Birdman vuela de verdad

Artículo publicado el 8 de Marzo de 2015
Artículo publicado el 8 de Marzo de 2015

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A raíz de la lluvia de premios, Birdman hace discutir cada vez más pero, gracias a las proezas virtuosas y a los vuelos de un maestro, la película consagra y relanza su autor Iñárritu y su protagonista Michael Keaton.

Birdman es la película del momento. Ganadora de cuatro prestigiosas estatuillas en los Óscar (mejor película, mejor director, mejor guión original, mejor fotografía) y de dos Golden Globe (mejor guión, mejor actor), sólo esta película puede distraer el público de las ridículas sombras de gris y de la enesima visión patriótica de Eastwood.

Para los espectadores casuales, Birdman resume en manera jactanciosa el cartel actual de las salas (almenos aquellas parisienses), capturando el ritmo de los tambores del sueño americano de Whiplash y la unión surrealista entre realidad y sueño de Réalité, sin olvidar la exposición alternativa del género super(anti), héroe de Vincent n'a pas d'écailles. Para los apasionados con más memoria, la obra puede evocar, entre otras cosas, la constante renovación de Holy Motors, la veracidad estremecedora del Cisne negro, las escenas complejas de Synecdoche New York y el uso de planos secuencia de La sogaEl arca rusa.

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Pero antes de todo Birdman confirma e impone definitivamente al gran público la calidad de un autor, Alejandro González Iñárritu, que tuvo el coraje de reinventarse con mucha fuerza. El cineasta mexicano había acostumbrado a los cinéfilos internacionales, en los últimos quince años, a películas intensamente trágicas y con una estructura dramática coral y fragmentaria, como Amores Perros, 21 Gramos, Babel, Biutiful. Con Birdman, Iñárritu revoluciona su cine, no solo en la técnica, en el género, en la expresión sino también en el pensamiento, dando vida a una obra dinámica, irónica, concentrada y esquizofrénica. Para muchos, amantes de su viejo estilo, este cambio radical es una derrota, una pérdida de su sello personal, un acercamiento a los dictámenes estadounidenses. En algunos aspectos, es cierto. Sin embargo, como decía Enrico IV, «Birdman  bien vale una misa».

Seguramente tenemos que citar el virtuosismo del efecto plano secuencia, obtenido con una ingeniosa unión en fase de montaje de largos planos secuencia vinculados por enlaces camuflados. Técnica, la del plano secuencia - que consiste en la realización de una toma sin cortes durante un tiempo bastante dilatado, generalmente empleada para dar continuidad y realismo a la escena - que en esta película hace sumergir (y correr) el espectador en la preparación claustrofobica de la primicia teatral de Riggan Thomson en What We Talk About When We Talk About Love, ex estrella nota sólo por su interpretación en la saga de éxito "Birdman" y que pretende relanzar su carrera.

La filmadora se desenreda entre los camarines y pasillos, entra dentro las puertas, realiza vuelos pindáricos por la ventana para entrar por detrás y seguir siempre pegada al paso de los personajes encarcelados dentro de las venas de Nueva York vista en manera frenética, histérica y al mismo tiempo melancólica entre los teatros de Broadway. Con un constante acompañamiento y contrapunto, el ritmo sincopado de la batería como soundtrack es perfecto, ya que acentua un solo del protagonista entre las variaciones del tiempo, los cortes repentinos y redobles violentos y de este modo nos hace pensar a una improvisación free jazz cuando en cambio nos encontramos en frente de una partitura (narrativa y coreográfica) inamovible. De hecho, la dificultad del experimento se funda no sólo en la agilidad de los actores (Micheal Keaton, Edward Norton, Zach Galifianakis, Naomi Watts, Emma Stone) y del director de fotografía (Emmanuel Lubezki), pero sobre todo en el guion cinematográfico maquinado hasta en los más pequeños detalles.

Birdman (2014) - Trailer

¿De qué se trata este guion cinematográfico? habla del ego de las personas, de aquello que nos consuma y nos entusiasma, y que no nos abandona hasta que no tomamos el control. Pero también del sistema del espectáculo que se alimenta de la construcción de mitos, de la pluma de los arrogantes, de la aclamación de la masa, de la luz de las estrellas, del conflicto interpersonal, de telón que no se cierran del todo y de los éxitos de taquillas que vencen ciertas disertaciones sobre el amor. Birdman sigue los actores en el constante entrar y salir de la escena, en sus movimientos perpetuos entre el palco y el bastidor, en un espacio fluido sofocado por las inquietudes de quien lo recorre. Hay una frontera entre la vida 'dentro de la escena' y la vida 'afuera de la escena', entre quién finge en la realidad y nunca en el teatro (Norton) y quién debe renacer en la realidad para revivir el sueño del teatro (Keaton).

Los actores tienen miedo de desaparecer. Su existencia es proporcional a la permanencia de su imagen en la memoria del público. Vida y carrera comparten la misma sangre: la sangre del cuerpo del actor que manchará el palco servirá para exhumar el ánimo de la persona en el lecho del hospital. Persona y actor terminan por coincidir, y Riggan Thomson tomando vuelo deja el recuerdo del viejo ego/Birdman sobre la taza del retrete, literalmente y con los ojos verdes de su hija que miran hacia el infinito, por primera vez a admirarle. Iñárritu te pone las alas.