicto de intereses entre su papel como dirigente del país y del conglomerado mediático más importante del mismo...etc. Pero a decir verdad, al menos hasta ahora, hay algo que ha hecho bien: arbitró un sistema bipartidista en Italia que dejara atrás décadas de ingobernabilidad y estulticia inigualadas en el resto del continente.

¡Bien por Mattarellum!

Cuando Berlusconi entró en política por vez primera unos meses antes de las elecciones de 1994, este millonario fue capaz de crear un partido de centro derecha a partir de la nada: Polo de las Libertades. Su coalición se convirtió en la alternativa a la coalición de centro-izquierda que ya cantaba victoria en ausencia de partidos que le pudieran hacer frente. El resultado fue una sorpresa: el Polo de las Libertades supo ocupar un espacio que había estado vacío desde la disolución de la Democracia Cristiana, logró la mayoría en el Parlamento y, por tanto, la Presidencia del Gobierno.

Hoy se admite que el gobierno no duró mucho debido a su enfrentamiento con los sindicatos a causa de la reforma del sistema de pensiones, entre otros muchos motivos. Sin embargo, Berlusconi logró consolidar su coalición atrayendo hacia sí a la derechista Liga Norte para crear la alianza decisiva que le condujera a la victoria en 2001; una victoria que dio paso al gobierno más duradero de la Historia de la República italiana, y probablemente al único que complete el mandato de cinco años que prevé la constitución de este país para cada gobierno entrante. Sea como sea, si todo esto ha sido posible, Berlusconi se lo debe primero y por encima de todo al sistema electoral Matterellum: un sistema electoral que prima la conformación de mayorías y que los italianos aprobaron en referendo en 1993, acabando así con el antiguo sistema proporcional. Aquel sistema proporcional sólo garantizaba gobiernos inestables, como el primero de Andreotti en 1972 que sólo duró nueve días.

Poder por encima de la estabilidad

Hoy, en cambio, el líder italiano del centro-derecha parece querer destruir la importantísima credibilidad internacional que tan laboriosamente había conquistado Italia –no sólo gracias a la labor de Berlusconi- desde 1994. Ha auspiciado un retorno al sistema proporcional. Es cierto que el nuevo sistema -que ha sido aprobado en el parlamento y se halla pendiente de aprobación en el senado- prevé un pequeño “premio de mayoría" para la coalición que gane, pero aun así los efectos de esta nueva ley electoral serán devastadores para la estabilidad de la democracia italiana. No sólo porque los partidos se conviertan en protagonistas e impongan listas de candidatos, sino porque además favorecerá la emergencia de una tercera coalición de cristiano-demócratas que sería vital para la investidura y funcionamiento de cualquier gobierno, destruyendo así el sistema bipartidista.

Lo que más sorprende es que esta reforma la ha propuesto a seis meses vista de las elecciones de 2006 y sin el acuerdo de la oposición. El objetivo de Berlusconi es de hecho confundir al líder del centro-izquierda, Romano Prodi, que desde el principio estuvo a favor de la instauración de un sistema de mayorías. Prodi, ex Presidente de la Comisión Europea, no es el líder de un solo partido, sino de una amplia coalición de muchos pequeños partidos. La jugada de Berlusconi parece pensada para ir contra Prodi, quien, según los sondeos, puede ganar las elecciones. Este último dice que la nueva ley electoral está pensada "adrede para que quien gane lo haga mal y gobierne con fatiga". La intención de Berlusconi es romper la estrategia de Prodi e imposibilitar que gobierne con una mayoría estable. Quien sale perdiendo de todos modos es Italia, que paga los platos rotos de las disputas políticas, una Italia que se encuentra ya en declive en términos de competitividad y reformas, así como en términos de credibilidad en el contexto europeo.