Bulgaria: energía en transición

Artículo publicado el 31 de Marzo de 2009
Artículo publicado el 31 de Marzo de 2009

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Este reciente miembro de la UE, el más afectado por la crisis del gas en enero de 2009, se debate entre los problemas de corrupción, la antigua dependencia rusa en energía, las cuestiones de orgullo nacional y “las estúpidas decisiones” de Bruselas, sin dejar de lado la ecología

Durante el invierno de 2008-2009, a raíz de un conflicto con Ucrania, Rusia dejó de enviar gas a sus vecinos europeos, provocando una crisis energética -y política- en la UE sin precedentes. Bulgaria, dependiente al 95% del gas ruso, fue el Estado miembro que más sufrió las consecuencias de este corte de suministro. Cuatro meses después, el gas vuelve a circular por los gaseoductos, pero la energía no deja de ser una preocupación mayor en este país balcánico, y no solo el gas da qué hablar.

El sistema de energía eléctrica búlgaro, concebido según el modelo comunista, no se adapta a las exigencias de la UE

El sistema de energía eléctrica búlgaro, concebido según el modelo comunista, no se adapta a las exigencias de los nuevos tiempos, principalmente a las de la UE: Control estatal del mercado, falta de innovación, altas emisiones de CO2 y una muy baja eficiencia energética (el consumo es entre 2 y 8 veces superior a la de la media europea para producir un mismo servicio). Mientras tanto, el gobierno, formado por una coalición encabezada por el Partido Socialista búlgaro (antiguos comunistas), prepara la presentación en mayo de su nuevo Plan Estratégico sobre energía para 2020, “sin debate público”, denuncia Todor Slavov, de la asociación ecologista Za Zemiata, que nos recibe en un apartamento pobremente amueblado, no lejos de la catedral de Sofía.

Entre los planes de la nueva estrategia se encuentra el de terminar la central nuclear de Belene, cuyas obras comenzaron en 1986. Nada sorprendente en un periodo en el que numerosos países europeos buscan en la energía atómica una solución a sus problemas energéticos. Sin embargo, en el caso de Bulgaria, la cosa se complica. Según indica Giorgi Stefanov, responsable de WWF en Bulgaria, el país ya cuenta con más energía de la necesaria para satisfacer su demanda: “la capacidad de producción energética de Bulgaria es de 13.500 Mw. y, en el pico de consumo alcanzado durante la crisis del gas ruso la demanda de energía eléctrica solo alcanzó los 8.200”.

¿Más energía para quién?

Pedro PicónEntonces, ¿para qué producir más electricidad? Para Dimiter Brankov, vicepresidente de la Asociación de la Industria y de la Unión de Negocios de Bulgaria, “es una cuestión de seguridad en la región”, afirma desde su lujoso despacho a unos metros del Palacio de Justicia búlgaro, considerando una prioridad para Bulgaria proveer de electricidad a sus vecinos, principalmente Kosovo, Macedonia y Serbia. “¿Para vendérselos a quién?”, se pregunta Stefanov, y añade que, en la actualidad, Bulgaria solo exporta 500 Mw. y no existen nuevos acuerdos comerciales para asegurar la salida de esa energía extra.

"La energía nuclear es un negocio fácil para la corrupción"

Slavov tiene otra teoría, que me explica con voz pausada: “Cada gobierno invierte para mantener lo que ya se ha construido en Belene, aunque sospechamos que ese dinero va a manos privadas”. Varios expertos señalan un interés de empresas privadas en el proyecto. Entre ellas, destacaría Enemona, la mayor energética del país, que pertenece al ex ministro de Economía y Energía, Roumen Ovtcharov, del grupo socialista, implicado en 2007 en varios escándalos de corrupción. Y es que, si hacemos caso de lo que nos cuenta Petko Kovatchev, fundador del nuevo partido de Los Verdes búlgaro, “la energía nuclear es un negocio fácil para la corrupción. Más fácil que los proyectos pequeños”.

Dana Cojbuc

A la nueva central nuclear, se suman otros proyectos, como la construcción de cuatro enormes centrales hidroeléctricas o la reapertura de la central nuclear de Kozlodui, cerrada como condición para la entrada de Bulgaria en la UE. Esta última es uno de los principales puntos de desencuentro entre la UE y la opinión pública búlgara, gracias a “una campaña en los medios de comunicación, instigada por el gobierno, contra las medidas de la UE”, explica Stefanov. Dimiter Brankov discrepa: “el cierre de la planta nuclear fue una decisión estúpida de algunos Estados miembro durante las negociaciones de adhesión. ¡Esa central es más segura que algunas francesas o inglesas construidas en los 50!”. En total, todos estos grandes proyectos costarán entre 26.000 y 33.000 millones de euros, comenta Giorgi Stefanov, que asegura que la mitad del dinero vendrá de fondos públicos. “Si se gastara una parte de ese dinero en mejorar la eficiencia se podría ahorrar más energía de la que se produciría”. Tras la entrevista, mientras me guía, arrastrando su bicicleta por las calles heladas de Sofía, hasta el edificio de la Radio Nacional, Giorgi me insiste, sofocado: “la gente tiene que saber lo que está pasando en Bulgaria”.

“¡Todo viene de Rusia!”

Rusia utiliza la situación para organizar desde Bulgaria sus intereses geopolíticos"

Lo que nadie parece dudar es que, para la población búlgara, las centrales nucleares son una cuestión de orgullo nacional. Stefanov así lo confirma: “como nuestra economía no es tan importante, los búlgaros se sienten orgullosos de sus centrales nucleares. Es una idea muy difundida por los medios”. Por lo tanto, parece que el problema es exclusivamente búlgaro, polémicas con la UE aparte. Pero, ¿qué pinta Rusia en todo esto? Para el activista Petko Kovatchev, la dependencia del antiguo hermano mayor soviético sigue al orden del día. “Rusia utiliza la situación para organizar desde Bulgaria sus intereses geopolíticos. Es una de las maneras en las que quiere separar a los países europeos”, me dice, mientras engulle su copioso desayuno en el Starbucks donde nos encontramos, el único de la capital búlgara. Para explicar el poder de desestabilización ruso sobre Europa, alude a la pésima reacción descoordinada de la UE durante la crisis energética. Stoyan Faldijyski, de la fundación TIME, pone como ejemplo una frase pronunciada por el ministro de la Energía, Petar Dimitrov: “La nueva planta de energía nuclear será la carta de visita de los negocios rusos en Europa”. “El uranio será ruso, la tecnología es rusa… Hablamos de independencia energética pero, en realidad, ¡todo viene de Rusia!”, concluye Stoyan, indignado.

Dana Cojbuc

Al caos energético se suma la falta de confianza de la población búlgara en la política, como lo demuestra la baja participación en las elecciones, de solo el 21% en las europeas de 2007. Entonces, ¿cuál es la solución? Para Stoyan, “la única esperanza es que el gobierno se dé cuenta de las posibilidades de la energía verde”. Según el escenario energético alternativo presentado por la asociación Za Zemiata, las renovables son un verdadero filón: Bulgaria podría satisfacer el 100% de su consumo eléctrico gracias a la energía limpia. Un plan optimista, hecho a partir de datos del gobierno y opiniones de los expertos, que no estaría de más tener en cuenta si tomamos en consideración que en 2020, el 16% de la electricidad búlgara deberá venir de fuentes renovables, según el paquete energía y clima de la UE. Dimiter Brankov no está de acuerdo con los objetivos marcados para Bulgaria y denuncia una “falta de comprensión de las necesidades de los nuevos Estados miembro” por parte de la UE.

Según un estudio de la oenegé Za Zemiata, el 100% de la energía eléctrica búlgara podría ser cubierta gracias a energías limpias

A pesar de ello, no todo el mundo ha perdido la esperanza en la política. Petko Kovatchev, activista contra el régimen comunista y a favor del medioambiente, espera poder presentarse a las elecciones búlgaras y a las europeas con un nuevo partido, Zelenite. “Podemos convertirnos en el partido que empiece la normalización de la vida política búlgara”, afirma, esperanzado. Para las europeas, espera conseguir al menos un representante. Atanas Georgiev, redactor de la revista Utilities, es menos positivo: “las soluciones no vendrán de la UE, todo depende de Bulgaria”.

Agradecimientos a Alexandre Nedeltchev y al equipo local de cafebabel.com en Sofía