Brexit: se cae un mito, renace el proyecto europeo

Artículo publicado el 5 de Diciembre de 2017
Artículo publicado el 5 de Diciembre de 2017

We are leaving the Single Market. Estas seis palabras inundaban la primera plana de periódicos europeos el pasado 18 de enero de 2017, una enunciación de la primera ministra británica Theresa May que ha sacudido la psique del proyecto europeo, un proceso de integración que hasta 2016 sumaba países a su propósito, no recibía peticiones de divorcio.

Primero nos separamos, después acordamos el reparto

“Nos encontramos ante la crisis suprema de la UE”, comenta la profesora de Derecho Internacional Público Casilda Rueda quien, por noveno año consecutivo, junto al Centro de Documentación Europea de la Universidad de Sevilla, organiza un seminario a propósito del aniversario de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa. En este caso, con la siguiente cuestión sobre la mesa: “Brexit: oportunidad o fracaso en la UE?”.

Marta Vadillo, diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores reconoce que la negociación de salida de Reino Unido es uno de los retos más difíciles a los que se ha tenido que enfrentar la UE: “se trata de una base jurídica que permite relaciones posibles”. Unas relaciones que se han fraguado durante los 43 años de convivencia en el proyecto de integración que ahora exigen “recoger toda esa casuística y generar una red sólida porque la base se cae”.

A punto de cerrar la primera fase de negociaciones reguladas por el Artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, un apartado que curiosamente fue redactado por John Kerr, un ex diplomático británico, Vadillo recuerda los tres puntos conditio sine qua non deben ser superados para acceder a la segunda fase, es decir, la relación futura entre Reino Unido y la Unión:

  • La factura de salida estipulada entre 60.000 y 100.000 euros que parece quedará en torno a los 50.000 euros.
  • La frontera entre la República de Irlanda y el Norte de Irlanda, un linde para el que la Comisión pide soluciones imaginativas que no reaviven viejas heridas entre católicos y protestantes y proteja el acuerdo del Viernes Santo.
  • Los derechos de los ciudadanos europeos en Reino Unido y viceversa.

La diplomática del Ministerio de Exteriores se muestra optimista con el tercer punto, el que más preocupa a los tres millones de europeos residentes en Reino Unido, de los cuales, se estima que 300.000 sean españoles, aunque en la embajada solo estén registrados 150.000. Vadillo lo aconseja: “si vives en Reino Unido, regístrate como residente en el consulado más cercano a tu ciudad”.

Theresa May parece haber recapacitado y el pasado mes de septiembre, desde la ciudad de Florencia reiteraba su deseo por que los ciudadanos europeos residentes legalmente en Reino Unido continúen allí con un estatus “asentado”, una nueva categoría migratoria que creará el Ministerio del Interior británico para aquellos ciudadanos europeos que quieran seguir en el país después del Brexit.

Gibraltar, “virgencita que me quede como estoy”

Alejandro del Valle, catedrático de Derecho Internacional Público de la Universidad de Cádiz explica que las ventajas de las que goza Gibraltar en la actualidad provoca que sus habitantes (los llanitos) estén temblando con la salida de Reino Unido de la UE.

Aunque Gibraltar no es espacio Schengen, España desde que entró en 1986 en la actual UE está obligada a garantizar la libre circulación de personas, servicios y capitales y, a pesar de que la Roca no pertenece a la Unión Aduanera ni a la armonización fiscal, el control de mercancías está justificado siempre y cuando no dificulte las libertades anteriormente mencionadas. A partir del 29 de marzo de 2019, fecha en la que se efectuará la desconexión, volverá la verja a cerrarse.

Para el profesor del Valle se debe tener en consideración el tránsito de más de 7.000 trabajadores que cruzan al Peñón diariamente, así como el impacto que éste tiene en la economía del Campo de Gibraltar, alrededor de los 1.000 millones de libras esterlinas en un contexto social que roza el 30% de paro.

“En un proyecto racional donde reina la primacía ética, las irracionalidades son un auténtico peligro. Y esto es lo que ha ocurrido con el Brexit”, defiende del Valle poniendo de manifiesto que The Rock se debe contemplar como un asunto transfronterizo y de soberanía, por lo que Ceuta y Melilla tendrían que entrar en estos puntos sobre los que reflexionar.

Para Picardo, es primordial analizar los efectos de la cláusula 24 de las directrices para la negociación del Consejo de la UE, la cual, según el Primer Ministro, en términos prácticos, otorga a España un veto adicional sobre la aplicación a Gibraltar del futuro acuerdo de relación entre UE/Reino Unido. A lo que Juncker ya ha contestado subrayando que ese punto hace referencia a la venidera relación entre España y Reino Unido, una vez ejecutado el Brexit.

En la página oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores español encontramos las razones principales por las que el Gobierno insta a Reino Unido a devolver la soberanía española al Peñón: Gibraltar es una colonia, la situación colonial de Gibraltar destruye la unidad nacional y la integridad territorial de España y es incompatible con la Resolución 1514 (XV), párrafo 6, de 1960, sobre descolonización en general y en el caso de Gibraltar, la ONU no ha reconocido el derecho a la autodeterminación.

La Ciudad de la Corona, una posible solución

El profesor Alejandro del Valle propone que la cuestión de Gibraltar podría llevar a ser proclamada una Ciudad de la Corona. España siempre ha interpretado reintegrar al territorio español el Peñón “pero la reintegración no tiene por qué ser territorial, puede ser simbólica”.

Del Valle esboza que podría ser una anexión de carácter simbólico vinculado a las coronas británicas y españolas. Eso sí, en ningún caso, la solución a Irlanda del Norte sería extrapolable a Gibraltar ya que existen mensajes que relacionan ambas excepciones al conformar los únicos límites terrestres con la UE.

Un terremoto en el Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia y en el terreno privado

Las excepciones otorgadas a Reino Unido e Irlanda en el proceso europeo de integración son bien conocidas. Los famosos opting out que han dejado al margen a la Pérfida Albión en materia de unión económica, modelo social, cuestiones de seguridad, etc.

Pero la interrelación es imparable: “¿Qué ocurrirá con el principio de confianza mutua? ¿Las euroórdenes? ¿Los impuestos de sucesiones? ¿Todas las cuestiones de familia?”, se pregunta Andrés Rodríguez Benot, Catedrático de Derecho Internacional Privado de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.

Citando a Winston Churchill a propósito de la URSS: “un acertijo envuelto en un halo de misterio dentro de un enigma”. Para Rodríguez Benot, lo que está claro es que es una oportunidad única para abogados especializados en Derecho Privado puesto que en el abismo esperan ser reconducidos 890 tratados bilaterales, 249 tratados multilaterales y 12.000 Reglamentos.

Imposible cumplir los plazos

Ante este panorama, resulta irreal pensar que el 29 de marzo todo estará resuelto. En el mejor de los escenarios, se pasaría a la segunda fase de negociación en enero de 2018 y si revisamos el tiempo que ha llevado el Tratado de Libre Comercio con Canadá (CETA), unos siete años, el devenir complejo entre Reino Unido y la UE parece un horizonte inalcanzable.

Todos los ponentes acordaron que los resultados del 23 de junio de 2016 fueron un fracaso para la UE, pero ésta se ha repuesto es quien ahora, según incluso la propia prensa británica, lleva la sartén por el mango. El europeísmo ha ganado una batalla al posible congagio post Brexit en las elecciones de Países Bajos, Francia, Alemania y Austria, aunque no la guerra. Se cae un mito y se reactiva la esperanza de un proyecto más convergente, justo y comprensible.