Borrell, un personaje incómodo

Artículo publicado el 20 de Septiembre de 2004
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Artículo publicado el 20 de Septiembre de 2004

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Por donde pasa Borrell -nuevo presidente del Parlamento Europeo- termina habiendo noticia. Levanta pasiones encontradas además de ser un coherente europeísta, que ostentó altas responsabilidades en España.

En España, a diferencia de lo que ha sucedido en algunos sectores de la intelligentsia europea, no ha resultado en absoluto una sorpresa el hecho -ciertamente insólito- de que el eurodiputado Josep Borrell haya sido elegido Presidente del Parlamento Europeo en su primera legislatura en Estrasburgo. En lo que sí coinciden algunos medios catalanes, españoles y europeos es en la hostilidad congénita hacia este leridano del pirineo, hijo de panaderos, estudiante becado y voluntario en un kibbutz en los setenta, al que un político profesional como Cohn-Bendit ha calificado recientemente como un “pequeño burócrata” (véase Le Monde del 14 de julio), a raíz de la elección de Borrell a la Presidencia del Parlamento Europeo. Al parecer el representante de los ecopacifistas habría preferido a un neoliberal belicista como Geremek frente a un socialista del ala izquierda, ya que el polaco vendría a ser “una figura histórica”, lo que reduciría la elección a Presidente de la Eurocámara a un concurso de viejas glorias como Cohn-Bendit.

Borrell, en efecto, ha resultado ser siempre un personaje incómodo. Los nacionalistas catalanes literalmente lo detestan. Resulta insoportable que un político socialista, plenamente identificado con España y con su Constitución, lleve dos apellidos catalanes, hable catalán mejor que muchos nacionalistas y sea la viva representación de la total compatibilidad entre la identidad catalana y la española. En cuanto al resto de España, Borrell siempre ha despertado envidias y recelos dentro de su propio partido, e inquietud en los medios y clases sociales más favorecidos, que se resistían con saña a la progresividad fiscal y a la lucha contra el fraude que aplicó con rigor durante su etapa como Secretario de Estado de Hacienda. Un político con una alta competencia técnica y una fuerte fibra ideológica socialdemócrata nunca ha sido del agrado de la derecha. Más novedoso resulta que, al parecer, tampoco lo sea de cierta izquierda europea esteta y de salón.

Un europeísta convencido

Todo ello por no hablar de lo elástica que puede ser la denominada categoría de “pequeño burócrata” en el ámbito de la Unión Europea. Cuando Cohn-Bendit se refería de este modo a Josep Borrell, quizás olvidaba que el señor Monnet, considerado el principal padre fundador del proyecto europeo, era un consejero ministerial. Resulta sin duda curioso ver a antiguos sesentayochistas reciclados mediante escaño parlamentario considerando pasadas trayectorias ministeriales como un demérito, al tiempo que se eleva a los altares a un representante del neoliberalismo atlantista y probelicista más rampante.

Cohn-Bendit no ha sido el único en entregarse a los ataques contra Borrell. Aparte de otros verdes y liberales, el conservador The Times (de Malta) en su editorial del 29 de julio de 2004, en parecida línea, señalaba que Borrell “es conocido por ser un crítico de la política exterior norteamericana, y ha utilizado la guerra de Irak para derrotar a su oponente, uno de los pocos hombres con alguna estatura en el Parlamento Europeo, el polaco Bronislaw Geremek”.

Sin duda, sólo Borrell es capaz de poner de acuerdo a los Estados Unidos con Cohn-Bendit. En efecto, no debe ser del agrado de la Casa Blanca que el representante de la mayor asamblea parlamentaria del mundo sea un socialista y europeísta convencido (nótese que fue representante del Parlamento español en la Convención europea), a favor de aumentar la capacidad militar de la Unión Europea al margen de la OTAN, y en contra de la guerra de Irak y de la globalización neoliberal.

Con todo, este eterno outsider de la política, siempre despreciado por aparatos, gerontocracias, establishments de uno y otro lado, y por la elite en general, se ha demostrado también como un superviviente nato. Es seguro que desde su posición actual seguirá incomodando a unos y a otros.