Bruselas: La 'ciudad yihadista' se convierte en una 'ciudad fantasma' (2/2) 

Artículo publicado el 29 de Noviembre de 2015
Artículo publicado el 29 de Noviembre de 2015

Segunda entrega del ambiente que se respira en Bruselas, la ciudad que ha pasado de ser 'la capital europea del yihadismo' a convertirse una ciudad fantasma.

Sábado, 21 de noviembre

Hacia las primeras horas de la mañana, el gobierno decide que se ha terminado el recreo: Las salas de conciertos, los teatros, las guarderías, el metro, las escuelas, los polideportivos y las atracciones turísticas tienen que cerrar. La alerta por atentado terrorista se sitúa en su nivel más alto: 4 de una escala de 4. Se dan indicaciones del tipo: "Permanezcan en sus casas, pero no tengan miedo". El nerviosismo es palpable, lo mismo que el pánico. "¡Qué mierda!, vamos a tener que dejar de vivir. ¿Y qué hacemos esta noche?", suelta alguien en las redes sociales. Hay que hacer rabiar a los terroristas diciéndoles que no, que nadie nos va a arrebatar nuestra libertad, y sí, vamos a reirnos de ellos, tratando de resistir, de ser unos locos revolucionarios y todo ello tomándonos nuestras cervezas, como siempre. Estamos listos para un sábado mítico: "hoy es fiesta y nos pillamos una buena", dice Jules a eso de media tarde.

                                       

La noticia se deja caer antes del aperitivo: Para respetar las medidas de seguridad, los bares, restaurantes y discotecas deberán tener las llaves puestas en la puerta. Y ahí es ya cuando empezan las dudas. Nos gustaría salir, hacer como los parisinos y su #tousenterrasse, pero en el fondo, ¿sería prudente? "Me tranquiliza saber que hoy cerramos. No me seducía mucho la idea de ir a trabajar", suspira aliviado Pierre-Patrice, que trabaja en un restaurante del centro de la ciudad. "Ayer por la tarde, en el curro, me dije a mí mismo que si los terroristas vienen por aquí, me atrinchero detrás del contenedor de basura", bromea a medias Alice. A mí, en el trabajo, me han dicho hacia dónde tengo que correr para escapar, pero "solo por si acaso".

Poco a poco, la capital europea se transforma en una ciudad fantasma. Los únicos que pasean por la calle lo hacen en vehículos blindados, armados hasta los dientes, así como los periodistas con sus cámaras. Con los ojos pendientes de la pantalla, no dejamos de mirar esas calles que recorremos a diario, pensando que quizás mañana todo sea distinto, que las terrazas volverán a llenarse y que brindaremos con nuestras cervezas de 8 grados de alcohol. El bajón llega al escuchar decir el domingo por la tarde, al Primer Ministro, por televisión, que el nivel 4 de alerta se mantendrá durante la jornada del lunes: La capital, de nuevo aterrorizada, durante al menos 24 horas. Lo nunca visto en Bruselas, en Bélgica y en Europa.  

Domingo, 22 de noviembre

Hemos tenido la sensación de haber ganado algo de terreno, de haber logrado una pequeña victoria: Sobre las ocho de la tarde, nos enteramos por los medios de comunicación de que una operación de gran envergadura se está llevando a cabo en pleno centro histórico de Bruselas y que han pedido a los habitantes que no salgan de sus casas, ni se asomen a las ventanas. La policía le pide a la prensa que no publiquen más información sobre las operaciones que se están desarrollando, para evitar que resulten fallidas. Dicho y hecho, para no dar pistas a los terroristas, los medios de comunicación y los propios internautas utilizan algo muy belga: El surrealismo, lo llenan todo de imágenes de gatos, con el hashtag #BrusselsLockDown y juegos de palabras en francés: «niveau cat’ à Bruxelles», «Inchat’la», «La chat-ria bruxelloise». Al final, algunos fueron suprimidos, pero en el fondo, la cosa fue divertida.

En Bruselas, este lunes la amenaza sigue en el "nivel cat": #brusselslockdown pic.twitter.com/RvcoGqdmJm

— Michel De Muelenaere (@MdM_LeSoir)

23 Novembre 2015

#BrusselsLockdown pic.twitter.com/MnQ81zl2qH

— Breaking Dad (@Sphearis)

22 Novembre 2015

Lunes, 23 de noviembre

El centro histórico de la ciudad amanece tristón el lunes por la mañana. Los militares hacen guardia en la Grand Place y en las calles adyacentes. Los curiosos se agolpan en el Boulevard Anspach para ver los vehículos blindados del ejército, se escuchan las sirenas de la policía por toda la ciudad, las bocas de metro siguen cerradas, los periodistas extranjeros toman posiciones frente al Manneken Pis para realizar sus conexiones, y en los carteles que hay por toda la ciudad se puede leer que "por motivos de seguridad, este establecimiento permanecerá cerrado hasta nuevo aviso". Los únicos a quienes esto les parece un poco gracioso es a los turistas que no desaprovechan la ocasión de hacerse un selfie delante de los carros blindados del ejército. En los pocos autobuses que circulan, la alerta 4 es el principal tema de conversación. "De todas formas, no pueden dejar esto así. ¡Tres días, vale, pero los comercios no pueden estar cerrados toda una semana!", comenta alguien. "No tienen nada de nada. No han pillado ningún explosivo y encima, Salah, se les ha escapado. Menos bloqueo y más hacer bien las cosas!", responde otro.

Toda Bruselas esperaba con impaciencia que nos dijeran de una vez, y esta vez de verdad, que ya los tenemos, que ya podemos retomar la actividad normal, y que ¡a otra cosa, mariposa!, pero nada, nenni, que decimos aquí: El nivel 4 se mantendrá durante el resto de semana, hasta el próximo lunes. Las escuelas abrirán sus puertas el miércoles, lo mismo que el metro, pero para el resto, nada concreto. Con un millón de preguntas que hacerse, los habitantes de Bruselas viven como rehenes una situación que se viene alargando en el tiempo más de la cuenta.

En el momento en el que el Primer Ministro anunció que se iba a mantener el nivel de alerta 4 hasta el próximo lunes, escuché en el trabajo que ese día iba a ser "una noche histórica". Yo misma he comprobado que un momento histórico puede ser cuando los Estados Unidos se reconcilian con Cuba (o al revés, me da igual), cuando cae el muro de Berlín, se produce el Armisticio y hasta la Revolución Francesa. Todo eso es digno de celebración, aunque resulta menos creíble que un día celebremos en Bruselas, en Bélgica o en Europa, la semana #BrusselsLockDown.

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