Británicos y UE: je t'aime, moi non plus

Artículo publicado el 19 de Septiembre de 2006
Artículo publicado el 19 de Septiembre de 2006
El 19 de septiembre de 1946, el líder británico Winston Churchill abogó por unos “Estados Unidos de Europa”. Sesenta años después, los británicos aún no quieren unirse al proyecto federalista.

Churchill estaba convencido que “una especie de Estados Unidos de Europa sería la única manera de que los trabajadores recuperaran las simples alegrías y esperanzas en sus propias vidas”. Gran Bretaña tenía su propia Commonwealth y, de hecho, seguía siendo la mayor potencia imperial en el mundo en 1946. Seguramente debido a esto fue por lo que Churchill situó a Gran Bretaña junto a la “poderosa América” y a la Rusia Soviética como un potencial “amigo y patrocinador” de la nueva Europa, pero no como una parte de ella. 60 años más tarde, el Imperio Británico no existe y la importancia de la Commonwealth ha disminuido de manera inmensa. Sin embargo, Gran Bretaña aún no se ve a sí misma como una verdadera parte de Europa, y muchos en los principales países de Europa no creen que esté completamente integrada en ella.

Gran Bretaña ha sido desde siempre entusiasta sobre los aspectos del mercado común del proyecto Europeo, pero ha tenido serias reservas acerca de otros aspectos de integración. Un europarlamentario involucrado en las negociaciones de la Constitución Europea observaba de manera ingeniosa que la diferencia crucial entre la Convención Europea y la Convención de Philadelphia de 1787 que estableció la Constitución Estadounidense, era que los norteamericanos llegaron a un acuerdo sobre la cuestión británica antes.

Hay que apuntar algo aquí: el antiguo Primer Ministro británico, John Major insistía en 1991 en que la frase “una unión aún más cercana” usada en el Tratado de Maastricht se refería sobre todo a más federalista. El gobierno de Blair también ha mantenidp que una frase similar debería aparecer en la Constitución Europea. (“Unidos cada vez más cerca”).

Cuestionar la identidad nacional

En lugar de tomar al Federalismo Americano como ejemplo y ver a Gran Bretaña como antieuropea, quizás este prolongado “periodo de reflexión” nos permita pensar de manera más específica sobre el proyecto Europeo. El gran éxito del proyecto europeo durante los últimos 60 años ha sido comenzar a proveer de un foro para que las preguntas sobre la identidad nacional puedan ser examinadas y resueltas de manera pacífica y justa.

El lema de la Unión Europea es “Unidad en la diversidad”. Si nos tomamos esto en serio, nos embarcaremos en una duda constante sobre la identidad personal y de grupo, dentro de las mejores tradiciones intelectuales de Europa –la “herencia común” de Europa que el mismo Churchill reconoció-. Por ello, ‘Europa’ no tiene fronteras definibles por sí misma. El fallo de cada gobierno y de los medios de comunicación británicos ha sido haber rechazado hasta el momento formar parte de este debate, o incluso reconocerlo, y este fallo está yendo a peor. Los británicos no son los únicos, eso sí. Churchill previó con éxito una “Europa por surgir”. Reconociendo el complejo y perpetuo problema irresoluto de la identidad propia, llegará a madurar y continuar. Gran Bretaña, en virtud de su propia Historia de relaciones difíciles con Europa, podría comenzar ahí su reconocimiento.