Cadáver exquisito en El País de los Mirlos Negros: capítulo cuatro

Artículo publicado el 31 de Agosto de 2014
Artículo publicado el 31 de Agosto de 2014

¿Fue Kosovo, a comienzos del 2000, escenario de tráfico de órganos de prisioneros serbios perpetrado por guerrilleros kosovares? Después de la niebla que envuelve a una extraña casa amarilla, un médico forense de la MINUK parte a una expedición por la "pampa albanesa". La investigación llega a un nuevo puerto...

IV - El forense

Pablo José Baraybar jamás ha olvidado la famosa "casa amarilla", sacada de una película de terror de serie B. Durante 5 años, entre 2002 y 2007, este médico forense estuvo a cargo de la Unidad de personas desaparecidas de la MINUK en Kosovo, "el lugar más exhumado del planeta", según él. 

Como todo el mundo, él también oyó hablar del tráfico de órganos. "Los Balcanes son otro mundo, una tierra de conspiraciones permanentes, entre el efecto mesiánico y la victimización colectiva". Cuando el informe de la MINUK aterrizó sobre su escritorio a finales del año 2003, Baraybar discutió por primera vez con Carla Del Ponte, la fiscal del Tribunal Penal para la antigua Yugoslavia (TPIY). Como la ONU no tiene ningún mandato para llevar una investigación en el territorio albanés, el TPIY se hizo cargo y abrió una investigación preliminar.

La expedición en las montañas hacia Burrel tuvo lugar en febrero de 2004, es decir, casi 4 años después de los supuestos hechos y bajo una alta seguridad. Un fiscal y dos agentes de la policía albanesa acompañaron al equipo de expertos internacionales: un antropólogo, un fotógrafo, un intérprete y el mismo Baraybar, que determinaba un ambiente muy tenso. De vez en cuando, el fiscal lanzaba pequeños comentarios de cabreo hacia el intérprete, del tipo: "Esto es realmente una pérdida de tiempo, joder, ¿qué están haciendo aquí estos gilipollas?".

Cuando llegaron a la "casa amarilla", una enorme granja en la "pampa albanesa" donde viven campesinos de la zona, Baraybar se percató que la casa había sido repintada de blanco. Después de las presentaciones, el equipo comenzó a inspeccionar los alrededores del caserón. En una pila de basura encontraron desechos poco habituales: material médico, embalajes usados de tranquilizantes Tranxène, cajas de anestésicos, perfusiones y jeringuillas, así como una vieja bata médica. Baraybar preguntó a los habitantes por la presencia de medicamentos. Una mujer le explicó que una enfermera venía cuando su hijo se ponía enfermo.

En el interior de la casa, Baraybar y su equipo procedieron con la aplicación de luminol forense sobre los muros y el suelo, el "producto químico normalmente utilizado en las escenas de crímenes". En el salón y en el comedor aparecieron rastros de sangre. Cuando él pidió explicaciones a la familia, "el hombre dijo que es normal, su nuera dio a luz en el salón, aunque diez minutos después cambió su versión para decir que ellos sacrificaban animales en el salón". Baraybar encontró contradictorio el argumento pero no se atrevió a insistir mucho por la tensa situación. "El intérprete nos repetía que ellos ocultaban algunas cosas". Hay un cementerio junto a la casa, y cuando Baraybar quiso ir, los autóctonos le ordenaron que se marchara sin ningún tipo de cortesía.

Preocupado por evitar un altercado, Baraybar se despide. Él "aguantó" en Kosovo hasta el 2007, cuando enfermo y "quemado", abandonó precipitadamente la región. Durante un largo tiempo, el forense se preguntó cuál fue la probabilidad de desembarcar en un rincón perdido como Burrel y de descubrir tales indicios. Hoy día, él se formula la pregunta de otra forma: "¿Acaso el TPIY, establecido en 1993 en los Balcanes para hacer frente a las atrocidades cometidas durante los conflictos que sucedieron, era suficientemente independiente para iniciar una investigación sólida sobre el UÇK? No", afirma él. "Políticamente, la MINUK no podía en absoluto ir contra su anfitrión, los albaneses. Todo el mundo en la región tenía miedo de testificar contra el UÇK y sufrir represalias". Esta impotencia puso en tela de juicio el papel del TPIY, juzga él. "Las acusaciones no han permitido eliminar la maquinaria criminal después de años de guerra. Para los tráficos de órganos, es too little too late". Un poco demasiado tarde.

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