Bienvenidos a Sovietlandia

Artículo publicado el 11 de Marzo de 2005
Artículo publicado el 11 de Marzo de 2005

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Transnitria, una región al borde de la enésima guerra civil. Donde el tiempo parece haberse detenido.

Transnitria es una de las muchas repúblicas que se han autoproclamado independientes dentro de los territorios surgidos de la desmembración de la Unión Soviética. Con una población de 700.000 personas, esta región, cuya capital es Tiraspol, se encuentra en una franja de terreno situada entre el río Dniestr y Ucrania. Posee un viejo sistema productivo, vestigio de lo que en su día fuera un distrito industrial soviético. Sus aspiraciones independentistas se diferencian de las de Osetia o Abjazia (Estados, ambos, inexistentes para la comunidad internacional) por cuanto que Transnitria mantiene de manera fiel las características culturales y militares del viejo imperio soviético.

La secesión

Con el desmantelamiento del viejo aparato soviético en 1991, Moldavia, por boca de su presidente Snegur, declaró su intención de unirse a Rumania, con quien comparte un mismo origen cultural y lingüístico. Los líderes políticos de Chisinau -la capital- se apresuraron a aprobar una ley decretando el rumano como lengua oficial, reintroduciendo el alfabeto latino y ordenando acuñar de nuevo el Leu como divisa monetaria oficial. Pero esta unión con Rumania nunca se ha llevado a cabo. La comunidad rusófila de Transnitria, sintiéndose amenazada, inició un proceso de separación que desembocó al poco tiempo en una sangrienta guerra civil en la que contó con el apoyo de la 14ª división del Ejército Rojo (aún en activo y dirigida por dos generales, uno de origen ucraniano y el otro checheno).

Aún hoy no se ha dado reconocimiento formal alguno a este pequeño Estado, ni éste se ha convertido región federal dentro de Moldavia.

Un inmóvil reflejo de la Historia

Transnitria puede ser considerado como el único Estado soviético que sobrevivió a los años noventa: la lengua oficial es el ruso, las estrellas rojas y las estatuas del viejo régimen han permanecido en su sitio y el poder político y económico se hallan en "manos seguras". La región está gobernada de forma totalitaria por la familia Smirnov. El padre, en calidad de presidente, y el hijo, en calidad de dirigente, gestionan la única industria nacional que tiene permiso para exportar mercancías y distribuir carburantes.

El presidente-empresario, Igor Smirnov, ha formado un gobierno filo-eslavo apoyado por Rusia y Ucrania y, se dice, financiado por el comercio ilegal de material bélico. De hecho, de las regiones de Moldavia -la nación con el PNB más bajo de Europa-, Transnitria parece ser la única con un comercio floreciente: el sumergido. Muchos sostienen que la mayor parte de los movimientos terroristas e ilegales adquieren el material bélico directamente de las fábricas dirigidas por Smirnov.

En las elecciones de 2001, el líder del partido comunista, Vladimir Voronin, obtuvo un 70% de votos. Este resultado se dio gracias a su promesa de encontrar una solución al problema de la secesión mediante acuerdos bilaterales con Rusia y Occidente. Sin embargo, hasta hoy no ha sido posible conseguir la pacificación y las relaciones entre las dos facciones moldavas se mantienen frías e inestables. Lo demuestra el hecho de que en 2004 se cerraran en Transnitria las escuelas en lengua rumana; los soldados del Ejército Rojo impidieron la entrada en las aulas. De hecho, la retirada preventiva de las tropas por parte de Moscú nunca ha llegado a producirse.

¿Nunca más olvidados?

Durante años, Moldavia ha sido ignorada tanto por Europa como por Estados Unidos. En la mesa de negociación constituida para encontrar una vía de solución se han reunido, además de los representantes de Chisinau y Tiraspol, los de la OCSE, Rumania, Rusia y Ucrania. Hasta hace poco, Bush aún no se había encontrado con Voronin, el actual presidente moldavo. Entre los dos, aprobaron de forma bilateral un paquete de medidas del Fondo Monetario Internacional para dar un respiro a las vacías arcas de Chisinau.

El partido de Voronin no ha obtenido la mayoría cualificada en las elecciones de la pasada semana para elegir al nuevo presidente, aunque la oposición se muestra débil y la barrera del 6% permite de facto a los comunistas dirigir el país con el 33% de los votos populares efectivos.

Una tierra con un futuro incierto

El giro filo-americano de Voronin y el consiguiente acercamiento de Occidente corren el riesgo de provocar un nuevo enfrentamiento nacional que debilitaría aún más el ya de por sí inestable futuro de este país acusado, además de por comerciar con armas, por el tráfico de niños y de órganos. Transnitria aparece como una reserva soviética, un Estado de hecho inexistente que, de no representar una amenaza para la estabilidad de la región, podría definirse como Sovietland, un parque temático sobre la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas. Por desgracia, la tensión con Chisinau es fuerte, y con el actual giro occidental de Ucrania es difícil prever si los grandes actores internacionales se involucrarán y buscarán una solución pacífica o si esta tierra ya atormentada por la pobreza deberá soportar el trauma de una nueva guerra civil.