Bruselas: un régimen lingüístico aparte

Artículo publicado el 2 de Junio de 2009
Artículo publicado el 2 de Junio de 2009
Por las calles de Bruselas una letanía de idiomas vienen a golpear nuestros oídos. En esta ciudad europea no basta con hablar inglés: el bilingüismo oficial francés - neerlandés se encuentra por todas partes... Especialmente en las ofertas de empleo. ¿Es una cuestión de identidad? o ¿se trata de discriminación en la contratación?

Foto, Elisa GalloEl cuadro legislativo es claro: el régimen institucional de Bruselas es bilingüe. Aspecto que se ha convertido en una condición casi sine qua non para encontrar trabajo. De entrada, nada parece extraño. Para Justine, una joven belga originaria de la región Valona (francófona), "parece lógico tener que hablar dos lenguas en una ciudad oficialmente bilingüe". Una reflexión que comparte Maïté, una francesa instalada desde hace varios años en esta urbe: “¡Lo mínimo que podemos hacer es aprender las lenguas oficiales si deseamos trabajar aquí!” 

Tras esta constatación, vienen cifras edificantes

Según la agencia de empleo Actiris, del 35% de los jóvenes que se hallan en paro, no hay ningún flamenco; frente a un 90% compuesto por el resto, es decir, todos aquellos que no practican los dos idiomas oficiales. Así cae en la trampa el triunfo que representan los otros poliglotismos, como hablar inglés, árabe, español o turco. 

¿Discriminación lingüística en la contratación?

De ahí a hablar de segregación idiomática en el contrato, para muchos, no hay más que un paso. Como matiza un consejero de Actiris: “Esta demanda de bilingüismo, no siempre pertinente en función del puesto, no es tanto una discriminación fundamentada en la lengua como basada en la identidad". A este respecto, los jóvenes son los más sensibles.

“¡El inglés no tiene importancia!”, afirma Fredrick, estudiante noruego de comunicación, “podemos hablar varios idiomas, pero si no hablas neerlandés, encontrar empleo fuera de las instituciones se convierte en un trayecto para luchadores". La jerarquía lingüística en el tejido económico bruselense es muy clara: francés como lengua más importante, seguida por el neerlandés y, por último, el inglés.

Nora Kempeener, del centro cultural flamenco De Markten, cuya comunicación se hace en estos tres idiomas, me hace partícipe del mismo sentimiento: “Aunque Bruselas sea cada vez más multilingüe, es sabido por todos lo difícil que resulta para los jóvenes encontrar un empleo si no hablan neerlandés”. No obstante, dicha circunstancia no le impide obviar esta distinción “cuando el puesto no lo exija”. En la actualidad, los criterios no son favorables para los jóvenes extranjeros. Las competencias no son suficientes sin los idiomas ”oficiales”. Según Actiris, una gran mayoría de entre ellos, si no están en las instituciones europeas o afiliadas, se encuentran con puestos no cualificados.

El bilingüismo: ¿un reflejo de conservadurismo?

Aunque la actividad profesional de la capital ha sido tradicionalmente bilingüe, en la actualidad, se internacionaliza y evoluciona hacía el poliglotismo. Aunque lentamente. “¡Existe una falta de adecuación entre la realidad social, el mercado del empleo y las políticas que lo regulan!”, reconoce a media voz un consejero de Actiris. La lógica colectiva que prevalece se opone todavía a la lógica internacional y europea de la realidad urbana y del tejido económico.

Mientra tanto, se ponen en marcha medidas en torno a la educación y a la formación. Una de ellas es el bono idiomas que ofrece Actiris, accesible a todo demandante de trabajo. Sobra decir que el neerlandés es el idioma más solicitado. 

Después de un año buscando trabajo, Justine aprovecha para brindarse todas las oportunidades: “El mercado de empleo flamenco es más rico y más activo que el francófono, sobre todo a nivel cultural: Bozar o, más aún, Kinstenfestival son algunos ejemplos". Pero también “lamenta” no conocer esta lengua, no obstante, una de las dos oficiales de su ciudad.

Dille y Kamille, una empresa flamenca, financia las clases de idioma de Maïté. Una gran oportunidad. Para ser contratada, ha tenido que mentir y estudiar todas las noches para desenvolverse en su trabajo de vendedora. Hoy, una vez en su puesto, se da cuenta de que “basta con algunas palabras”, y continua: “Lo que cuenta sobre todo es el gesto y el hecho de no utilizar sistemáticamente el francés”.

Foto, Elisa GalloMás del 95% de la población bruselense habla francés, frente a solo un 28%, que practica el neerlandés... Por lo tanto, la cuestión es más comunitaria e identitaria que propiamente lingüística.

Bruselas no es Europa

¿Qué ocurre con la influencia de Europa? “No existe ninguna interacción entre la ciudad y Europa”, lamenta el consejero de Actiris. “Ya sea en el medio urbanístico como el del mercado del empleo, las instituciones europeas, que promueven la defensa del bilingüismo, reclutan solo a través de sus propias redes y no animan su desarrollo en el mercado laboral de la ciudad".

“Bruselas y Europa, son dos mundos a parte”, afirma Justine. “Esa imagen de los jóvenes europeos que se encuentran el viernes por la tarde en la Plaza de Luxemburgo, frente al Parlamento Europeo, y brindan en medio de una cacofonía de lenguas, ¡es todo menos Bruselas! Sus nativos nunca salen por allí. Esta imagen es completamente artificial". Una especie de burbuja en la ciudad con sus propias coordenadas, sus redes de empleo y sus puntos de encuentro.

Por ahora, la capital belga parece anquilosada en las diferencias colectivas y su tradicional régimen lingüístico como para acarrear con la pluralidad de voces de la Unión. 

Para los jóvenes europeos que buscan trabajo en esta ciudad, parece más fácil ir hacia las instituciones europeas y las empresas que gravitan alrededor de la esfera internacional. A menos que decidan convertirse en verdaderos bruselenses y añadir un idioma a sus carteras: el neerlandés.