Bosnia: a paso de tortuga hacia Europa

Artículo publicado el 24 de Junio de 2005
Artículo publicado el 24 de Junio de 2005

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La crisis sobre la Constitución Europea parece retrasar la integración del país balcánico en la UE. Sin embrago, una perspectiva europea es decisiva para estabilizar el país a largo plazo.

En el salón de Neno y Duda en algún rincón de Bosnia se lava la ropa. Entre el sofá y la cocina se amontonan camisas y pantalones manchados. Ambos escaparon de la guerra hace diez años y, como muchos otros, aún no han regresado a su hogar. Y como muchos, ni siquiera se plantean en serio volver a sus casas. Más aún cuando Neno ha dado con una plan para un negocio prometedor: una lavandería “étnicamente correcta”.

Desde entonces hay tres lavadoras en el salón –una para cada grupo étnico bosnio-. Mukelefa, la musulmana, lava su ropa en la lavadora verde. Jelisaveta, serbo-bosnia, lleva su ropa día a día a la lavadora pintada con los colores nacionales serbios: azul, rojo y blanco. Y la bosniao-croata Gertrudis mete sus blusas y sujetadores sucios en la lavadora, típicamente croata, roja a cuadros blancos. “Vaya un país de locos”, murmura Fabian sacudiendo la cabeza. Él, como extranjero, lava su ropa cada vez en una lavadora distinta.

Culebrón jugoslavo

La lavandería instalada en el salón de Neno y Duda es un escenario: Gertrudis, Jelisaveta y Mukelefa lavan durante la serie "Praonica" (literalmente, "lavandería") que se emite en durante la hora punta del canal Alternativna Televizija(ATV). Tres mujeres, tres “etnias”, tres veces ropa sucia. “La gente en Bosnia se parece mucho. Tienen los mismos miedos, los mismos sueños. Pero siguen fijándose mucho en las separaciones étnicas”, dice Dragana Banjac, la productora-jefe de ATV al explicar la idea de "Praonica".

ATV, que se creó gracias a donaciones extranjeras en 1997, se ha forjado en todo el país un nombre y ya se autofinancia con publicidad. Y eso a pesar de que (o precisamente porque) la cadena trata de informar objetivamente. “No tenemos miedo de llamar a los problemas por su nombre”, dice Dragana Banjac, que revoluciona con su pelo corto y su traje de chaqueta la vieja nave industrial de la cadena instalada en Banja Luka.

Perspectiva UE

Problemas: de eso aún hay a montones en Bosnia-Herzegovina. Aunque el tratado de paz de Dayton puso fin a la guerra hace diez años, también creó un Estado lleno de contradicciones: dos entidades, la "Republika Srpska" y la "Federación BiH" con aparatos administrativos propios y un sinnúmero de políticos. Y el cargo del “Alto Representante”, que puede revocar leyes y destituir a políticos democráticamente legitimados. El paro aumenta en el país y un 40% de los puestos de trabajo se encuentran en organizaciones internacionales. No obstante, y a pesar de las diferencias étnicas, los políticos coinciden en que el país puede unirse a la UE en 2009.

La UE permanece algo escéptica frente a tales datos. Un requisito importante para la aceptación de Bosnia-Herzegovina dentro de la UE es la reforma de la policía bosnia. Y precisamente esa reforma se ha rechazado en el parlamento de la Republika Srpska: los 16 gremios diferentes de policía siguen intactos. Y con el No de los franceses y los holandeses a la Constitución Europea se aleja aún más el proyecto de integrar el Estado balcánico en la UE.

¿Un agujero negro al borde de Europa?

La importancia de una perspectiva europea para los Estados balcánicos ha sido señalada por la "International Commission on the Balkans", una élite pensadora de expertos y hombres de Estado. La comisión advierte el riesgo de que se produzca un "agujero negro al borde de Europa". A pesar de que la región ya no se encuentre en los titulares, sigue albergando dinamita política. De acuerdo con un informe actual de la comisión, la gente de los Balcanes necesita con urgencia un mensaje alentador de Europa y la certeza de que podrán entrar mediante reformas en la UE. A ser posible en el 2014, fecha simbólica que marca el centenario de la Primera Guerra Mundial.

Esta perspectiva es sobre todo importante para los jóvenes. “Vivimos aquí en medio de Europa y no pertenecemos a ella”, se queja Michael, un estudiante de medicina de 24 años que vive en Banja Luka. "Ni siquiera estamos en el programa Erasmus".