Boko Haram o el 'ombliguismo' europeo

Artículo publicado el 5 de Febrero de 2015
Artículo publicado el 5 de Febrero de 2015

Uno de los atentados más sangrientos de este siglo tuvo lugar a principios de 2015. No se trata de Francia sino del noroeste de Nigeria. Comparado con el atentado a Charlie Hebdo, las informaciones sobre la masacre perpetrada por Boko Haram son a penas más consistentes que una nota a pie de página. Ya es hora de prestar atención más allá del Mediterráneo. 

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Después de las concentraciones masivas que tuvieron lugar en París, los arrestos en los círculos islamistas de Alemania y de otros países europeos, han proporcionado a los periódicos locales material suficiente. Así, Europa se ha centrado en sí misma. Los problemas de Nigeria no les conciernen desde hace tiempo. Siendo poco comentado por los medios occidentales, Boko Haram ha logrado extender su poder a las fronteras del ChadCamerún, dos países que se ven a partir de ahora forzados a intervenir militarmente. 

Ciertamente, Angela Merkel desea determinar en qué medida la Unión Europea puede apoyar a nivel logístico y financiero a las fuerzas africanas; la posible participación de una unidad antiterrorista multinacional está incluso siendo debatida en este momento. Aún así, la mayoría de la población de Nigeria se siente sola frente al problema terrorista. "La comunidad internacional no ha reaccionado con la misma diligencia contra Boko Haram que contra el Estado Islámico u otros grupúsculos terroristas", declara Abraham Sunday Odumu, profesor para la Educación de la Ciudadanía y Gubernamental en la Politécnica Federal de Kaura Namoda, al noroeste de Nigeria. Su región no se ha visto afectada por los brutales ataques de Boko Haram pero "cada vez que una región del noreste es atacada, todos sentimos el dolor y la amenaza". 

Mirar allí donde duele

"La protección de los ciudadanos es un deber del gobierno pero el terror que Boko Haram infringe parece tomar enormes dimensiones", dice Odumu. Es por eso que los esfuerzos del Gobierno de Nigeria no han sido, según él, suficientes. "Así, diferentes medidas deberían incluirse", afirma. El hecho es  que el jefe del Estado del país, Goodluck Jonathan, se ha apresurado a condenar abiertamente los atentados terroristas en París pero, en cambio, no ha dicho nada hasta ahora sobre la masacre perpetrada en su propio país. Parece que está muy ocupado en esta etapa candente de la campaña electoral. Muy preocupado por no arriesgarse a perder las elecciones presidenciales inminentes de mediados de febrero, al confesar su impotencia frente a la secta terrorista. Es casi cínico pensar en que Jonahtan había hecho de la represión a Boko Haram una de sus promesas electorales más importantes, junto a la lucha contra la corrupción.

Con su retórica espesa, el dirigente no sólo hace sonar las alarmas entre la opinión de los nigerianos exiliados. Amnistía Internacional juzga "el compromiso del gobierno de Nigeria contra Boko Haram insuficiente", como declara Christian Hanussek, coordinador para Nigeria de la sección alemana de AI. También expresa lo que muchos nigerianos sienten: un resplandor de esperanza, aunque débil, ahora que Jonathan se ha distanciado del eslogan electoral no oficial #BringBackJonathan2014, una alusión de mal gusto a la campaña web mundial #BringBackOurGirls. Sus defensores reclaman medidas concretas para la liberación de las jóvenes de Chibok secuestradas en abril de 2014. La cólera que este eslogan electoral ha provocado entre la población del país refleja su confusión ante la pasividad del gobierno en todo lo que concierne a Boko Haram.

A pesar de todo, sería un error pensar que el norte islamista de Nigeria sólo está afectado por los graves atentados a los Derechos del Hombre. El país más poblado de África se encuentra en el número 12 del índice de impunidad 2014 del Comité para la Protección de los Periodistas a causa de las muertes de diversos periodistas, cuyas causas aún no se han resuelto. Hace tan sólo un año, el presidente Jonathan impuso una de las medidas más represivas del mundo contra las parejas homosexuales. Por no hablar de la violencia policial, las condiciones inhumanas de las prisiones y la ausencia de protección pública de las muejeres y los niños. 

Christian Hanussek resalta que son precisamente estos atentados en contra de los Derechos del Hombre, cometidos por las fuerzas de seguridad, los que contribuyen al fracaso del combate contra los radicales. Amnistía Internacional incita al "Estado de Nigeria a proteger a sus ciudadanos de Boko Haram, llevar a cabo investigaciones reglamentarias y juzgar a los culpables". Además de eso, es necesario ser conscientes de que "hay seres humanos que son arrestados, torturados y asesinados al azar por las fuerzas de seguridad. La comunidad internacional debe ejercer una presión sobre el gobierno de Nigeria para que luche contra Boko Haram siguiendo las reglas de un Estado de derecho".                                                                                                                                                                           A mediados de enero, el presidente del Bundestag, Norbert Lammert, llamó a hacer un minuto de silencio en homenaje a las víctimas de los atentados de París para "mostrar nuestro respeto, compasión y solidaridad". Es superfluo especular si habríamos mostrado el mismo respecto a las víctimas de Nigeria si la masacre de Baga, de principios de mes, hubiera copado las informaciones. 

Las reacciones a los atentados de París muestran que nuestros medios no se dejan amordazar. Pero mientras que Europa continúa mirándose el ombligo e ignora deliberadamente las masacres colectivas como la de Nigeria, no hace más que un uso insuficiente de su célebre libertad de prensa. Quizá es el momento de pedir prestado un eslogan de los americanos y resaltar el sentido de #NigerianLivesMatter, en las calles. Al menos sería un comienzo.