Brian Aldiss: “Le dije a Kubrick que no podría llevar al cine mi novela”

Artículo publicado el 13 de Julio de 2007
Artículo publicado el 13 de Julio de 2007
Encuentro, a sus 82 años, con este autor británico de ciencia ficción, compañero de los grandes de Hollywood y castigado por “contar cuentos” en colegios y hablar de la maravillosa idea que es Europa.

Me uno a Brian Aldiss mientras le retrata un pintor. La vida no ha tratado mal a este señor de 82 años que se prepara para otra convención de ciencia ficción, en donde le esperan sus fans deseosos de que les firme autógrafos en sus camisetas.

Entre ellos se encuentran varios conocidos productores de Hollywood, como Roger Corman, Stanley Kubrick o Steven Spielberg. Todos ellos han llamado a su puerta en algún momento para que les permitiera llevar a la gran pantalla tanto su vida como sus historias de ciencia ficción. Tres de sus grandes éxitos son: Frankestein desencadenado, I.A. Inteligencia Artificial (2001) y La Isla del Doctor Moreau. Incluso la reina de Inglaterra en el año 2002 le concedió la prestigiosa orden del imperio británico, nombrándolo oficial del Imperio.

El círculo Kubrick-Spielberg

Trabajar con estos famosos directores es emocionante y tiene jugosos réditos económicos, pero no es siempre 100% satisfactorio. “Trabajar con Corman fue una experiencia apasionante para mí”, comenta Aldiss sobre el prolífico director de cine independiente que dirigió en los noventa la película de terror con John Hurt y Bridget Fonda La resurrección de Frankenstein, ambientada en la Suiza del siglo XIX. Nos llevó a mí y a toda mi familia al rodaje que era en un palazzo (palacio) del alcalde de la localidad de Bellagio a las orillas del lago Como. El alcalde nos permitió rodar allí a condición de que le diéramos un papel de extra”. Aldiss recuerda sólo una discordancia artística con Corman en relación a la inclusión de una escena más en la que Frankestein se vuelve loco y destruye un laboratorio. “Pero, a pesar de nuestras diferencias, la escena quedó muy bien dentro de la película”.

En I.A., una historia moderna recordando el cuento Pinocho, las experiencias de Aldiss colaborando con dos de los grandes directores de Hollywood -Kubrick y Spielberg- este último le recordó: “Cuando vendas algo al cine, coge tu dinero y echa a correr. En otras palabras: déjales hacer lo que quieran con la película en vez de discutir con los directores”. Aldiss aprendió a apreciar la difícil tarea de los productores a la hora de adaptar la novela a la gran pantalla. “Puedes tener miles de escenas en un libro”, dijo una vez Kubrick, “pero no tienes ni el tiempo ni el dinero pata reproducir cada escena en una película”.

Trabajar con Kubrick fue “interesante”, dice el escritor, pero también tuvieron sus problemas. “En la película, Kubrick quería que el niño androide conociera al hada azul y lo convirtiera en un niño real”, recuerda Aldiss. “Me resistí obstinadamente a la idea. La mera sugerencia me dejó estupefacto. Siempre había querido trabajar con el genio de Kubrick, pero tras colaborar un año con él, me separé de su proyecto”. Recuerda con melancolía las palabras de despedida que le dijo a Kubrick: “¡No podrás llevar al cine mi novela!”. “Sí que puedo”, respondió el director, que murió el 7 Marzo de 1999, justo antes de que empezara el rodaje de I.A.. Spielberg tomó las riendas de la película y terminó la película en el 2001. El co-protagonista Jude Law, que fue nominado para un globo de oro por este trabajo, afirmó que la película estaba dedicada a la memoria de Kubrick.

Comienzos alejados de Hollywood

Aldiss nació en Norfolk, en el sureste de Inglaterra, donde su padre tenía una tienda lejos de los focos de Hollywood. Leía todo lo que caía en sus manos, desde la Odisea de Homero hasta la obra de Thomas Ardí, Patrick Hamilton, Jean-Paul Sartre o Stendhal. Empezó desde pequeño a contar cuentos en su internado escolar. Allí, aprendió a inventar una buena historia y conseguir que sus compañeros siempre le pidieran más creando situaciones de suspense al final de casa episodio de su serie de historias fantasmagóricas, y así tenían que esperar hasta el día siguiente para saber qué iba a ocurrir. Como era de sospechar, los profesores a menudo castigaban a Aldiss por hablar una vez se apagaban las luces en el internado. A menudo, le azotaban, sobre lo que comenta: “Nada de lo que ha hecho desde entonces un crítico literario ha sido más vicioso que aquello”.

Aldiss participó en la segunda guerra mundial en Burma e Indonesia, antes de alcanzar su sueño de convertirse en escritor profesional a tiempo completo. “Como escritor, tenía dos opciones, o morirme de hambre en un desván o morirme de hambre en una librería”. Se decidió por la segunda opción y comenzó su carrera profesional como vendedor de libros en Oxford. Le invitaron a escribir una columna humorística sobre una librería ficticia para el semanario The Bookseller. Su columna llamó la atención de Charles Monteith, el entonces editor de la editorial británica Faber and Faber. Más tarde, le ayudó en la publicación del primer libro de Aldiss, llamado The brightfount diaries (1955), basado en la serie de columnas publicadas en The Bookseller. “A menudo me preguntan por lo que me ha inspirado,” dice Aldiss. “En realidad, es la vida, la vida, el universo y todo”.

Superestado

En 2002, Aldiss publicó Superestado, una novela cómica sobre Europa dentro de 40 años, repleta de personajes contemporáneos fácilmente reconocibles. “Es el gran experimento social de nuestro tiempo”, dice respecto de la Unión Europea. “Es una idea maravillosa que se ha tenido en Europa durante siglos, que ha estado plagada de obsesiones religiosas, ambiciones dinásticas y territoriales y ha ensangrentado el continente. Hoy en día, en vez de guerrear, nos sentamos alrededor de una mesa redonda en Bruselas y discutimos. Es fantástico. No entiendo cómo no hay más gente que se maraville con esto.

“Sin lugar a dudas, creo que Turquía debería formar parte de la UE”, añade. “Sería beneficioso para Europa, como Estado secular y ayudaría en la lucha contra el extremismo”. Aldiss conoce bien el país porque su hijo tiene intereses comerciales allí. E incluso su padre luchó en Galípoli en la primera guerra mundial, lugar donde Atatürk, el padre de la Turquía moderna, dejó inscrito sobre el monumento en memoria de la guerra turca que erigió: “Sí, una vez luché y morí sobre esta tierra. Ahora, tus hijos son mis hijos y todos estamos igualmente arrepentidos”.

El pintor acaba de terminar el boceto ante de mis ojos. Ha reflejado a Aldiss vestido de manera informal, con aire algo irascible aunque también juvenil en la mirada y, sin ninguna duda, muchos más años en que seguir dando que hablar.

Dos nuevos libros de Brian Aldiss salen a la venta este verano: HARM, sobre la lucha del Reino Unido contra el terrorismo, y Walcott, una historia de ficción con guiños autobiográficos ambientada en la Inglaterra del siglo XX.

Foto: Aldiss en el jardín de su casa en Oxford