BRUSELAS: HACER CAFÉ EN VEZ DE HACER CARRERA

Artículo publicado el 10 de Junio de 2014
Artículo publicado el 10 de Junio de 2014

Los jóvenes europeos sueñan con el trabajo de su vida en la Place Lux (Plaza de Luxemburgo) de Bruselas. Esta plaza se ha convertido en un gran punto de intercambio de tarjetas de visita: odiada por antiguos estudiantes, ahora desilusionados, y venerada por jóvenes empresarios, que amasan fortunas. De visita al lugar donde los sueños de hacer carrera se deshacen como pompas de jabón.

"Tres ca­puc­i­nos con leche de soja, uno nor­mal, 2 es­pres­sos y extra de azú­car...". Fla­via pone los ojos en blan­co por den­tro. Ya sabe de qué se trata con pe­di­dos como ese. El Par­la­men­to Eu­ro­peo ha vuel­to a en­viar a un be­ca­rio a por el café para todo el de­par­ta­men­to. El joven grie­go, ner­vio­so, clava los ojos en la nota, a re­bo­sar de ex­tra­ños de­seos. Fla­via le anima con una son­ri­sa. Se­gu­ra­men­te ella tam­bién ten­dría que hacer estos re­ca­dos si hu­bie­ra con­se­gui­do una beca en el par­la­men­to. Pero no lo hizo.

Hace un año que la ita­lia­na llegó a Bru­se­las, una de los apro­xi­ma­da­men­te 8.000 jó­ve­nes de toda Eu­ro­pa que lle­gan cada año a la ca­pi­tal belga. Todos al­ber­gan la es­pe­ran­za de con­se­guir unas prác­ti­cas que les sir­van de puen­te hacia una ca­rre­ra en las ins­ti­tu­cio­nes eu­ro­peas. Fla­via es­ta­ba con­ven­ci­da de que tras haber es­tu­dia­do Cien­cias Po­lí­ti­cas en Roma se le abri­rían todas las puer­tas. "¡Qué in­ge­nua!", dice hoy en día.

¿DE­MA­SIA­DO IN­GE­NUA PARA BRU­SE­LAS?

"Re­par­tí mi CV como si fue­ran fo­lle­tos de pu­bli­ci­dad, pero no me con­tra­tó nadie. Hay de­ma­sia­da com­pe­ten­cia". El vapor del la­va­va­ji­llas en­vuel­ve a la joven de 23 años. En­tre­tan­to, Fla­via tra­ba­ja tras la barra de una ca­fe­te­ría y sirve, pre­ci­sa­men­te, a aque­llos con los que le gus­ta­ría tra­ba­jar. El Kars­ma­kers, que siem­pre huele a café re­cién hecho, queda justo en­fren­te del gi­gan­tes­co edi­fi­cio del Par­la­men­to Eu­ro­peo. Al me­dio­día, la cola de eu­ro­par­la­men­ta­rios ele­gan­te­men­te ves­ti­dos llega hasta la calle. Hay que tra­ba­jar rá­pi­do. Fla­via se tren­za el pelo, se echa un trapo al hom­bro y aga­rra la ban­de­ja con ba­gels. Sirve a los clien­tes con mo­vi­mien­tos vivos. La po­lí­ti­ca tam­bién se toma una pausa al me­dio­día. La pe­que­ña ita­lia­na pasa desa­per­ci­bi­da entre los tra­jes ne­gros. Dice re­sig­na­da: "Ape­nas nadie sabe que yo tam­bién he es­tu­dia­do Cien­cias Po­lí­ti­cas. Para la ma­yo­ría, solo soy una de las mu­chas ca­ma­re­ras de la Place Lux".

LA PO­LÍ­TI­CA SE TOMA LA PAUSA DE ME­DIO­DÍA CON FLA­VIA

Los lu­ga­re­ños lla­man "Place Lux" a la co­no­ci­da Plaza de Lu­xem­bur­go. The bea­ting heart of Brus­sels, el pal­pi­tan­te co­ra­zón de Bru­se­las, como la bau­ti­zó ca­ri­ño­sa­men­te un eu­ro­dipu­tado. La su­per­fi­cie de casi 1.200 m2 fren­te a las es­ca­le­ras del Par­la­men­to, con sus nu­me­ro­sos bares y ca­fe­te­rías, se ha con­ver­ti­do en el lugar de en­cuen­tro pre­fe­ri­do de una ge­ne­ra­ción de po­lí­ti­cos eu­ro­peos, o de aque­llos que lle­ga­rán a serlo.

Tho­mas, con­cen­tra­do, pasa re­vis­ta al te­rreno. Este joven belga de 27 años di­ri­ge el Coco, uno de los bares más po­pu­la­res de plaza, a pocos me­tros del Kars­ma­ker. Por pin­ga­ni­llo in­for­ma a sus tra­ba­ja­do­res de la si­tua­ción. Por fin es jue­ves. Para Tho­mas los jue­ves sig­ni­fi­can "hacer caja". La plaza aún des­can­sa bajo el sol de me­dio­día, pero pron­to bu­lli­rá con la ju­ven­tud eu­ro­pea. El bru­se­len­se ex­pli­ca emo­cio­na­do: "Aquí se reúnen hasta 3.000 per­so­nas de fies­ta, es una ex­pe­rien­cia única." Al fin y al cabo, los par­la­men­ta­rios re­pre­sen­tan el 95% de sus me­jo­res clien­tes. No es de ex­tra­ñar que las mesas se ajus­ten hasta el úl­ti­mo bor­di­llo, te­rri­ble­men­te es­tre­cho, con car­te­les que anun­cian ofer­tas de Happy hour a los bue­nos clien­tes pa­ga­de­ros.

LA MÚ­SI­CA re­tum­ba, lAS COR­BA­TAS se aflo­jan

Cuan­do acaba el tra­ba­jo, acu­den todos los que man­tie­nen el apa­ra­to eu­ro­peo en mar­cha. Eu­ro­pa re­sue­na por todas par­tes; una torre de Babel sal­va­je que inun­da el lugar. Los vasos de cer­ve­za se lle­nan en cues­tión de se­gun­dos, la mú­si­ca re­tum­ba en los ba­fles, las cor­ba­tas se aflo­jan. Los be­ca­rios se reúnen ale­gre­men­te en el cés­ped del medio de la plaza. Ahí todo va a más, va a Ape­rol y cer­ve­za. La mi­ra­da de todos los que vie­nen a Bru­se­las con los días con­ta­dos se mueve in­quie­ta de aquí para allá. Aquí cuen­ta ver y ser visto. Los ca­bil­de­ros bus­can par­la­men­ta­rios; los be­ca­rios, dipu­tados: todos quie­ren dar con un pez gordo. Tho­mas ob­ser­va son­rien­do el con­cien­zu­do in­ter­cam­bio de tar­je­tas. Al fin y al cabo, los con­tac­tos son su ne­go­cio.

"Sin em­bar­go, el fin de se­ma­na, no pasa casi nada; aquí no tra­ba­ja nadie. Qui­tan­do a al­gu­nos tu­ris­tas per­di­dos, esto pa­re­ce el Gran Cañón del Co­lo­ra­do. Pue­des gri­tar todo lo alto que quie­ras, que solo oyes tu eco. Es un lugar ex­tra­ño. Los bru­se­len­ses ape­nas lo co­no­cen." Al prin­ci­pio Tho­mas tam­po­co co­no­cía este lugar. Hasta que olió el di­ne­ro. Desde en­ton­ces pasa casi todos los días en la plaza, vol­can­do sus es­fuer­zos en el pe­que­ño bar. Se re­sig­na a tener oje­ras. Al fin y al cabo, los mu­chos que bus­can hacer ca­rre­ran le han fa­ci­li­ta­do el salto a la  suya.

Nunca más po­lí­ti­ca

Hasta hace poco, Fla­via tam­bién es­pe­ra­ba que Bru­se­las fuera su tram­po­lín. La Place Lux sig­ni­fi­ca para la grá­cil joven de bri­llan­tes ojos par­dos no solo tra­ba­jo, sino so­bre­to­do, el final de un sueño. "En­cuen­tro muy frus­tran­te cómo fun­cio­na la po­lí­ti­ca. In­clu­so si solo me de­di­co a hacer café, re­ci­bo más de lo que quie­ro. Úl­ti­ma­men­te solo se habla, pero no se actúa. De ahí sur­gen los ver­da­de­ros pro­ble­mas".

Como por ejem­plo, la tasa de paro ju­ve­nil en su país natal. En Ita­lia al­can­za­ba en enero el 42,4%. Fla­via ha de­ci­di­do vol­ver a Roma para es­tu­diar un más­ter, pero sabe que lo ten­drá di­fí­cil como joven es­tu­dian­te. Los tra­ba­jos de es­tu­dian­tes están mal pa­ga­dos y las po­si­bi­li­da­des de en­con­trar un buen em­pleo son es­ca­sas. "Mi padre está in­ten­tan­do con­ven­cer­me de que no vuel­va, por­que allá es to­da­vía peor", ex­pli­ca Fla­via. Por eso in­ten­ta aho­rrar tanto como puede. A pesar de no haber po­di­do cum­plir su sueño, la am­bi­cio­sa joven no se arre­pien­te de haber ve­ni­do. "Desde aquí me he hecho una idea de la bur­bu­ja eu­ro­pea. Y no es para nada como yo me lo había ima­gi­na­do. Pero ahora tengo más claro en qué di­rec­ción quie­ro avan­zar y, desde luego, no va a ser la po­lí­ti­ca."

Las 8 pa­sa­das. Mien­tras el net­wor­king, el in­ter­cam­bio de con­tac­tos, se pone en mar­cha en la Place Lux y Tho­mas or­de­na más ba­rri­les de cer­ve­za, Fla­via cie­rra el Kars­ma­ker y se apre­su­ra a coger el metro. Se ale­gra de dar la es­pal­da a la plaza. Pero que la Place Lux no tiene par, eso hay que re­co­no­cer­lo.

ESTE RE­POR­TA­JE SE HA ES­CRI­TO EN EL MARCO DEL PRO­YEC­TO «EU­to­pia – Time to Vote». Un pro­yec­to pues­to en mar­cha por ca­fé­ba­bel con la co­la­bo­ra­ción de LA FUN­DA­CIÓN Hip­po­crène, LA CO­MI­SIÓN EU­RO­PEA, EL MI­NIS­TE­RIO DE ASUN­TOS EX­TE­RIO­RES FRAN­CÉS Y LA FUN­DA­CIÓN EVENS. PRON­TO TEN­DRÁN A SU DIS­PO­SI­CIÓN TODOS LOS AR­TÍCU­LOS DE BRU­SE­LAS EN POR­TA­DA.