Bulgaria: los ricos también lloran

Artículo publicado el 16 de Enero de 2007
Artículo publicado el 16 de Enero de 2007
En Bulgaria, las familas acomodadas se protegen de las clases desfavorecidas a través de las llamadas “comunidades de puertas cerradas”.

“Enseguida se sabe cuando vive en ellas un extranjero occidental”, cuenta Dieter Lehne. Este funcionario alemán vivió por motivos laborales durante un año en la capital de Bulgaria, Sofia. Él entró a fomar parte a una de las llamadas comunidades de puertas cerradas por miedo a los atracos. En uno de tales complejos residenciales cerrados que están surgiendo en casi todas las grandes ciudades de los antiguos Estados del Pacto de Varsovia, se sentía seguro Dieter Lehne. Rodeado por muros y vigilado con cámaras, un vigilante privado monta guardia en la puerta de la entrada.

1.500 euros el metro cuadrado

Por supuesto, hace tiempo que no sólo viven extranjeros en estas urbanizaciones abunqueradas. También los naturales con cierto poder adquisitivo gustan de estos vecindarios. De forma llamativa, la agencia inmobiliaria Address cuelga anuncios con nombres que suenan tan bien como “Comfort Inn” o “Embassy Suites”, y sólo en Sofia hay alrededor de 50 proyectos de construcción de este tipo de barrios. El precio del metro cuadrado oscila, dependiendo de la zona y de las dotaciones, entre 650 y 1.500 euros.

La periferia al sureste de Sofia resulta ser el lugar idóneo para los inversores inmobiliarios. Aquí, a alrededor de siete kilómetros del centro de la ciudad, hay enormes superficies no construidas. Muy cerca queda una zona de ocio y descando, la cordillera Vitoscha donde se puede hacer senderismo en verano y esquiar en invierno.

En la Bulgaria comunista, los altos funcionarios del Partido vivían en zonas aisladas y bien vigiladas. Con el cambio de régimen, se abrió paso una nueva tendencia de vivir incomunicado. Así, hoy ya no es el Partido lo que determina tener un hogar lujoso, sino el dinero. “La reclusión es comprensible”, dice Dieter Lehne: “la brecha social produce tensiones”.

De hecho, las disparidades salariales son evidentes. El salario mínimo mensual en Bulgaria se sitúa en 160 Leva –unos 80 euros-. Mientras el profesorado de secundaria gana 150 euros al mes, un programador informático gana en una compañía privada diez veces más.

Confort, tranquilidad, retiro

Los búlgaros pudientes no sólo quieren una casa bonita, sino también vivir en la zona adecuada y con la gente adecuada. “La protección ante la criminalidad es el mayor valor añadido de estas urbanizaciones custodiadas”, según Katja Zenova, directora de Address. También una plaza de parking privada en una capital tan desbordada de coches, es un buen motivo para mudarse a un “complejo”. Mientras las zonas verdes públicas se asilvestran y degradan, en las comunidades de puertas cerradas, un jurdinero se ocupa de la propiedad comunal.

“La sobrepoblación de los barrios céntricos, el aire contaminado y el estrés son las principales causas por las que la población tiende hacia este tipo de vecindarios. “Les ofrece confort, tranquilidad y retiro”, explica Zenova.

En medio del boom de la construcción en Sofia, las grandes superficies edificables disponibles son ya escasas. Por ello, es patente una “expansión de la ciudad” hacia el suroeste, explica Mladen Mitov, gerente de la agencia inmobiliaria Yavlena. Las localidades en un radio de unos 30 kilómetros alrededor de la capital búlgara se están convirtiendo en una zona atractiva para estas urbanizaciones cerradas.

Acceso a un hogar seguro

También en otras partes del país existen comunidades de puertas cerradas. En la ciudad de Veliko Tarnovo, en el centro del país, que desde hace unos años se ha convertido en la meca de los inversores inmobiliarios británicos, el grupo israelí Tidhar posee en una zona montañosa una “ciudad satélite” de 60.000 metros cuadrados de superficie con parque infantil y centro comercial previstos.

En zonas donde se practican deportes de invierno como Bansko o el mar Negro se levantan cada vez más construcciones protegidas por muros. Los compradores son en gran parte extranjeros: las inmobiliarias quieren alquilarles por más tiempo -y no sólo en periodo de vacaciones- o hacer ventas millonarias.

Sin embargo, aún queda pendiente un problema: la accesibilidad al hogar seguro. Lo cual no es fácil. La red viaria está en pésimo estado, critica Zenova. “En muchos casos, el acceso a edificios bonitos y modernos es, por decirlo con diplomacia, difícil.”

Desde el 1 de enero de 2007, Bulgaria y Rumania se han unido a la UE. Por este motivo, cafebabel.com os presentará durante las próximas semanas artículos y crónicas sobre estos nuevos miembros. La próxima entrega tendrá por tema Rumania: entre ricos y pobres y saldrá el jueves 18 de enero.

Dichos artículos están firmados por autores de la red de corresponsales n-ost. n-ost nació en diciembre de 2005 en Berlín. Esta red organiza el trabajo de periodistas de 20 países, con la intención de acercar las visiones de la Europa oriental a la occidental. Abogan por la democracia y la libertad de prensa, y por una construcción europea impulsada por todos.

Foto portada: moyix/Flickr