Bolonia, un proceso a diferentes velocidades

Artículo publicado el 16 de Mayo de 2005
Artículo publicado el 16 de Mayo de 2005

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

40 países con sistemas educativos diferentes se ven inmersos en el “proceso de Bolonia”. ¿Cómo conseguir la armonización deseada de aquí a 2010? Distintos ejemplos nos muestran que cada cual avanza a su ritmo.

A cinco años de la fecha prevista como punto final del proceso, la progresiva puesta en marcha de la reforma universitaria europea resulta un tema en extremo compleja y, cómo no, controvertida. La implantación del sistema de créditos ECTS, la nueva estructura en estudios de grado y postgrado (tres años más otros dos) o la potenciación de la movilidad son algunos de los cambios previstos para facilitar las comparaciones entre estudios y conseguir un “Espacio Europeo de Educación Superior”. Pero de momento, el ritmo de desarrollo de esta megareforma varía entre los países implicados.

Aun siendo una reforma de tan amplio alcance, el proceso de Bolonia no ha significado una remodelación drástica del sistema en todos los países. Por ejemplo, en Inglaterra y en Irlanda no se prevén grandes cambios, dado que se considera que su sistema es la base de la reforma. En Chipre, Dinamarca e Islandia ya se aplicaba un sistema universitario parecido al de Bolonia antes de la firma del acuerdo. Y entre los países que han adaptado sus sistemas, algunos como Noruega, Lituania o Luxemburgo ya han completado la reforma.

Miedo a la nueva estructura

En España, el proceso lleva un cierto retraso. Aun así, en algunas universidades, como la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), se han introducido ya algunos cursos piloto. Para Miriam Rodríguez, una estudiante afectada por estas pruebas, lo único que ha cambiado ha sido que con la estructura de créditos “el trabajo realizado en casa se tiene mucho más en cuenta y tiene más peso en la nota final”. Aun así, “en España, hasta enero no aparecieron los decretos que reglamentan los grados y postgrados y eso quiere decir que vamos con retraso”, confiesa Victor Llagostera, responsable de la implantación del proceso de Bolonia en la UAB. Pero añade: “En septiembre aparecerán las directrices de cada titulación, lo cual nos hace pensar que volvemos a tomar el buen ritmo”.

Entre los países que han tenido que introducir cambios importantes en su modus operando, Francia y Alemania van muy avanzados. Así, en Francia, la estructura bautizada como LMD (Licence-Master-Doctorat) ya se ha introducido en el 75% de facultades y llegará a la práctica totalidad en el curso que viene; sin embargo, es uno de los países en donde los cambios han recibido más críticas. El sindicato estudiantil UNEF acaba de publicar un balance de la reforma en Francia en donde resalta 23 puntos negativos. El problema “no es la armonización de la educación superior en Europa, sino que ésta se aproveche para romper el marco nacional de la educación que había hasta ahora y comporte una pérdida de derechos sociales de los estudiantes”, explica Jean Baptiste Prévost, responsable de la sección internacional de la UNEF y miembro del comité ejecutivo de la agrupación europea de sindicatos de estudiantes ESIB.

En Alemania la reforma se encuentra bastante avanzada y los antiguos Diplom, Magister y Staatsexamen van desapareciendo en favor de los nuevos títulos que se encuentran ya en la mayoría de universidades. De hecho, en el presente curso, un cuarto de las carreras ofrecen ya estos títulos. Dos tercios de los nuevos bachelor y master aplican también el sistema ECTS. Dicho esto, la sustitución del anterior sistema también ha provocado ciertas resistencias: “El problema es que si cuando se termina el grado no lo aceptan a uno para hacer un master, tu educación universitaria se queda en sólo 3 años y esto provoca cierto temor”, explica Henriette Rytz, estudiante de máster en Berlín.

Italia fue uno de los países que primero empezaron las reformas, pero su introducción fue algo precipitada. El título universitario tradicional, laurea, se conseguía con un mínimo de cuatro años. La división de estos títulos en estudios de tres años (laurea breve) y de cinco años (laurea especialista) ha provocado cierta confusión, acentuada por la introducción paralela del sistema de créditos, totalmente diferente del sistema anterior. Alice Valle, estudiante de la Universidad de Turín, lamenta la falta de información: “Yo llegué a la universidad y me encontré con un sistema nuevo, sin nada de información. Qué significaba la reforma o cómo funcionaba lo hemos descubierto con el día a día”. Eleonora Palermo, también estudiante, se queja de la reestructuración de las carreras: “En Ciencias de la Información y de la Comunicación, antes había 25 exámenes en cinco años. Ahora hay casi 30 en los primeros tres años y una docena en la especialización, ¡y encima, en el mundo laboral, se sigue prefiriendo a los titulados de antes de la reforma!”

Otros países, poco a poco, también van avanzando. Lucia Plavakova, periodista eslovaca, es más bien optimista sobre la introducción del sistema ECTS en su país: “Cada año va un poco mejor y hay que ir acostumbrándose, pero hay que reconocer que hace dos años su introducción fue un caos”. Por el contrario, hay otros países en donde todavía no se ha hecho casi nada, como en Portugal o Polonia.

En una de esas ironías del destino, el Reino Unido ha introducido un nuevo título que parece contradecirse con lo estipulado en Bolonia. Mientras 40 países intentan implantar un sistema basado en el modelo anglosajón de 3+2, este país ha introducido un título de primer grado de sólo 2 años (Fundations Degrees), lo que ha provocado críticas en diferentes países del continente. Aunque se trate de un elemento menor dentro del sistema británico, “para el proceso de armonización europeo, este nuevo grado puede resultar un problema importante”, afirma el doctor Gerard McCann, de la Queen’s University de Belfast.

¿Más movilidad?

La ventaja principal de esta armonización de la formación superior en el ámbito europeo es potenciar el reconocimiento de estudios y la movilidad, tanto de estudiantes como de profesores. Pero para ello todavía queda mucho camino por recorrer. Aunque las últimas cifras indican que el número de estudiantes Erasmus, programa estrella de intercambios, aumentó un 9,4% en el curso 2003/2004, no todo va viento en popa. Las diferencias de calendario entre países para la plena introducción de los créditos ECTS no facilitan el reconocimiento de estudios entre universidades. Además, con una beca de aproximadamente 100 euros mensuales, este programa queda todavía fuera del alcance de muchos estudiantes europeos.

De hecho, las dificultades económicas y sociales son importantes obstáculos que hay que superar para que el proceso salga realmente adelante, según los estudiantes. Es por ello que ESIB pedirá en Bergen un compromiso a los ministros en favor de “un proceso en el cual el ámbito social y los derechos de los estudiantes sean una prioridad”, explica Prévost.

Pero uno de los aspectos más polémicos no es tanto la reforma que implica el proceso de Bolonia, sino el uso que algunos Estados hacen de éste para introducir reformas nacionales paralelas que multiplican la confusión y a menudo también las críticas. Así, tanto el Reino Unido, como Alemania, los Países Bajos, Bélgica o Eslovaquia viven intensas movilizaciones contra el aumento de tasas que los gobiernos respectivos intentan aprobar mientras remodelan sus sistemas de educación superior con el pretexto de Bolonia.