Brasserie (C): Un beaterio en el centro de Lieja, convertido en fábrica de cerveza artesana

Artículo publicado el 5 de Julio de 2016
Artículo publicado el 5 de Julio de 2016

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La Brasserie {C} es una de las pocas cervecerías belgas situadas en pleno centro histórico de la ciudad ardiente. Un destino obligatorio para los amantes de la cerveza y de la historia a su paso por Lieja.

Hoy la cosa va de historia y cervezas, y para ir abriendo boca, unos cuantos datos históricos: corría el año 985 y en Bélgica nacía el principado episcopal de Lieja, un Estado que vivirá una autonomía plena durante unos ochocientos años, aunque no de manera ininterrumpida. En 1468, sus ciudadanos trataron por todos los medios de resistir los envites anexionistas de Carlos el Temerario, Duque de Borgoña, pero los denominados 600 de Franchimont, al final, no lograron resistir los ataques borgoñones. Precisamente, para honrar la memoria de uno de los valientes  hombres de Franchimont, Vincent Bueren, pusieron su nombre a la escalinata que se hallaba en el barrio de Hors-Château: «la Montaña de Bueren».

La Curtius, una cerveza con muchas medallas

Antes de empezar a subir los 374 escalones de la impresionante Montaña de Bueren, lo mejor es tomarse un reconstituyente y la verdad es que lo tenemos muy bien y muy a mano, porque justo a los pies de las escaleras de la Montaña nos encontramos con la Brasserie {C}. El impresionante edificio en el que se encuentra la cervecería data del S. XVII. Al principio, la edificación albergaba un beaterio, posteriormente convertido en archivo histórico, más tarde museo de arquitectura y finalmente, una de las cervecerías y fábricas de cerveza artesana con más personalidad de la ciudad ardiente.

Todo empezó cuando dos jóvenes liejenses, estudiantes de agronomía, empezaron a apasionarse por el mundo de las cervezas. Tras muchas reuniones con maestros cerveceros, lanzaron en 2012 la Curtius, una rubia con mucho sabor y 7 % de alcohol. Y el caso es que la cerveza gustó muchísimo, dentro y fuera de las fronteras belgas, tanto que, además de venderse en FranciaLuxemburgo y Holanda, la Curtius recibió la Medalla de Oro del Mundial 2016 en Montreal.

¡Ojo, edificio protegido! 

Maxime Bragard, director comercial de Curtius, invitó a Cafébabel a visitar la fábrica, situada en la planta baja. Es precisamente aquí donde se produce artesanalmente ese néctar sagrado, en seis cubas para la primera fermentación y refinado, y otros dos tanques, uno para mezlar la malta y cereales con agua caliente para extraer el almidón, y otro para el filtrado del líquido resultante. Llegados a este punto, uno se pregunta, a la vista del tamaño de las cubas y de la puerta, cómo han hecho para meterlas al interior del local. Nuestro anfitrión nos lo confiesa: «el edificio está protegido, así que no podíamos tirar la puerta. Tuvimos que optar por contratar a unos obreros para que derribaran uno de los muros, metieran los tanques y volvieran a levantarlo en un tiempo record ...¡24 horas!».

Durante el primer año, los ya maestros cerveceros de Lieja, produjeron 540 hectolitros de cerveza y desde entonces, la producción ha ido aumentando de manera constante: de hecho, ya han sobrepasado el límite de los 2000 hectolitros. hasta el punto de haber tenido que adquirir un local en la región como depósito para poder hacer frente al aumento de producción y almacenar cantidades mayores. Pero bueno, ya vale de números, pasemos a lo más interesante y al momento más esperado: ...¿la probamos?.

La Torpah, lúpulo para todos los gustos

Llegamos a la sala de degustación y tras el mostrador nos encontramos la Curtius y otras tres más: las Torpah 30, 60 y 90, una serie lanzada por la Brasserie (C) hace un año. Al probarlas, la diferencia entre una y otra es evidente: cuanto más alta es la cifra, más amarga es la cerveza.

El nivel de amargor no es la única variable en la ecuación mágica de la receta: el lúpulo procede de varios países, y así, el que usa para fabricar la Torpah 30, viene de de Nueva Zelanda, la 60, de Alsacia, y la 90 de los Estados Unidos. Si tuviéramos que elegir una, nos quedaríamos sin duda con la Torpah 60.

Tras la degustación y los agradecimientos a Maxime por su exquisita atención, Cafébabel vuelve a Bruselas, con las papilas gustativas encantadas. Si quereis ahondar en la historia de Lieja y al mismo tiempo disfrutar del maravilloso mundo de la cerveza artesana, la mejor forma de hacerlo es precisamente de la mano de estos dos jóvenes alquimistas. ¿Dónde? Sin duda aquí, en la brasserie {C}!