Brüno se pasa

Artículo publicado el 20 de Julio de 2009
Artículo publicado el 20 de Julio de 2009
Tras el éxito de Ali G y Borat en 2006, Sacha Baron Cohen (37 años) vuelve en 2009 a las pantallas con Brüno. En esta nueva sátira, el actor se ha convertido en un superficial periodista especializado en moda, gay hasta la caricatura y, sobre todo, austriaco. El equipo vienés de Cafebabel.com trata de analizar el fenómeno

En los carteles de casi todas las salas de cine (Ucrania acaba de prohibir la emisión de la película) se le ve, sin pudor, exhibirse casi como vino al mundo. 

©Universal Pictures Existían grandes temores de que la película fuera censurada en Austria y las denuncias por difamación han llegado de distintos sectores. El pasado 10 de junio, juzgando que el atractivo turístico de su país podía verse afectado, Emil Brix (director general de asuntos culturales del Ministerio de Asuntos Exteriores austriaco) había elevado una enérgica protesta a Universal, productora de la cinta. La comunidad gay, por su parte, mostraba sus reservas y tomaba una posición ambigua. Yendo al meollo de la cuestión, ¿no es plausible pensar que Brüno ha irrumpido como un elefante en una cacharrería?

En la película de Larry Charles, el cómico y maestro del equívoco británico, en tanga y con las piernas depiladas impecablemente, encarna a un periodista de moda gay cuyo lema podría resumirse en tres palabras: superficialidad, escándalo y lentejuelas. Para el héroe, la historia se cuenta en pocas palabras.

Tras unos comienzos desastrosos en el mundo de la moda, plagado de numerosas meteduras de pata y torpezas varias durante la semana de la moda de Milán, Brüno, animador de Funkyzeit (emisión televisiva consagrada a la moda) pierde su empleo. Ahí nace su propósito de marcharse a Los Angeles con la esperanza de convertirse en el austriaco más célebre desde Adolf Hitler. Las referencias (buenas o malas) a la imagen de la patria de Mozart y a su pasado son abundantes. Nada falta en esta película donde un chico bronceado y superficial evoluciona explicándose con un exagerado acento austriaco. Del pasado nazi a la reciente life ball (la manifestación de lucha contra el Sida que tuvo lugar en Viena en mayo de 2009 que se hizo muy popular en Estados Unidos), encontraréis todos los tópicos posibles sobre los austriacos. Y, para los que saben alemán, la autenticidad está asegurada con expresiones al más puro estilo vienés.

En este contexto, Brüno reivindica tanto su homosexualidad como su nacionalismo, llevando hasta la caricatura el carácter contradictorio del personaje. Para encontrar a su antítesis tenemos al atleta rubio teñido, el diván del doctor Freud no es lo bastante profundo. Pero si los deseos sexuales del conquistador austriaco están a pleno rendimiento, sus bromas, en cambio, no pasan el corte. Como espectador, uno se pregunta qué es tan divertido en esas escenas de decadencia sexual. Un humor violento, no exento de palizas y falto de delicadeza está por desgracia presente durante la película. Además, se desenmascara el circo mediático con una estupidez desoladora.

©Universal PicturesEn cuanto a las críticas a EE UU, las ocurrencias son aún más pesadas que las lanzadas contra su   presunta patria de origen. Dicho de otra forma, Brüno no da en el clavo. Entre otras cosas, nos hace saber que si queremos estar a la moda entre las parejas homosexuales de EE UU se recomienda adoptar un bebé negro. Al parecer, sus convicciones profundas consisten en actuar fuera de lo políticamente correcto. Transgredir.

Pese a algunas escenas muy cómicas, cansa muy rápido este tipo de humor. A base de repetirse, las bromas van desinflándose hasta llegar a ser indigestas. Se pasa. Tenemos el derecho de preguntarnos si el público austriaco se habrá tomado este ejercicio de burla con tanta… ¿ligereza? Complicado de decir. Por supuesto las parodias mostradas responden a algunas realidades innegables. ¡Algunas polvorientas porcelanas pasadas de moda reposan siempre al fondo de un viejo armario estilo Biedermeier! Existen también turistas japoneses que se vuelven locos en torno a una tarta sacher y… es también innegable (no lo divulguéis mucho), que todavía hoy se baila vals en Viena. De ahí a pensar que Brüno podría cambiar el orden establecido en la conservadora república alpina va un mundo. Por el contrario, nada lleva a pensar que eso vaya a ocurrir pronto.