Bielorrusia y Polonia: compañeros de armas

Artículo publicado el 7 de Noviembre de 2012
Artículo publicado el 7 de Noviembre de 2012
Como era de esperar, en la última dictadura de Europa, Bielorrusia, los opositores políticos han sido encarcelados. Aleksandr Lukashenko, actual dirigente del país, subió a la presidencia en 1994. Las fraudulentas elecciones legislativas de septiembre han demostrado que la democracia no rima, definitivamente, con Bielorrusia.
En su lucha por la libertad, los activistas demócratas cuentan con el apoyo de su país vecino: Polonia.

Para los bielorrusos perseguidos por el régimen de Lukashenko, Polonia representa una tierra de asilo. A raíz de las elecciones bielorrusas, la oposición organizó una rueda de prensa en Varsovia, no en Minsk, donde la libertad de expresión es una utopía. En las instalaciones de la agencia de noticas polaca PAP, activistas, esposas de prisioneros, periodistas independientes bielorrusos y expertos se turnaron para hablar ante la cámara. En el fondo de la sala, alguien levantó una pancarta en la que se leía “Feliz cumpleaños”, dirigida a Ales Bialiatski, opositor bielorruso encarcelado. Los activistas del país se trasladan con regularidad a Polonia para hablar con la prensa local y extranjera. Encuentran en su vecino un verdadero aliado. Y, de hecho, hay una especie de hermandad entre los dos pueblos.

Los periodistas independientes se encuentran en los primeros puestos de la lista negra de Lukashenko. No hay libertad de opinión. Tampoco hay libertad de expresión. Y mucho menos libertad de prensa. Las intimidaciones y los numerosos controles de la KGB bielorrusa acaban con las redacciones rebeldes. En las prisiones, los opositores políticos suelen tener periodistas como compañeros de fortuna. Este es el caso de Natalia Radzina, redactora jefe de un portal de internet independiente, Karta'97. Fue encarcelada por haber participado en la manifestación de la oposición el 19 de diciembre de 2010: la noche de las elecciones presidenciales tras las que Lukashenko fue nombrado nuevamente jefe del estado. Para muchos librepensadores, esta es la fecha del inicio de los problemas. Una vez fuera de la cárcel, Natalia buscó refugio en Polonia y Lituania, desde donde continúa sus investigaciones sobre Bielorrusia.

Hermanos y compañeros

Si desconoces lo que está ocurriendo en Bielorrusia, puedes leer nuestro dossier Hecho en Minsk: ¿donde estás, mundo libre?

Lukashenko no se contenta con obstaculizar a la prensa, sino que también ataca a la minoría polaca de Bielorrusia: una comunidad de unas 400.000 personas sobre una población total de 10 millones de habitantes. Las asociaciones se han convertido en objeto de represalias: el régimen les reduce los víveres y las intimida. Es este el motivo por el que los polacos sienten aversión al enemigo de los opositores bielorrusos —y es bien conocido que “el enemigo de mi amigo es mi enemigo”—. Así pues, Polonia, en cuanto tiene oportunidad, se organiza para ayudar a la oposición bielorrusa. En Varsovia los colectivos de ayuda como Solidarni z Białorusią (en castellano, Solidaridad con Bielorrusia) organizan regularmente reuniones con los activistas y también eventos para el gran público, como los conciertos de apoyo. Yulia Slutskaya es la presidenta: “Hemos creado nuestra oficina de información en enero de 2011 a raíz de las manifestaciones del 19 de diciembre. Este colectivo actúa como un puente entre Bielorrusia y la comunidad internacional. La situación bielorrusa debe permanecer en el punto de mira, el mundo debe saber que es lo que está pasando aquí”.

Manifestación organizada en Varsovia por este colectivo en 2008.

Guerra de líderes

El compromiso con la oposición bielorrusa también es política. En cuanto se presente la ocasión, el estado polaco tomará partido. Durante la presidencia polaca del Consejo de la Unión Europea, de julio a diciembre de 2011, el gobierno de Donald Tusk tuvo que organizar la segunda cumbre de la Asociación Oriental: un acuerdo entre la UE y seis países de la Europa Oriental y del sur del Cáucaso (en concreto, Armenia, Azerbaiyán, Georgia, Moldavia, Ucrania y Bielorrusia). En Varsovia, los días 29 y 30 de septiembre de 2011, Donal Tusk y su ministro de Asuntos Exteriores, Radosław Sikorski, organizaron un frente anti-Lukashenko: el “último dictador de Europa” no fue invitado —al igual que sus homólogos— al considerársele persona non grata.

Al mismo tiempo, el primer ministro polaco y el presidente del consejo, Herman Van Rompuy, recibieron a la oposición bielorrusa en el marco de la cumbre de la Asociación Oriental. Uno a cero. Y recientemente, Ales Bialiatski, opositor político condenado a cuatro años de prisión por haber participado en las manifestaciones del 19 de diciembre de 2010, fue galardonado con el premio Lech Wałęsa por su compromiso a favor de los derechos humanos. Aún encarcelado, fue su mujer, Natalia Pinczuk, quien recogió el premio. El Lech Wałęsa lleva el nombre del líder histórico del sindicato polaco Solidarność y es una nueva prueba del apoyo del país. Dos a cero para Polonia.

El presidente del Consejo Europeo y el primer ministro polaco excluyeron de la cumbre a la Bielorrusia de Lukashenko.

Una historia común

En la lista de los defectos de Lukashenko, hay uno que tiene un peso importante a ojos de la sociedad civil polaca: su devoción hacia Rusia. Después de la época comunista, Polonia no mira con buenos ojos todo aquello que tenga que ver, de cerca o de lejos, con el país de Putin. Así lo demuestra la fuerte reacción del público frente a la catástrofe aérea de Smolensk, pues se sospecha que fue un complot en cadena. Y puesto que “el enemigo de mi amigo es mi enemigo”, “el amigo de mi enemigo también es mi enemigo”. El peso de la historia ha sellado la fraternidad: igual que Polonia, los bielorrusos lucharon por su independencia en vísperas a la disolución del bloque soviético. Hermanos y compañeros de armas. Salvo que hoy en día unos viven en una democracia y otros, en una dictadura.

Fotos: portada, (cc) kirillbelaru/Flickr; texto, (cc) kasia_jot/Flickr y (cc) europeancouncil/Flickr.