Brexit: ¿Qué va a pasar con los derechos de los trabajadores?

Artículo publicado el 4 de Abril de 2017
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Artículo publicado el 4 de Abril de 2017

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Finalmente, el miércoles 29 de marzo de 2017, Theresa May activó el mecanismo del brexit. La primera ministra británica no ha dejado pasar la oportunidad de subrayar que el planteamiento de su Gobierno sobre el brexit es «la voluntad del pueblo». Ya veremos si puede respaldar tal afirmación. 

Ahora que la primera ministra británica, Theresa May, ha iniciado oficialmente la retirada del Reino Unido de la Unión Europea, una de las preocupaciones del brexit es cómo puede afectar a los derechos de los trabajadores. 

Una vez Gran Bretaña negocie su salida de la UE, 60 años de derecho laboral protegido por los tratados de la UE estarán en peligro. 

En principio, le legislación de la UE se integrará en el derecho británico, pero luego el Gobierno se valdrá de la Great Repeal Bill (Gran Ley de Derogación, que permitirá al Parlamento británico enmendar o derogar la legislación procedente de la UE) para empezar a eliminar de aquí y de allá lo que no le convenga. 

Pero está bien, porque cuando May asumió sus funciones, en julio pasado, prometió hacer del Reino Unido un país "que funcione para todos". 

Y también es necesario, porque está claro que el país no funciona para todos en estos momentos. En la Gran Bretaña actual, se recortan los derechos de los trabajadores. 

El banco español Santander emplea en el RU a cientos de trabajadores con contratos de 12 horas anuales, según el Financial TimesDoce horas al año.

Los llaman contratos de una hora, por el número de horas mínimo al mes. Después de los controvertidos contratos de cero horas, que no garantizaban al empleado ninguna hora de trabajo, los contratos de una hora son otra forma de contratación que beneficia mucho al empleador y muy poco al trabajador. 

Es posible que desciendan las cifras de desempleo, pero es importante señalar el aumento de la proporción de contrato de cero horas, sin la cual las cifras pueden dar una imagen distorsionada del panorama. Aunque hay más gente con trabajo, un tercio de los que tienen contratos de cero horas dicen que les gustaría trabajar más horas. 

Los contratos de cero horas no son justos para los empleados, que no tienen ninguna seguridad de las horas que podrán trabajar, ni de sus ingresos. Ganan considerablemente menos que los fijos, y como su trabajo es precario, es poco probable que se quejen de sus malas condiciones laborales. 

Prácticamente todas las ventajas son para el empleador, que solo paga por las horas de trabajo efectivo y puede ajustar la fuerza laboral a sus necesidades, lo que puede aumentar sus beneficios. 

Sin embargo, para los trabajadores tiende a ser peor que mejor. Siendo realistas, no puedes comenzar a construir una vida con un contrato de cero horas, porque no puedes contar con unos ingresos estables. 

Los contratos de una hora del Santander pueden ser una prueba del progresivo deterioro de los derechos de los trabajadores y de la creciente capacidad de las grandes empresas para imponer a la sociedad su voluntad. Las evidencias en este sentido están por todas partes. 

La cadena de sandwiches Pret A Manger tuvo que dar marcha atrás a su plan de pagar a sus empleados adolescentes en sandwiches por el escándalo que provocó. 

Sports Direct sigue sin pagar a su personal las cantidades atrasadas que legalmente les debe después de que se descubriera el año pasado que el grupo de venta al por menor había pagado varios empleados sueldos inferiores al salario mínimo. 

Y todo esto ocurre mientras el gobierno británico comienza proceso de negociaciones largo y dificil con la presión de tener que lograr un acuerdo que ayude al país a reconciliarse después de un resultado que lo ha dividido. Una labor hercúlea. 

Si Theresa May quiere dar respuesta a la rabia y el desencanto que impulsaron, al menos en parte, el voto del brexit, no puede permitirse apoyar solo los grandes negocios. Y es eso precisamente lo que puede pasar. 

Mientras duren las negociaciones, el Gobierno querrá mostrar al mundo un RU abierto a los negocios, a fin de compensar cualquie incertidumbre que pueda desanimar a las empresas a invertir.

La primera ministra ya ha apuntado que el Gobierno está preparado para bajar aún más el impuesto de sociedades, mientras que Philip Hammond, ministro de Hacienda, ha propuesto que el RU se convierta en un paraíso fiscal para seguir atrayendo nuevos negocios. 

No veo cómo convirtiendo el Reino Unido en un país de salarios bajos, impuestos bajos y poco bienestar van a reducir las desigualdades y hacerlo más justo; precisamente lo que May prometió hacer. 

El peligro está en que el Gobierno se centre exclusivamente en las consecuencias del brexit (cómo conservar fuera de la UE el atractivo para los negocios) y olvide sus causas subyacentes: la profunda insatisfacción de los «dejados atrás por la economía» y los just about managing (o JAM, trabajadores que ganan lo justo para "ir tirando", N. del T.).

El brexit no puede ser razón para no pedir cuentas a este Gobierno. «Siempre hamos sabido que habría sufrimientos a corto plazo, pero es lo que queríais», es una excusa conveniente para que la administración May no cumpla lo prometido. 

Además, ya se había votado el brexit cuando May llegó al poder. Sabía en que se metía (o eso esperaba la gente, al menos). 

El incumplimiento de sus compromisos no puede, pues, reflejar un cambio en las circunstancias; solo un cambio en sus prioridades. 

Con la oposición más débil desde hace décadas, cuando el país más la necesita, será aún más importante que los británicos expresen su opinión y recuerden al Gobierno cual es realmente la voluntad del pueblo.