Björn Lomborg: El ecologista escéptico de Europa

Artículo publicado el 11 de Marzo de 2008
Artículo publicado el 11 de Marzo de 2008
Experto danés en ciencias políticas, se enfrenta al despliegue publicitario, el alarmismo y la cobertura mediática que rodean al medio ambiente y analiza si Europa ha establecido correctamente sus prioridades en la lucha contra los problemas ambientales.

“Siempre se animan a compartir una pizza y a jugar con mi X-box.” Nos encontramos con el Doctor Björn Lomborg en Copenhague mientras habla de sus amigos. Este simpático académico de 42 años recuerda físicamente a un jugador profesional de tenis, y su animado acento californiano apenas si deja entrever sus orígenes daneses.

Sin embargo, el Ecologista escéptico (título de su libro publicado en 2001), en 2008 fue nombrado por el diario británico The Guardian una de las “50 personas que podrían salvar el planeta”, y se le ha descrito como uno de los principales científicos y políticos realistas de Europa. Lomborg cuestiona la mayoría de las afirmaciones casi dogmáticas acerca sobre el calentamiento global, la sobrepoblación del planeta, los recursos energéticos, la deforestación, la extinción de las especies y la escasez de agua, basándose en métodos científicos tales como las muestras, los análisis o el cálculo.

Lomborg saluda al oscarizado y Premio Nobel de la Paz, Al Gore (Foto: lomborg.com)

El calentamiento global no es una prioridad

Al contrario de lo que muchos piensan, Lomborg no niega la existencia del cambio climático. Lo que hace es poner en duda cuestiones como la importancia de las emisiones de CO2, que son el elemento central del discurso de personalidades como el ex vice-presidente americano Al Gore en su película de 2006 Una verdad incómoda. “La película plantea tres argumentos”, señala este Presidente del Centro del Consenso de Copenhague y profesor adjunto de la Escuela de Negocios de Copenhague: “El calentamiento global es una realidad. Será algo catastrófico. La lucha para combatirlo debería ser nuestra prioridad. Pero por muy incómodo que pueda resultarles a los productores de la película, lo cierto es que sólo el primer argumento es correcto.”

Cuando se produjeron las riadas de Praga y Dresde en 2002, grupos ecologistas como Greenpeace alegaron que las devastadoras inundaciones se debían al calentamiento global originado por el hombre. Según Lomborg, decir esto sería simplificar demasiado, ya que los estudios hidrológicos elaborados por científicos indican que estos acontecimientos respondían a parámetros normales: las tormentas de verano en Europa central “correspondían al tipo de precipitaciones que cabe esperar en un clima caracterizado por el calentamiento”, tal y como lo recoge The New York Times.

Inundaciones provocadas por el Elba en verano de 2002, Alemania (Foto, pbr42/ Flickr)

En la película del ganador de un Oscar y Premio Nobel de la Paz también se ilustran otras catástrofes. Por ejemplo, se predice que el aumento del nivel del mar a consecuencia del cambio climático supondrá que países como los Países Bajos queden sumergidos bajo 6,5 metros de agua. Lomborg señala que una exageración así no está avalada por las investigaciones del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, el panel climático de las Naciones Unidas galardonado junto con Al Gore con el Premio Nobel de la Paz en 2007), en cuyo informe de 2008 se prevé que el nivel del mar aumentará tan sólo 38,5 cm. Lomborg añade el 7 de febrero en The Guardian que “una subida de 38,5 cm es problemática, pero que esto no implica en absoluto la desaparición de una civilización”. Ciudades como Ámsterdam y Londres estarán preparadas para reforzar sus mecanismos de defensa ante las inundaciones.

Posibles soluciones

En cuanto a las posibles soluciones frente al cambio climático, Lomborg replica que no deberíamos concentrarnos sólo en la reducción de las emisiones de CO2, lo que en el caso de la UE se refleja en un esfuerzo por disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 20% (sobre los niveles de 1990) antes de 2020. Al contrario, lo que Lomborg propone es la adopción de lo que podrían llamarse alternativas sociales o políticas que consistirían en invertir nuestros escasos recursos en proyectos orientados hacia la felicidad humana tales como la reducción de la pobreza. Sugiere, por ejemplo, que el coste anticipado de un trillón de euros destinado a reducir las emisiones de carbón que originarían un efecto global, habría tenido una aplicación más eficiente si esta cantidad se hubiese destinado a prevenir y tratar el SIDA, a eliminar la malaria y a abastecer de agua limpia y potable a los más pobres.

Lomborg se encarga de proporcionar a políticos europeos como la canciller alemana Angela Merkel o el presidente francés Nicolas Sarkozy paquetes de políticas públicas, en especial relacionadas con la energía nuclear, que les permitirán establecer las prioridades del gobierno para acometer los retos a los que se enfrenta Europa. Este tipo de políticas son más rentables y constituyen medidas más interesantes para el desarrollo económico que las sugeridas por Al Gore, las cuales limitarían de manera significativa las oportunidades para solucionar los problemas del futuro.

En la conferencia celebrada hace poco en Bali en Diciembre, en diciembre 2007, Björn Lomborg observó que “los progresos concretos han sido muy escasos a pesar del teatro de Bali. De hecho, no se ha avanzado demasiado desde 1995 hasta tal punto que, desde 1990, las emisiones de la UE han ido creciendo por encima de las de los Estados Unidos”. Quizá esto explique por qué el Protocolo de Kyoto todavía no se ha aplicado por completo en todos los países del mundo.

Los niveles del río Elba a su paso por Alemania en invierno de 2007 son alarmantes