Binche: de los conquistadores a los Giles

Artículo publicado el 20 de Febrero de 2006
Artículo publicado el 20 de Febrero de 2006
Fiesta de luz y color a la más pura tradición valona, el carnaval de Binche (Bélgica) forma parte desde 2003 del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

"No hay fiestas más grandiosas que las de Binche”, se decía con orgullo en la corte española del siglo XVI. Binche, una pequeña aldea de la región valona a unos sesenta kilómetros de Bruselas acoge desde siglos al más famoso carnaval de Bélgica. Se trata de una celebración que se remonta a 1395, fecha en la que María de Hungría -por entonces Dama de Binche-, con la intención de impresionar a su hermano Carlos V y al hijo de éste, Felipe II, organizó siete días de bailes, banquetes, desfiles militares y fuegos artificiales. La fecha coincidiría por otra parte con el regreso de una misión de exploradores españoles tras el descubrimiento de América. Por ese motivo, las gentes de la corte ibérica que acompañaban a los príncipes se disfrazaron de incas para conmemorar las recientes victorias de los conquistadores. En Bélgica, una muchedumbre deslumbrada por el resplandor de tan vistosos trajes, conseguiría perpetuar la tradición.

Érase una vez un Gil

El "gil", en clara alusión a un nombre español muy en boga en el siglo XVI, es el personaje tradicional y principal elemento de este carnaval que conmemora la llegada de la primavera y se caracteriza por bailar danzas típicas, así como por su atuendo: un traje repleto de galones con los colores de la bandera nacional y su impresionante sombrero de plumas de avestruz. Cada adorno tiene su propio significado simbólico, y así encontramos leones de Bélgica, escudos, coronas e incluso estrellas. Los colores dominantes son el negro, el amarillo y el rojo. En ocasiones, se necesitan decenas de metros de tejido para confeccionar alguna parte del traje, como el cuello, que a veces llega a precisar de hasta ciento cincuenta metros de lazo. El “gil” lleva también lo que se conoce como un apertintaille, un cinturón compuesto de entre siete y nueve campanillas a la altura del talle, así como por un cascabel que se coloca sobre la pechera. Los "giles" tienen que respetar algunas costumbres. Por ejemplo, no pueden caminar si no van acompañados, por lo menos, de un tamborilero, no pueden sentarse en público, ni emborracharse. Además, tienen que ser obligatoriamente de origen binchés. Ni que decir tiene que el "gil" difícilmente pasa desapercibido.

Tres días "carnales"

La fiesta se divide en dos partes: el carnaval y el pre-carnaval, también denominado soumonces. El carnaval propiamente dicho comienza cuarenta y nueve días antes de la Semana Santa, y los soumonces, seis semanas antes del carnaval. Los domingos quinto y sexto anteriores al carnaval, las comparsas o sociedades, formadas por grupos de "giles" o también de disfraces fantasiosos, se dan cita cuando empieza a anochecer y salen, sin disfrazarse por las calles de Binche al ritmo de los tambores. Durante el domingo de carnaval, "giles", marisnes, pierrots y arlequines desfilan por las calles de la ciudad, bailan al son de la fanfarria, exhibiendo sus resplandecientes trajes. Cada noche, una sesión de fuegos artificiales ilumina la Plaza Mayor de Binche, mientras las calles se llenan de color con los confetis que arroja la gente. El día grande es el martes de carnaval, el único en el que los "giles" estrenan sus famosos sombreros formados por casi trescientas plumas de avestruz, unos gorros que pesan tres kilos y que recuerdan a los tocados de los incas. Desfilan cubiertos por una máscara de cera que simboliza la igualdad entre las gentes y que está registrada en la Oficina Europea de Patentes, de modo que únicamente pueden lucirse o venderse en la ciudad. Todo empieza a las cuatro de la mañana con "la recogida": al sonido de la "alborada matinal" -una especie de flauta de seis agujeros- los "giles" se van juntando unos en casa de otros, dándose la bienvenida con una copa de champán. Cerca de un millar de "giles" se dirigen hacia la estación de Binche donde se reúnen para desayunar ostras y champán. A partir de ahí todos se juntan para el gran desfile, desde donde ofrecen o arrojan, según los casos, naranjas a la muchedumbre. Cuando cae la noche, se reúnen de nuevo para bailar, esta vez alrededor de una gran hoguera. La fiesta se prolonga durante toda la noche y el cese del sonido de los tambores, al amanecer del miércoles de ceniza, marca el comienzo del ayuno de la Cuaresma.

El Carnaval de Binche se celebra los días 26, 27 y 28 de febrero.