Buenos y malos del sector humanitario

Artículo publicado el 24 de Enero de 2005
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 24 de Enero de 2005

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¿Quién debe intervenir? ¿Los gobiernos, las Naciones Unidas, las ONG? He aquí la tarta de la solidaridad planetaria. Ni la generosísima Europa se libra de los reproches.

El maremoto que ha destruido el Sureste asiático ha llamado la atención del gran público sobre las grandes deficiencias que sufre el sector humanitario. Entre ellas la presencia de demasiados actores, cada uno con su propia política y su propios objetivos.

La burocracia onusiana absorbe entre el 60% y el 70% de las donaciones

Los gobiernos nacionales han aportado recursos, siendo Alemania el país más generoso, tras haber aportado 500 millones de euros; más que los Estados Unidos y Japón juntos. El problema consiste en que, como ha sucedido en el pasado, las promesas son difícilmente mantenidas en su totalidad, y sólo una mínima parte de los fondos prometidos viene realmente suministrada. Baste recordar el compromiso todavía incumplido por los miembros del G8 de alcanzar el 0.7% del PIB para la ayuda al desarrollo. Y después hay otro obstáculo: tras el Tsunami, los países donantes se han comprometido a entregar 717 millones de dólares a las Naciones Unidas. Esta burocrática institución resulta muy costosa ya que, según los analistas, sólo entre el 30 y el 40% de los recursos entregados a la ONU para operaciones de ayuda al desarrollo termina llegando a los beneficiarios directos, esto es, a las víctimas. La mayor parte de las donaciones es absorbida por los costes de funcionamiento de la propia ONU.

Médicos sin frontera y el "todo agotado" de la solidaridad

Tenemos también el variopinto mundo de las ONG, las organizaciones no gubernamentales, en el que encontramos grandes organizaciones altamente especializadas y pequeñas realidades locales. Las ONG atraviesan una fase de profunda transformación, de un pasado esencialmente voluntarístico a la profesionalización y especialización no sólo geográfica sino también sectorial. La mayoría de las ONG depende de los grandes donantes institucionales y de los gobiernos, y pocas consiguen aplicar una política independiente sobre dónde y cómo intervenir. En contra de lo que dicen algunos lugares comunes sobre la transparencia de las ONG, Médicos sin Fronteras anunciaba el 4 de enero la suspensión de la recogida de fondos para la catástrofe del Sureste asiático, ya que los 38 millones de euros recaudados a nivel internacional eran más que suficientes para desarrollar los proyectos en marcha. Muchas ONG son, en realidad, el único actor capaz de llegar a los beneficiarios gracias a su cercanía a la sociedad civil de los países afectados y a las importantes experiencias maduradas en los últimos años.

Se busca coordinación desesperadamente

Lo que impide una mayor eficacia de las intervenciones humanitarias es la superposición entre los diferentes actores, la ausencia de coordinación en el terreno y la presencia de demasiadas fuentes de financiación no armonizadas. No existe una dirección internacional capaz de de valorar las necesidades de las poblaciones locales rápidamente y planificar globalmente la intervención humanitaria en una determinada área. A menudo, la escasa coordinación termina por descargar sobre las autoridades de los países afectados un peso excesivo. Esto se traduce en tiempos de espera largos para idear e implementar proyectos eficaces de intervención. Además, los organismos especializados en operaciones de primeros auxilios y emergencias realizan en general intervenciones estándar que a menudo constrastan con una realidad siempre diferente y en evolución.

Europa no se ha distinguido mucho en la jungla de las ayudas humanitarias. Es cierto que Barroso ha comunicado que la Unión Europea, Comisión más Estados Miembros, se ha comprometido a destinar más 1,5 billones de euros, dando prueba así de la tradicional sensibilidad europea para las emergencias humanitarias. El problema es que cada Estado miembro mantiene todavía su propia política de cooperación internacional. Aparte de los organismos de la Comisión, cada Estado dispone de medios y modos independientes para responder a las crisis humanitarias, lo que supone duplicidades innecesarias y desperdicio de recursos. Sólo recientemente algunos exponentes políticos europeos, como la Comisaria de Relaciones Exteriores Ferrero-Waldner han empezado a proponer la constitución de una Protección Civil Europea. La extraordinaria movilización popular que ha producido la catástrofe asiática demuestra la fuerte sensibilidad de los ciudadanos hacia los problemas que afectan a otros pueblos. Los fondos recaudados por la sociedad civil han superado, según los analistas, las necesidades reales. Pero esta fuerte participación popular debe estimular a los gobiernos europeos y a las organizaciones internacionales a realizar un esfuerzo político para mejorar la capacidad de respuesta a las emergencias que cíclicamente afligen nuestro planeta. Y esto debe realizarse a partir de una política de cooperación internacional y de ayuda al desarrollo finalmente europea.