Budapest: entre la Casa del Terror y el silencio de las estatuas

Artículo publicado el 1 de Junio de 2012
Artículo publicado el 1 de Junio de 2012
El Parque de Budapest, construido poco después de la caída del comunismo, conmemora la iconografía visual de cuatro décadas de gobierno comunista en la capital húngara. A diferencia del frío aletargamiento del parque, la Casa del Terror está llena de vida. ¿Sería distinta, la Hungría actual, si hubiera estallado otra revolución en 1989?

Finos parches de nubes van a la deriva lentamente hacia una cima ventosa en las afueras de Budapest. Hay una pequeña población cerca de aquí y en el decorado destaca una gran puerta de ladrillos de color rojo decorada con unas esculturas de bronce de Marx y Lenin que dan la bienvenida a los curiosos visitantes. Enfrente de la entrada al Parque Memento de Budapest hay un pedestal, de más de 3 metros de altura, que aguanta un par de enormes botas de hierro que una vez pertenecieron a una colosal estatua de Joseph Stalin. “¿Estáis seguros de que queréis ir?” pregunta un vecino. “No hay nada ahí fuera. Está lejos de la ciudad”.

Recuerdos del pasado

Detrás de la entrada amurallada de Szoborpark las estatuas están situadas sin orden cronológico ni estilístico. Construido en 1993, el parque se encuentra en un estado ruinoso, como si se hubiera construido en una época más lejana, e intenta transmitir la decadencia gradual año tras año. Sin placas descriptivas, las estatuas no significan nada excepto si pagas una visita guiada privada por los 365 metros de las instalaciones. Un grupo de estudiantes de ciencias políticas de Finlandia deambula por el parque perezosamente. “Vinimos para aprender más cosas del Comunismo. Fue horroroso. No funcionó”, explican lacónicamente. Después de la caída del gobierno nazi durante la segunda guerra mundial, Hungría estuvo 40 años bajo el Comunismo. Muchos de estos años se conocen hoy en día debido a la represión estalinista de los años 1950. Cuando la colosal estatua, de 25 metros de altura, del líder soviético en Budapest fue derrocada en 1956, parecía que el régimen había caído con ella. Ya en las décadas que siguieron a las brutales represalias soviéticas, a partir de los años 1960, el país presenció una versión más moderada y duradera del gobierno comunista basada en un contenido social apagado, que irónicamente convertía Hungría en “el alojamiento más feliz del bloque del Este”.

La idea de emplazar las estatuas en un parque temático periférico pareció ser la solución perfecta al debate post-1989 sobre la eliminación de la iconografía comunista de los espacios públicos. Ha sido una práctica extendida entre las sociedades post-comunistas en el proceso de reescribir la historia, también el cambio del nombre de algunas calles. Mientras las imágenes iconoclastas de la caída de las estatuas de los líderes -Lenin, Saddam Hussein, Gadafi- se han convertido en un tipo de plantilla para el derrocamiento de todas las dictaduras, Hungría vivió un a transformación no violenta y casi silenciosa en 1989. Sin disparos y con muy pocos actos de vandalismo contra los símbolos comunistas, el régimen comunista se desmanteló por sí solo silenciosamente. “Manchas oscuras en la historia se quedan contigo, viven en tu subconsciente”, dice Tamás Álmos, un licenciado en sociología de 26 años. “La sociedad húngara nunca tuvo que hacer frente a los asuntos sin resolver del pasado. Nuestra participación en el holocausto fue borrada. Después del 1989 nunca miramos atrás. Esta pasividad y actitud de liberación sigue presente aún en las nuevas generaciones. Deja espacio a los movimientos de extrema izquierda y a sus respuestas rápidas y sencillas a asuntos complejos para capturar las mentes de los más jóvenes”.

En el terror

Andrássy út es un gran bulevar y una de las principales arterias de la ciudad, en otros tiempos fue la ubicación del conocido centro de interrogación y la prisión, primero de los nazis, después de los comunistas. Ahora la calle cuenta con un despliegue de Audis y BMW que se exhiben delante de los escaparates de Louis Vuitton, pero tiempo atrás los ciudadanos de Budapest conocían y temían el lugar, evocando los dolorosos recuerdos de todos los que habían sido detenidos, interrogados torturados o asesinados allí. Hace diez años, esta prisión se transformó en una impresionante y algo polémica Casa del Terror.

Diseñada por el célebre arquitecto y escenógrafo Attila Kovacs, el museo es una espectacular muestra de los poderes cautivadores de la iconografía totalitaria. “La idea era comprender la historia sin palabras, como en una película muda, utilizando el arte como un lenguaje”, dijo Kovacs. En el sótano, las celdas de la prisión nos recuerdan cómo se debieron de sentir las víctimas. Como si formara parte de una película de David Lynch o de una representación de Laibach, la instalación de Kovac trata del lado oculto. Los críticos dicen que es el único museo del mundo que equipara los crímenes del nazismo y del estalinismo. La Casa del Terror es una obra maestra provocadora. Desde un punto de vista político, la institución pública erigida en 2002 (durante el primer mandato del actual primer ministro Viktor Orbán) está dentro de un mar de dudas. Orbán, que volvió al poder en 2010 después de dos mandatos del gobierno socialista, es un liberal que se reinventó como conservador de derechas. Algunos afirman que la fuerte retórica anticomunista de Orban es otra herramienta para aumentar su continuación al poder y descalificar a los oponentes socialistas del ruedo de la política local. En muchos aspectos, la lucha por la memoria política en Hungría se ha convertido en un campo de batalla para ganar influencia en los debates políticos actuales.

Los símbolos hablan

En el museo se puede encontrar algo de lo que desgraciadamente quedó de la época comunista en Szabadság tér (La plaza de la Libertad). El memorial a los soldados del Ejército Rojo que murieron mientras recuperaban la ciudad ocupada por los nazis en 1945 está protegido por una valla metálica, que lo rodea. Detrás del memorial, una hilera de árboles oscurece completamente la base del monumento. Lejos del kitsch socialista-realista, el obelisco de mármol todavía permanece alto y glorioso, pero desgraciadamente es soso y no tiene nada de extraordinario. Enfrente, una estatua familiar rodeada por un grupo de turistas. Con las palmas de las manos hacia arriba y los pies en el suelo, camina hacia el memorial soviético. “Es una estatua de Ronald Regan, antiguo presidente de los Estados Unidos, llegó al museo hace nueve meses”, explica un guía turístico local. “Ayudó a acabar con el comunismo. Los húngaros querían homenajearlo por lo que había hecho”. Una sonrisa aflora en la cara del presidente, como si estuviera escuchando.

El escritor austriaco Robert Musildijo una vez que los monumentos son “invisibles”. Pasamos delante de ellos cada día, pero nos sentimos más atraídos por las llamativas vallas publicitarias que por estas piezas muertas de mármol y metal. Musil estaba equivocado. Es precisamente el silencio del simbolismo político lo que hace que esté constantemente presente en nuestras vidas cotidianas, y aún más si los símbolos “pasan desapercibidos” en un espacio público. Pocos metros más allá, choco con una cara ya familiar en el material documental de la Casa del Terror, confrontando tranquilamente con los que persiguieron a Stalin antes de su muerte. Ahora es una escultura de bronce que se apoya sobre un pequeño puente de metal, de espaldas a Reagan y al Ejército Rojo. Subestimado, el antiguo primer ministro Imre Nagy parece relajado, mirando hacia el parlamento húngaro, hacia la orilla del Danubio. Este extraño y polémico debate entre fantasmas políticos, estatuas de hierro y pedestales de mármol no ha hecho más que empezar.

Parque Memento: distrito 22 (Buda del sur), esquina de Balatoli út y Szabadkai utca, desde las 10 am hasta la puesta de sol. Museo del Terror: 1062 Budapest, Andrássy út 60, abierto todos los días menos el lunes, 10 am - 6pm

Este artículo forma parte de Orient Express Reporter II, una serie de reportajes sobre los Balcanes que ha sido desarrollada por cafebabel.com entre 2011 y 2012. Este proyecto ha sido cofinanciado por la Comisión Europea y cuenta con el apoyo de Allianz Kulturstiftung.

Fotos: © Vuksa Velickovic para Orient Express Reporter II, Budapest 2012; "La mesa de la victoria" en la Casa del Terror © diseñada por Attila F. Kovacs, cortesía de la Casa del Terror, Budapest/ © Johann Sebastian Hanel