Bondi Beach: Entre el surf y la poesía

Artículo publicado el 5 de Mayo de 2008
Artículo publicado el 5 de Mayo de 2008
Gertrude & Alice. Un nombre poético de resonancias sáficas para un café-librería de estilo europeo en el corazón de la playa australiana más de moda. Eso es: cabellos rubios al sol y una aire de conciencia literaria tan intenso como Shakespeare, según dicen... A pasear por Bondi Beach.

Olas color turquesa, una extensión inmensa de arena blanquísima, rampas de patinaje, hierba y mar: el clima festivo de cuando acaba de terminar el colegio. A lo largo de la costa, puestos en fila, hay: bares, pequeños restaurantes, heladerías, tiendas de tablas de surf y bañadores... Estamos en Sydney. Bondi Beach: paraíso de surferos y estrellas del hemisferio sur. Bermudas muy por debajo de las rodillas, mifaldas justo por debajo del traje de baño, cuerpos esculpidos, unos veinticinco años como media de edad, sandalias por todas partes y de todos los colores. La fauna de Bondi tiene un único objetivo: la diversión. Disfruta de la ola, de la jornada, del salto, de la vida.

El fantástico mundo de Oz

Recuerda a Califonia por su atmósfera estilo Vigilantes de la playa. Entre grupos de jóvenes y vendedores de helados aparecen las cámaras de un reality show: Bondi Rescue ("Rescate en Bondi"), bastante parecido a la serie norteamericana. Solo que aquí los socorristas (y los músculos) son auténticos.

Un petit air de Californie

Recuerda a España por el clima de fiesta, aunque es más ordenada y correcta, cosmopolita y ágil. Recuerda a Italia por las sonrisas y el placer de estar juntos, pero es demasiado perfecta: utópica por su eficiencia y control, al menos a los ojos de quien viene del país de la bota y no está muy acostumbrado a socorristas equipados con quads (motos de playa) y megáfonos. Hoteles baratos y muy coloridos, situados junto a complejos residenciales de precios prohibitivos. Un universo de idiomas hablados y exhibidos en minúsculos objetivos digitales (resistentes al agua, claro está).

Irreverente por diversión, joven por pasión, es el destino indiscutible de cualquier viaje a las antípodas. A lo largo de una única carretera perpendicular al mar se encuentran comercios y cafés divertidos y ligeros, en la superficialidad de un microcosmos sin pretensiones filosóficas: bebidas energéticas, camisetas a la última moda, alguna agencia inmobiliaria, pequeñas cafeterías, Gertrude & Alice.

Como Shakespeare en París

Plus de 25.000 titres sont disponiblesHay veces que uno no llega a reconocer a una persona cuando se la encuentra fuera de su contexto habitual. Es exactamente eso lo que sucede delante del letrero de madera con letras en rojo de este escaparate abierto a la calle. La combinación no parece nueva. Un pasito por aquí, un vistazo dentro del local... Libros por todas partes: paredes, estanterías, cajas, pilas de libros. Sólo conozco otro lugar así: se trata de ‘Shakespeare & Company’, la librería inglesa en París. Allí los equivalentes de Gertrude y Alice serían, sin duda, Stein y B. Toklas (Gertrude Stein y Alice Toklas, escritoras, iconos del movimiento feminista y pareja sentimental), amantes sáficas de ecos literarios. Llega la sorpresa: también lo son en el 46 de Hall Street, Bondi Beach.

A 20.000 kilómetros de París: colores chillones y olor a loción solar, pero el mismo flujo de conciencia que te invade junto a la Notre Dame parisina. El mismo olor a polvo, el mismo silencio religioso, el tiempo inmóvil y la mirada hipnotizada: miles de títulos entre el suelo y el techo. Hay un banco a la izquierda: dos chicas agradables preparan café, calientan croasanes y comida biológica. Alrededor,encontramos sillones, sillas, taburetes, mesas de madera. Ojos azules, negros, verdes, almendrados, fijos o vagabundos recorren páginas amarillentas de libros que han dado la vuelta al mundo.

Pegados a las paredes hay programas de encuentros poéticos, noches de lectura, todo tipo de inflexiones vocales. Ciencia ficción, libros infantiles, literatura de viajes: todo está ordenado por categorías. Los marcapáginas hablan de los países que habitan allí: un billete de tren ruso, una postal francesa, el envoltorio de un dulce andaluz, un recorte de periódico, tal vez de Europa del Este. Nombres, números de teléfono garabateados, pedidos atribuidos a la mesa de vete a saber qué restaurante de comida basura. Si pudiese reconstruir la historia de las manos que han ojeado las pilas de volúmenes se podrían escribir un número parecido de ellos. Contarían cosas de jóvenes mochileros, historias de amor despedazadas y reconstruidas, amistades que duran toda la vida o solamente un par de kilómetros, páginas leídas y pasadas de mano en mano, de cosas compartidas y recuerdos.

Foto: Portada: (cc)LWY/flickr; Bondi Beach: (cc)kagey_b/flickr; Gertrude & Alice: (cc)Aussie Adventures/flickr