Bruselas: La 'ciudad yihadista' se convierte en una 'ciudad fantasma' (1/2)

Artículo publicado el 25 de Noviembre de 2015
Artículo publicado el 25 de Noviembre de 2015

En pocos días, Bruselas ha pasado de ser la "capital europea del yihadismo" a ser una ciudad fantasma. Cafébabel Bruselas se sumerge en ese ambiente, en ocasiones, algo taciturno.

A su manera, Bruselas, capital vecina de París, también ha sido golpeada por los atentados del 13 de noviembre. Por su violencia, su proximidad, sus objetivos con los que fácilmente nos identificamos, por los lugares que muchos de nosotros hemos frecuentado, pero también porque desde hace ya varios días, la capital se ha replegado sobre sí misma, como consecuencia del estado de alerta máxima por atentado terrorista que podría mantenerse durante otra semana. Una situación que nunca antes se había vivido en Bélgica, ni en Europa.

Viernes, 13 de noviembre

Como en París, Bruselas estaba viviendo sus mejores horas. Eran las diez de la noche y cuando todo el mundo estaba orgulloso de la victoria de los "Diablos Rojos" frente a la selección italiana en un amistoso de fútbol, llegaron los primeros mensajes a nuestros móviles: "Chicos, algo ha pasado en París". No acabábamos de entenderlo. El primer acto reflejo era sacar los móviles y empezar a escribir: "Tío, ¿estás en París?, ¿estás bien?". A medida que iban pasando los minutos y acabándose las cervezas, los murmullos se intensificaban. La mayor parte de nosotros tiene bastantes amigos franceses, unos que están aquí y otros en París. En Facebook, algunos recibían la confirmación del safety check, otros no.

A la mañana siguiente, nos despertamos aturdidos y confusos, sin poder quitárnoslo de la mente, con el corazón encogido, los ojos hinchados y la cabeza que daba vueltas. Durante los cinco días siguientes, fue casi siempre el tema de conversación, incluso si no lo sacábamos, incluso si ya no queríamos hablar más de ello. Y ya uno no sabe si es mejor estar informado o no. "Desde los atentados de París, la escalada de pánico que ha acompañado a las decisiones políticas y la exageradísima cobertura informativa que le daban al mínimo detalle que surgía, me daba miedo, pero también me daba ganas de aguantar. Para mí, es importantísimo combatir el pánico, porque ese es el primero de los objetivos que se persigue con los atentados: Sembrar el terror, y eso, en un país que vive en paz, es un peligro", afirma Marie. Cuando tratamos de cambiar de tema, comprobamos que, una vez más, el asunto procede de aquí mismo. "Molenbeek, feudo de la yihad belga", escriben en sus portadas los diarios de todo el mundo. 

Nos sentimos absurdos y en cierta medida, culpables, y observados, como si alguien nos mirara mal. Nosotros, para tranquilizarnos, intentamos reírnos (con ironía): "¡Eh, chicos, tendríamos que hermanar Molenbeek con Raqqa!". Ahora en serio, en Bruselas, todos sabemos que Molenbeek es un barrio desfavorecido más, uno de los muchos que hay medio abandonados en el resto de Europa. "Creo que, en el fondo, todos saben que los terroristas podrían haber venido de cualquier otro sitio, pero a muchos les alivia apuntar hacia un lugar concreto, encontrar una explicación a lo que no se puede explicar", insiste Marie.

Lunes, 16 de noviembre

Mientras París cura sus heridas y llora a sus víctimas, Alex VizorekCharlotte Vanhoenacker se disculpan en nuestro nombre a través de la radio francesa con declaraciones como: "Es el peor chiste belga que se conoce", y Dios (y el resto de la Humanidad) sabe cuánto le gusta un chiste a un belga, pero no, hoy no.

Con Molenbeek llegan los rostros de los autores que atentaron en París. En cuestión de horas, uno de ellos se convierte en el terrorista más buscado de Europa: Salah Abdelslam. Y lo que es peor, habría vuelto a Bélgica, y más concretamente, a Bruselas, desde donde se planificaron los atentados. En menos de cinco días, más de 250 llamadas telefónicas le sitúan en cuatro puntos distintos de la capital. Las autoridades ponen en alerta a la población, los avisos de bomba se multiplican, lo mismo que las medidas de evacuación y, mientras que en París las terrazas se llenan de jóvenes que brindan por la vida, las de Bruselas se encuentran rodeadas de militares con el rostro cubierto.                                                                   

Viernes, 20 de noviembre

Por la tarde, la Universidad de Bruselas es evacuada. Poco después, llegan vehículos blindados al centro de la ciudad. En la Plaza Saint Géry, feudo de los bebedores del centro, siete militares patrullan delante de las cafeterías. "Sé que es por nuestra seguridad, pero no deja de ser extraño eso de ver ametralladoras cuando una está tranquilamente sentada en una terraza". Es como si tuviera una voz dentro de mi cabeza que me dice constantemente: ten cuidado, ten cuidado, como si nos hubieran robado un trocito de libertad", dice Edith, con una copa en la mano, esperando para asistir a un concierto en la Sala L’Ancienne Belgique. "Mi chico no quería que viniese al concierto, decía que podía ser peligroso, pero con todo esto no podemos dejar de vivir. En el peor de los casos, salimos al balcón y si vienen, quizás así tengamos más suerte de escapar", continúa diciendo en un intento más de tranquilizarse a sí misma que de jugar a hacerse la fuerte.

A los fusiles les siguen los anuncios en la tele, que tan pronto tranquilizan a la población, como la sacan de sus casillas. Los periodistas extranjeros preguntan a los camareros cómo se encuentran. Algunos dicen sentirse seguros, a otros les da igual y otros más repiten: "Lo peor puede pasar en cualquier momento y en cualquier lugar y, si estamos siempre pensando en lo mismo, al final vamos a terminar por no vivir, así que ¡mejor no darle vueltas al asunto!".

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